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La nacionalidad que diga ‘la gente’

Habría que celebrar un referéndum para que los votantes puedan asignar una nacionalidad a Rufián.

Xavier Reyes Matheus
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EFE

En una conversación con usuarios de Forocoches, uno de los participantes le ha preguntado –no sin mala baba, ciertamente– a Gabriel Rufián:

¿Es usted consciente de que morirá siendo español?

A lo que ha contestado su señoría:

Soy consciente de que aunque a usted no le guste moriré siendo lo que la gente en Catalunya vote que sea.

Un poco más adelante, otra persona lo ha sometido a esta cuestión:

¿Qué opinan tus padres de que no te sientas español siendo ellos andaluces?

Y ha dicho el interrogado:

Esto no va de sentimientos, va de democracia.

Pues vaya: ahora resulta que el nacionalismo no va, siquiera, de sentimientos. Todos lo creíamos un producto del Romanticismo, que al menos en su tiempo –el siglo XIX– había sido capaz de producir grandiosas epopeyas en la literatura y en el campo de batalla. Ya se notaba que lo de los independentistas de la ANC era una cosa harto menos heroica, pero esto de subastar uno su nacionalidad a la mayoría es toda una novedad.

Lo que yo propondría entonces es que, si finalmente no sale adelante el referéndum independentista, se realice otra consulta para que los votantes puedan asignarle una nacionalidad a Rufián. Puesto que no es cuestión de sentimientos, no creo que al diputado le importara el pueblo al que lo adscribiesen, siempre que la gente lo haga mediante sufragio. Podrían, pues, hacerlo chino, monegasco, norcoreano…

Lo que no podrían es hacerlo español, porque ha dicho Rufián en su entrevista que la cosa, para él, va de democracia. O sea, que antes debería ser derrocada la dictadura militar que hoy gobierna en Madrid; España tendría que transformarse en un Estado de Derecho; habría de proclamarse la libertad de expresión; permitírsele a Cataluña contar con instituciones propias y electivas, y sería necesario que cesasen de inmediato las ejecuciones sumarias de los que son pillados por la Policía hablando en catalán.

Bien es cierto que para Rufián los test de democracia no se detienen a reparar en la existencia efectiva de libertades. La democracia es, ¿no les digo?, eso de hacer uno lo que decida la mayoría. El detalle es hay indicios muy verosímiles de que a Rufián le gustaría que eso que se decidiese tuviera que ver con la República catalana en la que él seguramente aspira a ser ministro. Es decir: que para la joven revelación de Esquerra la democracia consiste, fundamentalmente, en que las decisiones de la gente coincidan con lo que quiere él.

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