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El peligro real del Viernes 13 no es el número, sino la ansiedad que produce

La mente humana recurre a sesgos cognitivos y a la apofenia para dotar de orden al azar y evitar la frustración de asumir errores propios.

La mente humana recurre a sesgos cognitivos y a la apofenia para dotar de orden al azar y evitar la frustración de asumir errores propios.
Pixabay/CC/minorthreadsco

Hoy es viernes 13. Si pierdes las llaves, derramas el café o llegas tarde al trabajo, tu cerebro tendrá una explicación lista: "Es el día". No porque exista una fuerza mística operando en la sombra, sino porque la mente humana odia el azar. Necesita sentido, patrones y culpables.

La mala fama del viernes 13 no se sostiene en datos —no hay evidencia de que ocurran más accidentes o desgracias—, pero sí en una compleja red de mecanismos psicológicos, sesgos cognitivos y tradiciones culturales. El verdadero misterio no es el número; es cómo pensamos.

El cerebro que conecta puntos (apofenia)

La mente humana es una máquina de detectar patrones. En la prehistoria, asociar "hierba moviéndose" con "posible depredador" aumentaba las probabilidades de supervivencia. El problema es que ese sistema sigue activo en contextos donde ya no es necesario.

Este fenómeno se llama apofenia: la tendencia a percibir conexiones significativas entre eventos que en realidad son aleatorios. Si hoy tropiezas al bajar una escalera, tu cerebro puede enlazar el hecho con la fecha, generando una relación causa-efecto inexistente. Es la llamada causalidad ilusoria.

No es que hoy pasen más cosas malas. Es que hoy las estás contando todas.

El sesgo de confirmación: el filtro selectivo

Una vez instalada la creencia de que el viernes 13 trae mala suerte, entra en juego el sesgo de confirmación. Este mecanismo nos lleva a buscar y recordar información que respalda nuestras ideas previas, ignorando la que las contradice.

Si tienes un día excelente, pensarás: "Qué suerte, a pesar de ser viernes 13". Pero si algo sale mal —un archivo que no se guarda, un despiste en la calle— lo interpretarás como prueba irrefutable de la maldición.

El cerebro no registra los cientos de viernes 13 anodinos. Solo archiva el que coincide con un mal recuerdo.

Locus de control: mejor el calendario que el ego

Aceptar que cometemos errores por cansancio, falta de atención o mala planificación resulta incómodo. Golpea la autoestima. Culpar al calendario, en cambio, es más fácil.

En psicología, esto se relaciona con el locus de control externo: la tendencia a atribuir lo que nos ocurre a factores fuera de nosotros. Decir "es que es viernes 13" actúa como analgésico emocional. Reduce la frustración y protege el ego.

En lugar de aceptar que olvidamos las llaves por despiste, preferimos creer que el universo conspiró.

La profecía autocumplida

Paradójicamente, el miedo puede generar los errores que tememos. Si alguien está nervioso por la fecha —un fenómeno conocido como triscaidecafobia— sus niveles de estrés aumentan. El cortisol elevado afecta la concentración y la coordinación.

Ese estado de alerta puede provocar más fallos de lo habitual. Y cuando ocurren, la superstición parece confirmarse. El peligro real del viernes 13 no es el número, sino la ansiedad que produce.

Orígenes culturales: cómo nace el mito

El 13 no siempre fue sinónimo de mala suerte, pero en la cultura occidental se asoció con lo indeseable. En la tradición cristiana, Judas fue el invitado número 13 en la Última Cena. En la mitología nórdica, Loki fue el decimotercero en llegar a un banquete que acabó en tragedia.

Frente al 12 —número de meses, signos del zodíaco o apóstoles— el 13 aparece como anomalía, como ruptura del orden. Esa sensación de "extrañeza" facilita su asociación con lo negativo.

Sin embargo, la superstición es cultural. En Japón el número maldito es el 9; en Italia, el 17; en China, el 4, por su similitud fonética con la palabra "muerte". El miedo no está en el número, sino en el relato colectivo.

Cuando la superstición se vuelve norma social

El poder del 13 es tan fuerte que modifica comportamientos a gran escala. Muchos edificios omiten el piso 13. Hoteles y aerolíneas saltan esa numeración. La empresa Otis Elevator estimó que por cada edificio con planta 13, seis la eliminan del marcador.

En Bélgica, Brussels Airlines cambió su logotipo porque tenía 13 puntos. Incluso la NASA evitó numerar secuencialmente ciertas misiones tras el accidente del Apolo 13.

Las creencias falsas pueden tener consecuencias reales. Se comportan como memes —en el sentido original que describió Richard Dawkins—: ideas que se replican y transmiten culturalmente, reforzándose con cada repetición.

Necesidad de control en un mundo incierto

En el fondo, el viernes 13 ofrece algo reconfortante: una narrativa. Vivimos en un mundo impredecible. Atribuir el caos a una fecha concreta reduce la angustia existencial. Si el problema es el día, entonces el resto del calendario es seguro.

Pero la ciencia es clara: no hay evidencia de que el viernes 13 concentre más infortunios que cualquier otro día. Lo que sí existe es una mente humana diseñada para detectar patrones, proteger el ego y buscar explicaciones sencillas.

Hoy, si algo sale mal, quizás no sea el universo enviando señales. Tal vez sea solo un viernes más. Y eso, aunque menos emocionante, es mucho más tranquilizador.

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