L D (EFE)
Su salud este último año había ido decayendo y sufrió dos ingresos hospitalarios, en febrero y marzo, y en junio fue trasladado a la clínica de Navarra al romperse la cadera. "La obra de cada uno es para curarse de la muerte, pero la muerte es la que te cura de la vida", decía el nonagenario artista vasco que revolucionó la escultura en la mitad del siglo XX y en 1959 la abandonó, tras conseguir los premios más importantes y el reconocimiento internacional. Ocasionalmente volvió a ella para culminar proyectos o investigaciones.
Jorge Oteiza Embil nació el 21 de octubre de 1908 en la localidad guipuzcoana de Orio, aunque la familia se trasladó a Madrid cuando era niño al fracasar el negocio hotelero que tenía su padre en San Sebastián. El joven, que estudió unos años medicina, pasó tres meses en la Escuela de Artes y Oficios, y en 1931 obtuvo su primer premio de escultura en la Bienal de Artistas Guipuzcoanos de San Sebastián, ciudad que un año después acogió su primera exposición individual.
Buscando las raíces del arte, Oteiza se trasladó a Iberoamérica en 1935 y expuso en Santiago de Chile y en Buenos Aires, donde se dedicó varios años a la docencia en la Escuela Nacional de Cerámica. En 1942 recibió el encargo de organizar la enseñanza oficial de la cerámica en Bogotá. En esos años, hasta su regreso en 1948, publicó sus primeros artículos, entre ellos la "Carta a los artistas de América" (1944) sobre el arte nuevo en la posguerra, que influiría en los artistas de todo el mundo, y cuatro años después "Informe sobre mi escultura".
El periodo más intenso de su trabajo de escultor empezó en 1950, ya de regreso en Bilbao, cuando ganó el primer premio en el concurso nacional para un monumento al rey Felipe IV y se le adjudicó por concurso toda la estatuaria para la nueva basílica Aránzazu, en Guipúzcoa. Fueron éstos los años de los premios y el reconocimiento internacional en la IX Trienal de Milán (1951), cuando obtuvo el Gran Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de Sao Paolo (1957), o más tarde el Concurso Internacional de Montevideo (1969), y su obra fue adquirida por los museos.
La obra escultórica de Oteiza pasa por tres etapas, la de búsqueda de las herramientas conceptuales que definieran un propósito experimental (1930-50), la del desarrollo del mismo (1950-57) y la de las conclusiones (1957-59). Fue al final de esa década cuando abandonó el expresionismo y la figuración para iniciarse por el sendero de la abstracción y la investigación geométrica-racional de los constructivistas rusos de principios de siglo, lo que le llevó al vacío en la escultura, un recorrido metafísico que influiría de forma decisiva en todas las artes contemporáneas.
Oteiza decidió abandonar la escultura en 1959, convencido de que ya no iba a aportar nada nuevo, "el mismo creador llega a transformarse en el proceso de cambios y evoluciones de su lenguaje, y se convierte en un artista post experimental", argumentó entonces, y se centró en impulsar sus principios artísticos de creación en diversos colectivos de artistas como Gaur, Emen, Orain, Danok, o la Escuela de Deba. Lucha entonces por devolver al arte su papel de agente de la renovación social, pero abandona sucesivos proyectos al chocar con los responsables políticos culturales vascos. Oteiza, que se declaraba "profundamente religioso desde niño", entendía el arte como "una protección estética", y se le consideraba, junto con el también fallecido Eduardo Chillida, el máximo representante de la escultura española del pasado siglo.
Puso en práctica el principio de la no ocupación del espacio por la masa, el vacío cobró sentido por sí mismo y revitalizó la escultura, "pretendo ocupar un espacio con armonía", decía de su obra fruto de sus investigaciones del espacio y estudio del vacío. Entre sus trabajos escultóricos más conocidos están "Desocupación no cúbica del espacio" (1958-59), "Variante ovoide de la desocupación de la esfera" (1958) "Caja metafísica por conjunción de dos triedos". El artista también investigó las tradiciones del pueblo vasco y dejó sus reflexiones en "Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana"(1952), "Quosque tandem, ensayo sobre la interpretación estética del alma vasca" (1963), y su autobiografía "Oteiza 1933-1968", publicada ese mismo año. En 1970 se alzó con el primer premio en el concurso de ideas para la urbanización de la madrileña plaza de Colón y en 1985 le fue concedida la Medalla de Oro de Bellas Artes de España.
Su polémica pública con Chillida, a quien en 1992 dedicó "El libro de los plagios", duró tres décadas hasta 1997, año en que obtuvo el título de "vasco universal", y en el que ambos artistas se reconciliaron en un famoso abrazo en Hernani. Son esculturas suyas emblemáticas "La ola", donada en 1998 al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), la "Pietá", instalada desde 1999 en San Sebastián, y el "Odiseo", que simboliza "un ungudari y al propio Ulises" y está en los jardines de la ciudadela de Pamplona.
El artista donó toda su obra al pueblo de Navarra y quedará expuesta en el museo de la Fundación Jorge Oteiza creada en 1996 en Alzuza (Valle de Egües), para conservar, estudiar y difundir su obra. El museo albergará 1.662 creaciones escultóricas, 2.138 maquetas y piezas de su laboratorio de tizas, metal y escayola, así como dibujos, bocetos, diseños, y proyectos, además de su biblioteca con mas de 4.000 volúmenes, libros, cartas, artículos y reflexiones.
Jorge Oteiza Embil nació el 21 de octubre de 1908 en la localidad guipuzcoana de Orio, aunque la familia se trasladó a Madrid cuando era niño al fracasar el negocio hotelero que tenía su padre en San Sebastián. El joven, que estudió unos años medicina, pasó tres meses en la Escuela de Artes y Oficios, y en 1931 obtuvo su primer premio de escultura en la Bienal de Artistas Guipuzcoanos de San Sebastián, ciudad que un año después acogió su primera exposición individual.
Buscando las raíces del arte, Oteiza se trasladó a Iberoamérica en 1935 y expuso en Santiago de Chile y en Buenos Aires, donde se dedicó varios años a la docencia en la Escuela Nacional de Cerámica. En 1942 recibió el encargo de organizar la enseñanza oficial de la cerámica en Bogotá. En esos años, hasta su regreso en 1948, publicó sus primeros artículos, entre ellos la "Carta a los artistas de América" (1944) sobre el arte nuevo en la posguerra, que influiría en los artistas de todo el mundo, y cuatro años después "Informe sobre mi escultura".
El periodo más intenso de su trabajo de escultor empezó en 1950, ya de regreso en Bilbao, cuando ganó el primer premio en el concurso nacional para un monumento al rey Felipe IV y se le adjudicó por concurso toda la estatuaria para la nueva basílica Aránzazu, en Guipúzcoa. Fueron éstos los años de los premios y el reconocimiento internacional en la IX Trienal de Milán (1951), cuando obtuvo el Gran Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de Sao Paolo (1957), o más tarde el Concurso Internacional de Montevideo (1969), y su obra fue adquirida por los museos.
La obra escultórica de Oteiza pasa por tres etapas, la de búsqueda de las herramientas conceptuales que definieran un propósito experimental (1930-50), la del desarrollo del mismo (1950-57) y la de las conclusiones (1957-59). Fue al final de esa década cuando abandonó el expresionismo y la figuración para iniciarse por el sendero de la abstracción y la investigación geométrica-racional de los constructivistas rusos de principios de siglo, lo que le llevó al vacío en la escultura, un recorrido metafísico que influiría de forma decisiva en todas las artes contemporáneas.
Oteiza decidió abandonar la escultura en 1959, convencido de que ya no iba a aportar nada nuevo, "el mismo creador llega a transformarse en el proceso de cambios y evoluciones de su lenguaje, y se convierte en un artista post experimental", argumentó entonces, y se centró en impulsar sus principios artísticos de creación en diversos colectivos de artistas como Gaur, Emen, Orain, Danok, o la Escuela de Deba. Lucha entonces por devolver al arte su papel de agente de la renovación social, pero abandona sucesivos proyectos al chocar con los responsables políticos culturales vascos. Oteiza, que se declaraba "profundamente religioso desde niño", entendía el arte como "una protección estética", y se le consideraba, junto con el también fallecido Eduardo Chillida, el máximo representante de la escultura española del pasado siglo.
Puso en práctica el principio de la no ocupación del espacio por la masa, el vacío cobró sentido por sí mismo y revitalizó la escultura, "pretendo ocupar un espacio con armonía", decía de su obra fruto de sus investigaciones del espacio y estudio del vacío. Entre sus trabajos escultóricos más conocidos están "Desocupación no cúbica del espacio" (1958-59), "Variante ovoide de la desocupación de la esfera" (1958) "Caja metafísica por conjunción de dos triedos". El artista también investigó las tradiciones del pueblo vasco y dejó sus reflexiones en "Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana"(1952), "Quosque tandem, ensayo sobre la interpretación estética del alma vasca" (1963), y su autobiografía "Oteiza 1933-1968", publicada ese mismo año. En 1970 se alzó con el primer premio en el concurso de ideas para la urbanización de la madrileña plaza de Colón y en 1985 le fue concedida la Medalla de Oro de Bellas Artes de España.
Su polémica pública con Chillida, a quien en 1992 dedicó "El libro de los plagios", duró tres décadas hasta 1997, año en que obtuvo el título de "vasco universal", y en el que ambos artistas se reconciliaron en un famoso abrazo en Hernani. Son esculturas suyas emblemáticas "La ola", donada en 1998 al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), la "Pietá", instalada desde 1999 en San Sebastián, y el "Odiseo", que simboliza "un ungudari y al propio Ulises" y está en los jardines de la ciudadela de Pamplona.
El artista donó toda su obra al pueblo de Navarra y quedará expuesta en el museo de la Fundación Jorge Oteiza creada en 1996 en Alzuza (Valle de Egües), para conservar, estudiar y difundir su obra. El museo albergará 1.662 creaciones escultóricas, 2.138 maquetas y piezas de su laboratorio de tizas, metal y escayola, así como dibujos, bocetos, diseños, y proyectos, además de su biblioteca con mas de 4.000 volúmenes, libros, cartas, artículos y reflexiones.
