L D (Agencias) Durante más de dos horas, el subdirector de régimen de interior de la cárcel, M.T., explicó que la revuelta empezó después de un incidente con un preso y de que el acusado Francisco P.H.D. se encarara con él porque no le permitía llamar por teléfono. Después el interno se fue hacia el fondo del patio chillando: "¡Están calentando el patio, nos están buscando!"
Fue entonces cuando M.T. se dio cuenta del peligro y ordenó a un compañero ir a buscar personal de refuerzo porque "dentro de unos momentos" iban a "tener problemas" y ese día estaban "muy justos de personal" en el módulo 1, donde se concentraban los presos más conflictivos y con condenas más largas.
Antes de que pudieran llegar los refuerzos, los presos Francisco P.H.D., José A.B., Bonifacio G.R., Antonio P.S., Jesús N.M., Jorge I.A., Valentín G.E. y Olivier V.N. --puede que un noveno recluso-- se abalanzaron sobre él y el primero de ellos le propinó un puñetazo que le hizo caer al suelo, donde empezaron a golpearle en la cabeza. "Perdí el conocimiento y gracias a eso salve mi vida", señaló.
El subdirector resultó herido de gravedad, a causa de un traumatismo craneoencefálico, heridas punzantes y otros golpes, que lo mantuvieron de baja durante un año. Cuando volvió a trabajar, fue destinado a otra prisión. M.T. explicó que, en tanto que subdirector del centro, "conocía la cara y el nombre" de todos los reclusos que llevaban más de una semana internos, lo que le permitió identificar a sus agresores, algunos sospechosos de introducir droga en la cárcel, donde, cuando llegó en octubre de 2002, "no había apenas vigilancia" y el tráfico de estupefacientes era "un problema grave".
"Nunca había visto una cosa igual", explicó el subdirector, quien vio a un interno inyectándose droga en el patio el día que llegó. Como medida para erradicar el tráfico de estupefacientes, en abril de 2004, prohibió la entrada a la lavandería de los presos que no trabajaran en ella, pues "se reunían allí y se hacía el reparto de estupefacientes".
El director del centro, D.J.E.V., también reconoció que sabían que los presos introducían droga en el centro, por lo que se habían tomado decisiones para evitarlo, y eso generó "cierta inquietud, ¡pero de ahí a lo otro!", exclamó en relación al motín el responsable de Quatre Camins, quien aseguró que las medidas de seguridad eran las adecuadas.
Explicó que desde la sala común del módulo 1 se podía "percibir quién tenía la voz cantante, quién controlaba la situación" y que los presos se intercambiaban en la custodia del funcionario retenido. Poco después de que empezara la revuelta, un gabinete de crisis se hizo con el control del centro y 140 mossos d'Esquadra lo rodearon dispuestos a intervenir si era necesario.
La revuelta finalizó a las 21.30 horas con la subida de los amotinados a sus celdas, y sin que lograran su objetivo. De hecho, no realizaron ninguna solicitud concreta y sólo querían hablar con la entonces consellera de Interior, Montserrat Tura, porque en época de CiU --muy pocos meses antes-- este departamento incluía Justicia.
