L.D (EFE)
Los investigadores contarán con dos años más para comprobar el estado de conservación de las antiguas pinturas murales, ya que se cree que el cambio climático sufrido en la provincia cántabra ha podido afectar a las obras de arte rupestre. Según ha dicho Lasheras en uno de los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo,
Los estudios están en una fase “muy ralentizada”, por lo que los científicos tardarán al menos dos años en estudiar los ciclos anuales completos, evaluar los datos y comprobarlos con los obtenidos en 1997 y 1999, época en que la cueva tenía un restringido horario de visitas.
La temperatura y la humedad son la clave para la conservación de las pinturas, como dice el propio Laceras, “no se trata de un cambio climático pero esas variaciones pueden ocasionar problemas en la conservación”. Asimismo ha alabado la actitud de prevención que se ha tomado con el caso. Los datos que se obtengan se utilizarán como modelo para otras cuevas de similares características.
Los estudios están en una fase “muy ralentizada”, por lo que los científicos tardarán al menos dos años en estudiar los ciclos anuales completos, evaluar los datos y comprobarlos con los obtenidos en 1997 y 1999, época en que la cueva tenía un restringido horario de visitas.
La temperatura y la humedad son la clave para la conservación de las pinturas, como dice el propio Laceras, “no se trata de un cambio climático pero esas variaciones pueden ocasionar problemas en la conservación”. Asimismo ha alabado la actitud de prevención que se ha tomado con el caso. Los datos que se obtengan se utilizarán como modelo para otras cuevas de similares características.
