L D (EFE) La presencia de estos militares se hará visible al público en primer lugar cuando el cortejo nupcial encabezado por la Familia Real inicie desde el Palacio su recorrido sobre una alfombra granate hacia la Catedral de la Almudena.
Una doble línea de lanceros cubrirá el camino que abrirá, previsiblemente, un grupo iniciado por el Infante Carlos, y su esposa, Ana de Francia, la Infanta Margarita y su esposo, Carlos Zurita, la Infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín, la Infanta Elena, y su cónyuge, Jaime Marichalar, y, por último, el Rey, dando su brazo a su hermana la Infanta Pilar. Tras ellos, entrará en el templo el Príncipe y su madre y madrina de boda, la Reina Sofía.
Todos ellos estarán escoltados por los Alabarderos, un cuerpo creado por Fernando el Católico en 1504 que se ha mantenido en todas las reformas que la Guardia Real ha experimentado a lo largo de su historia.
Unos minutos después será Doña Letizia Ortiz Rocasolano la que, del brazo de su padre y padrino, Jesús Ortiz, recorra esos doscientos metros, precedida de los cinco nietos de los Reyes y un sobrino suyo como pajes y seguida por dos damas de honor, que le ayudarán a lucir correctamente la cola del traje nupcial, cuyas hechuras y detalles son el gran secreto de la boda. Al enigma del traje se añade otro que atañe al aspecto que tendrá el Rolls Royce con el que los ya Príncipes de Asturias recorrerán las calles de Madrid para acudir a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha.
El exclusivo Rolls es el descapotable de la serie Phantom IV que ya usó en su boda la Infanta Cristina, sólo que cubierto por una capota traslúcida y blindada, realizada con instrucciones del propio fabricante inglés, y que respeta al completo la armonía de líneas del vehículo, uno de los tres que adquirió Francisco Franco en 1952. Esos tres coches, y alguno de los Cadillac que también custodia la Guardia Real, se emplearían para trasladar al cortejo nupcial en su ida y vuelta entre el palacio y la catedral, en caso de que se cumplieran las amenazas de lluvia que apuntan los partes meteorológicos.
El Phantom IV, cuya estatuilla del "Espíritu del Extasis", o "Emily", sobre el radiador se hizo en posición de genuflexión por estar destinado el coche al uso de un Jefe de Estado, paseará al principio rodeado por una treintena de motos Harley Davidson de 1.340 cc., conducidas por la sección motorizada de la Guardia Real. Los motoristas serán relevados a mitad del recorrido por la caballería, que añadirá la vistosidad de sus caballos y uniformes a las funciones de escolta para la que están preparados.
La comitiva de los Príncipes de Asturias estará precedida por los batidores, montando pura sangre españoles de capa negra, y la banda de cornetas y timbales, cabalgando ejemplares de color blanco. Un nutrido grupo de coraceros rodearán y protegerán el automóvil montados en sus caballos de capa castaño, luciendo, al igual que sus compañeros, los uniformes diseñados para ellos en los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII.
A estas funciones de especial relevancia, la Guardia Real añadirá otras menos visibles, pero también de gran importancia para que los actos que rodean al enlace se realicen con éxito. En total intervendrán 1.300 de sus efectivos. Así, será la banda de la Guardia Real la que alegre con sus marchas el regreso de cortejo e invitados al Palacio Real tras la ceremonia religiosa, y también serán mujeres y hombres de este cuerpo quienes conduzcan coches de dignatarios extranjeros, o guíen y acomoden a los asistentes.
Vestidos en ese caso con el uniforme de gala de los camareros de palacio, también 200 guardias reales se sumarán a los camareros civiles que atenderán a las personas más relevantes tanto la cena del Palacio de El Pardo, como el aperitivo y el almuerzo que se servirán en el Palacio Real el día de la boda.
Una doble línea de lanceros cubrirá el camino que abrirá, previsiblemente, un grupo iniciado por el Infante Carlos, y su esposa, Ana de Francia, la Infanta Margarita y su esposo, Carlos Zurita, la Infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín, la Infanta Elena, y su cónyuge, Jaime Marichalar, y, por último, el Rey, dando su brazo a su hermana la Infanta Pilar. Tras ellos, entrará en el templo el Príncipe y su madre y madrina de boda, la Reina Sofía.
Todos ellos estarán escoltados por los Alabarderos, un cuerpo creado por Fernando el Católico en 1504 que se ha mantenido en todas las reformas que la Guardia Real ha experimentado a lo largo de su historia.
Unos minutos después será Doña Letizia Ortiz Rocasolano la que, del brazo de su padre y padrino, Jesús Ortiz, recorra esos doscientos metros, precedida de los cinco nietos de los Reyes y un sobrino suyo como pajes y seguida por dos damas de honor, que le ayudarán a lucir correctamente la cola del traje nupcial, cuyas hechuras y detalles son el gran secreto de la boda. Al enigma del traje se añade otro que atañe al aspecto que tendrá el Rolls Royce con el que los ya Príncipes de Asturias recorrerán las calles de Madrid para acudir a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha.
El exclusivo Rolls es el descapotable de la serie Phantom IV que ya usó en su boda la Infanta Cristina, sólo que cubierto por una capota traslúcida y blindada, realizada con instrucciones del propio fabricante inglés, y que respeta al completo la armonía de líneas del vehículo, uno de los tres que adquirió Francisco Franco en 1952. Esos tres coches, y alguno de los Cadillac que también custodia la Guardia Real, se emplearían para trasladar al cortejo nupcial en su ida y vuelta entre el palacio y la catedral, en caso de que se cumplieran las amenazas de lluvia que apuntan los partes meteorológicos.
El Phantom IV, cuya estatuilla del "Espíritu del Extasis", o "Emily", sobre el radiador se hizo en posición de genuflexión por estar destinado el coche al uso de un Jefe de Estado, paseará al principio rodeado por una treintena de motos Harley Davidson de 1.340 cc., conducidas por la sección motorizada de la Guardia Real. Los motoristas serán relevados a mitad del recorrido por la caballería, que añadirá la vistosidad de sus caballos y uniformes a las funciones de escolta para la que están preparados.
La comitiva de los Príncipes de Asturias estará precedida por los batidores, montando pura sangre españoles de capa negra, y la banda de cornetas y timbales, cabalgando ejemplares de color blanco. Un nutrido grupo de coraceros rodearán y protegerán el automóvil montados en sus caballos de capa castaño, luciendo, al igual que sus compañeros, los uniformes diseñados para ellos en los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII.
A estas funciones de especial relevancia, la Guardia Real añadirá otras menos visibles, pero también de gran importancia para que los actos que rodean al enlace se realicen con éxito. En total intervendrán 1.300 de sus efectivos. Así, será la banda de la Guardia Real la que alegre con sus marchas el regreso de cortejo e invitados al Palacio Real tras la ceremonia religiosa, y también serán mujeres y hombres de este cuerpo quienes conduzcan coches de dignatarios extranjeros, o guíen y acomoden a los asistentes.
Vestidos en ese caso con el uniforme de gala de los camareros de palacio, también 200 guardias reales se sumarán a los camareros civiles que atenderán a las personas más relevantes tanto la cena del Palacio de El Pardo, como el aperitivo y el almuerzo que se servirán en el Palacio Real el día de la boda.
