L D (Víctor Llano)
Pregunta
Antes de ser poeta, quiso pintar, ¿cómo recuerda aquella época?
Respuesta - Tenía 24 años cuando llegué a La Habana desde Matanzas. Quería pintar y me matriculé en Artes Plásticas en la escuela de “San Alejandro”, pero ni siquiera me gradué. Tuve cierta aceptación. Más tarde nació mi segundo hijo, ya tenía una niña de otro matrimonio, el niño nació con alergia y no podía tener materiales de pintura en casa, no pude seguir pintando, sólo me ocupaba de mi hijo.
P ¿Sabe dónde están los pocos cuadros que pintó?
R Por ahí andan. No conservo nada. Recuerdo que participé en un Salón Nacional de Pintura con un dibujo que gustó mucho y que se supone quedó como patrimonio.
P ¿Cuándo comenzó a escribir?
R Cuando el niño tenía dos años era como que me ahogaba, necesitaba hacer cosas. Me senté una tarde y escribí mi primer poema. Ahora escribo mucho menos, tengo más conciencia de que no todo lo que se piensa se puede escribir, que se produce mucha basura.
P ¿Tardó mucho en entrar en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la tristemente célebre “UNEAC?”
R Yo no entré, a mí me “entraron”. No estuve ni un año como miembro, y sólo asistí a una sesión, la de mi expulsión. En toda mi obra no hay un solo poema de loa a Castro.
P Creo que al principio de escribir no quería hacer política. ¿No sabía lo terrible que podía llegar a ser Castro? ¿No conocía la existencia de campos de concentración? ¿Ignoraba que el castrismo ya había fusilado a miles de cubanos sin posibilidad alguna de defensa?
R No. Nunca había hecho vida intelectual, ni había estado en tertulias, siempre fui un ama de casa que escribía. Me importan mucho mis hijos. Soy muy compulsiva con el orden y con la limpieza. Realmente me educaron para eso. Me quedé embarazada muy joven. En mi vida sucedió todo muy deprisa.
P Simplemente gustaron sus poemas.
R Sí. Eso ocurrió. Gustó mucho mi Libro “Afuera está lloviendo” y decidí presentarme en 1989 con “Hija de Eva” al Premio nacional. Insospechadamente gané. Formaron un jurado marginal y votaron por el número 12.Era yo. La directiva de la “UNEAC” no estaba de acuerdo con el premio, pero no se atrevió a hacer nada. A la premiación no asistió Abel Prieto, que era entonces su Presidente. El hecho de ganar el Premio Nacional me convirtió automáticamente en miembro de la “UNEAC”. “Hija de Eva” reflejaba mi propia angustia; una mujer sola, en un país sin futuro, y arañando todos los días el techo para dar de comer a mis hijos. Al año siguiente, en 1990, le escribo mi Declaración de Principios a Castro, y es ese hecho el que provoca mi expulsión. Me expulsaron por falta de ética revolucionaria, llegaron a decir que mi premio era un premio “vaginal” por haber sido yo amante de Manuel Díaz Martínez, que era para mí como mi padre.
P No se “rajó”. Poco tiempo después, ya perteneciendo al grupo disidente “Criterio Alternativo”, firmó, junto con otros, el documento crítico que le ocasionó tanto sufrimiento. Unos bandidos llamaron a su puerta y le golpearon salvajemente. ¿Conocía a los perros que te pegaron?.
R Conocía de mi barrio a los tres que tocaron en la puerta, pero escondidos en la escalera había muchos más. Cuando llamaron les pregunté qué querían. Me dijeron que conversar, y cuando abrí la puerta para mirar, me arrancaron la reja de la mano. Estuve con la llave en la mano hasta la madrugada. Toda la golpiza la pasé apretando la llave en mi mano. Me rompieron la boca, me dañaron la espalda, me destrozaron la ropa y los muebles, quisieron hacerme tragar lo que había escrito, se llevaron todos mis archivos... Eran una jauría de fieras dispuestas a despedazarme.
P ¿Alguno de los que conocía le pegó?
R De ellos uno sólo dio golpes. Era entonces el Secretario del Partido en el Municipio, se llamaba Felipe de la Cruz.
P ¿Ningún vecino le defendió?
R Sólo una vecina. Les gritó que me dejaran, les dijo horrores.
P ¿Los canallas que le pegaron pertenecían a los siniestros “CDR” (Comités de Defensa de la Revolución?
R No. Eran de la Seguridad del Estado, tipos que sabían lo que querían hacer y el modo de hacerlo.
P Esas mismas alimañas que le golpearon, al día siguiente de hacerlo y si hubieran podido, hubieran salido huyendo de Cuba y de su amo, Castro.
R Ya me he encontrado con alguno de ellos fuera y me ha pedido perdón en público.
P Después de la paliza vino el asedio.
R Estuvieron tres días con altavoces gritándome debajo de mi casa. Llevaron a niños que gritaban frases horribles que no he podido olvidar.
P Poco les importaba que sus hijos escucharan toda esa basura.
R Les dije a mis hijos que se fueran, que contra ellos no tenían nada, pero no quisieron dejarme sola. Me arrepentí de todo en ese momento. Pensé que no tenía ningún derecho a hacerle eso a mis hijos.
P Aparte de todo lo que estaba sufriendo, aparecía como siempre el eterno complejo de culpa.
R Las mujeres estamos educadas para tenerlo. Fue horrible todo aquello. Intento superarlo, pero no he podido del todo.
P Pocos días después le condenaron a dos años de prisión.
R En la cárcel quisieron hacerme pasar por loca, le dijeron a mi madre que estaba gravemente enferma, me amenazaban, me pasaban cuchillas y cristales, me daban comida distinta a la de las demás presas, me tuvieron la luz siempre encendida, me amenazaban con hacerle daño a mi familia... Querían que admitiese ser de la CIA, que me había equivocado y que trabajase para ellos. No se como estoy viva con todo lo que me hicieron pasar. Después de salir de la cárcel, gracias a la presión internacional y a que les amenacé con ponerme en huelga de hambre, conseguí salir de Cuba en 1994. Pero no dejé de sufrir hasta que conseguí sacar a mi hijo cuatro años después, mi hija ya había salido estando yo en la cárcel.
P ¿Siente odio?
R Siento mucho dolor, pero no odio. Sólo me atreví a decir no, puedes decir no. Cuando haces lo que crees que tienes que hacer y has tocado fondo, fondo, fondo... no te queda más remedio que ponerte en el otro extremo y preguntarte, ¿qué hago yo con todo esto? ¿Odiar? Yo decidí no hacerlo, quería sanar. Todavía estoy esperando ser libre. Hace 7 años que salí de Cuba y si te digo que soy libre te miento. No tiene que ver con sistemas políticos, es mi propia cárcel, mis propias angustias, todo lo que lucho por comprender y comprenderme, por tratar de entender a los cubanos... Todavía no he podido olvidar lo que temí me quitaran a mis hijos. En Cuba, desde que nacen los niños, ya pertenecen al sistema. Han creado una figura delictiva por la cual te pueden quitar la patria potestad sin que medien leyes.
P Una vez fuera de su país, ¿no se sentió “utilizada”, llevada de un sitio para otro?
R Cuando uno cabalga un tigre no debe bajarse, no me he dejado utilizar nunca, jamás he dicho nada que no pensara.
P ¿Cree que Castro está gravemente enfermo?
R Creo que está enfermo, aunque no puede saberse cuánto va a durar. Pero en cualquier caso, el final de Castro no es el final del problema, es sólo el final de una etapa grave del problema, el fin de la simbología del problema. Castro por sí sólo no puede hacer nada. Cuando él dice dispara, hay otro que aprieta el gatillo. Hay mucha gente que no quiere que se juzguen sus crímenes, que buscan mantener la cabeza sobre los hombros. Aquello va a quedar en manos de los militares y no va a haber la vindicación que la inmensa mayoría de los cubanos necesitamos, queremos y nos merecemos. Han de pasar años después de la muerte de Castro para que en Cuba haya libertad. En un primer momento el mundo va a negociar con el nuevo gobierno.
P Los empresarios españoles se muestran muy contentos por poder invertir en Cuba. No les importa utilizar una mano de obra esclavizada.
R Era de esperar. Hace tiempo comprendí que el mundo se mueve por intereses y no por derechos humanos que si no son rentables a nadie importan. España es el país que más bofetadas recibe de Castro, más que los norteamericanos, y siempre ponen la otra mejilla. Todo sea por el negocio. Llevé mi libro “Dios en las cárceles de Cuba” a las editoriales “Plaza & Janes” y “Lengua de trapo”, en las dos me dijeron que era muy bueno pero que no podían comprometerse a publicarlo.
P ¿Por qué?
R Ahí si que no me dieron muchas explicaciones, pero se infieren, están en la feria del libro de La Habana. En “Visor” tampoco me quisieron publicar un poemario. Me dijeron que el libro era cojonudo, palabras textuales, pero que ellos tenían sus amistades y sus intereses en Cuba.
P ¿Volverá algún día a su país?
R Sí. Creo que tengo un compromiso moral con Cuba. Hay mucha gente que confía en mí, y ojalá yo pudiera estar a la altura. No sé. Hay muchas cosas para las que no estoy preparada, pero sí me siento en la obligación de ayudar en la reconstrucción de mi país. Yo no tengo poder económico, pero sí me he cuidado mucho de no ensuciar lo que una vez éticamente comencé. Soy una persona que se equivoca, que a veces está triste, que no sabe que va a hacer con su vida, que extraña; pero también sé, que por más que yo viva, no voy a vivir más años en el exilio de los que viví en Cuba. Moralmente me siento muy comprometida con regresar y ayudar en lo que pueda, sin caer en cambalaches, ni en oportunismos. Me gustaría fundar un periódico, y crear una fundación que defienda los derechos humanos y la libertad de expresión. Va a hacer mucha falta.
Respuesta - Tenía 24 años cuando llegué a La Habana desde Matanzas. Quería pintar y me matriculé en Artes Plásticas en la escuela de “San Alejandro”, pero ni siquiera me gradué. Tuve cierta aceptación. Más tarde nació mi segundo hijo, ya tenía una niña de otro matrimonio, el niño nació con alergia y no podía tener materiales de pintura en casa, no pude seguir pintando, sólo me ocupaba de mi hijo.
P ¿Sabe dónde están los pocos cuadros que pintó?
R Por ahí andan. No conservo nada. Recuerdo que participé en un Salón Nacional de Pintura con un dibujo que gustó mucho y que se supone quedó como patrimonio.
P ¿Cuándo comenzó a escribir?
R Cuando el niño tenía dos años era como que me ahogaba, necesitaba hacer cosas. Me senté una tarde y escribí mi primer poema. Ahora escribo mucho menos, tengo más conciencia de que no todo lo que se piensa se puede escribir, que se produce mucha basura.
P ¿Tardó mucho en entrar en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la tristemente célebre “UNEAC?”
R Yo no entré, a mí me “entraron”. No estuve ni un año como miembro, y sólo asistí a una sesión, la de mi expulsión. En toda mi obra no hay un solo poema de loa a Castro.
P Creo que al principio de escribir no quería hacer política. ¿No sabía lo terrible que podía llegar a ser Castro? ¿No conocía la existencia de campos de concentración? ¿Ignoraba que el castrismo ya había fusilado a miles de cubanos sin posibilidad alguna de defensa?
R No. Nunca había hecho vida intelectual, ni había estado en tertulias, siempre fui un ama de casa que escribía. Me importan mucho mis hijos. Soy muy compulsiva con el orden y con la limpieza. Realmente me educaron para eso. Me quedé embarazada muy joven. En mi vida sucedió todo muy deprisa.
P Simplemente gustaron sus poemas.
R Sí. Eso ocurrió. Gustó mucho mi Libro “Afuera está lloviendo” y decidí presentarme en 1989 con “Hija de Eva” al Premio nacional. Insospechadamente gané. Formaron un jurado marginal y votaron por el número 12.Era yo. La directiva de la “UNEAC” no estaba de acuerdo con el premio, pero no se atrevió a hacer nada. A la premiación no asistió Abel Prieto, que era entonces su Presidente. El hecho de ganar el Premio Nacional me convirtió automáticamente en miembro de la “UNEAC”. “Hija de Eva” reflejaba mi propia angustia; una mujer sola, en un país sin futuro, y arañando todos los días el techo para dar de comer a mis hijos. Al año siguiente, en 1990, le escribo mi Declaración de Principios a Castro, y es ese hecho el que provoca mi expulsión. Me expulsaron por falta de ética revolucionaria, llegaron a decir que mi premio era un premio “vaginal” por haber sido yo amante de Manuel Díaz Martínez, que era para mí como mi padre.
P No se “rajó”. Poco tiempo después, ya perteneciendo al grupo disidente “Criterio Alternativo”, firmó, junto con otros, el documento crítico que le ocasionó tanto sufrimiento. Unos bandidos llamaron a su puerta y le golpearon salvajemente. ¿Conocía a los perros que te pegaron?.
R Conocía de mi barrio a los tres que tocaron en la puerta, pero escondidos en la escalera había muchos más. Cuando llamaron les pregunté qué querían. Me dijeron que conversar, y cuando abrí la puerta para mirar, me arrancaron la reja de la mano. Estuve con la llave en la mano hasta la madrugada. Toda la golpiza la pasé apretando la llave en mi mano. Me rompieron la boca, me dañaron la espalda, me destrozaron la ropa y los muebles, quisieron hacerme tragar lo que había escrito, se llevaron todos mis archivos... Eran una jauría de fieras dispuestas a despedazarme.
P ¿Alguno de los que conocía le pegó?
R De ellos uno sólo dio golpes. Era entonces el Secretario del Partido en el Municipio, se llamaba Felipe de la Cruz.
P ¿Ningún vecino le defendió?
R Sólo una vecina. Les gritó que me dejaran, les dijo horrores.
P ¿Los canallas que le pegaron pertenecían a los siniestros “CDR” (Comités de Defensa de la Revolución?
R No. Eran de la Seguridad del Estado, tipos que sabían lo que querían hacer y el modo de hacerlo.
P Esas mismas alimañas que le golpearon, al día siguiente de hacerlo y si hubieran podido, hubieran salido huyendo de Cuba y de su amo, Castro.
R Ya me he encontrado con alguno de ellos fuera y me ha pedido perdón en público.
P Después de la paliza vino el asedio.
R Estuvieron tres días con altavoces gritándome debajo de mi casa. Llevaron a niños que gritaban frases horribles que no he podido olvidar.
P Poco les importaba que sus hijos escucharan toda esa basura.
R Les dije a mis hijos que se fueran, que contra ellos no tenían nada, pero no quisieron dejarme sola. Me arrepentí de todo en ese momento. Pensé que no tenía ningún derecho a hacerle eso a mis hijos.
P Aparte de todo lo que estaba sufriendo, aparecía como siempre el eterno complejo de culpa.
R Las mujeres estamos educadas para tenerlo. Fue horrible todo aquello. Intento superarlo, pero no he podido del todo.
P Pocos días después le condenaron a dos años de prisión.
R En la cárcel quisieron hacerme pasar por loca, le dijeron a mi madre que estaba gravemente enferma, me amenazaban, me pasaban cuchillas y cristales, me daban comida distinta a la de las demás presas, me tuvieron la luz siempre encendida, me amenazaban con hacerle daño a mi familia... Querían que admitiese ser de la CIA, que me había equivocado y que trabajase para ellos. No se como estoy viva con todo lo que me hicieron pasar. Después de salir de la cárcel, gracias a la presión internacional y a que les amenacé con ponerme en huelga de hambre, conseguí salir de Cuba en 1994. Pero no dejé de sufrir hasta que conseguí sacar a mi hijo cuatro años después, mi hija ya había salido estando yo en la cárcel.
P ¿Siente odio?
R Siento mucho dolor, pero no odio. Sólo me atreví a decir no, puedes decir no. Cuando haces lo que crees que tienes que hacer y has tocado fondo, fondo, fondo... no te queda más remedio que ponerte en el otro extremo y preguntarte, ¿qué hago yo con todo esto? ¿Odiar? Yo decidí no hacerlo, quería sanar. Todavía estoy esperando ser libre. Hace 7 años que salí de Cuba y si te digo que soy libre te miento. No tiene que ver con sistemas políticos, es mi propia cárcel, mis propias angustias, todo lo que lucho por comprender y comprenderme, por tratar de entender a los cubanos... Todavía no he podido olvidar lo que temí me quitaran a mis hijos. En Cuba, desde que nacen los niños, ya pertenecen al sistema. Han creado una figura delictiva por la cual te pueden quitar la patria potestad sin que medien leyes.
P Una vez fuera de su país, ¿no se sentió “utilizada”, llevada de un sitio para otro?
R Cuando uno cabalga un tigre no debe bajarse, no me he dejado utilizar nunca, jamás he dicho nada que no pensara.
P ¿Cree que Castro está gravemente enfermo?
R Creo que está enfermo, aunque no puede saberse cuánto va a durar. Pero en cualquier caso, el final de Castro no es el final del problema, es sólo el final de una etapa grave del problema, el fin de la simbología del problema. Castro por sí sólo no puede hacer nada. Cuando él dice dispara, hay otro que aprieta el gatillo. Hay mucha gente que no quiere que se juzguen sus crímenes, que buscan mantener la cabeza sobre los hombros. Aquello va a quedar en manos de los militares y no va a haber la vindicación que la inmensa mayoría de los cubanos necesitamos, queremos y nos merecemos. Han de pasar años después de la muerte de Castro para que en Cuba haya libertad. En un primer momento el mundo va a negociar con el nuevo gobierno.
P Los empresarios españoles se muestran muy contentos por poder invertir en Cuba. No les importa utilizar una mano de obra esclavizada.
R Era de esperar. Hace tiempo comprendí que el mundo se mueve por intereses y no por derechos humanos que si no son rentables a nadie importan. España es el país que más bofetadas recibe de Castro, más que los norteamericanos, y siempre ponen la otra mejilla. Todo sea por el negocio. Llevé mi libro “Dios en las cárceles de Cuba” a las editoriales “Plaza & Janes” y “Lengua de trapo”, en las dos me dijeron que era muy bueno pero que no podían comprometerse a publicarlo.
P ¿Por qué?
R Ahí si que no me dieron muchas explicaciones, pero se infieren, están en la feria del libro de La Habana. En “Visor” tampoco me quisieron publicar un poemario. Me dijeron que el libro era cojonudo, palabras textuales, pero que ellos tenían sus amistades y sus intereses en Cuba.
P ¿Volverá algún día a su país?
R Sí. Creo que tengo un compromiso moral con Cuba. Hay mucha gente que confía en mí, y ojalá yo pudiera estar a la altura. No sé. Hay muchas cosas para las que no estoy preparada, pero sí me siento en la obligación de ayudar en la reconstrucción de mi país. Yo no tengo poder económico, pero sí me he cuidado mucho de no ensuciar lo que una vez éticamente comencé. Soy una persona que se equivoca, que a veces está triste, que no sabe que va a hacer con su vida, que extraña; pero también sé, que por más que yo viva, no voy a vivir más años en el exilio de los que viví en Cuba. Moralmente me siento muy comprometida con regresar y ayudar en lo que pueda, sin caer en cambalaches, ni en oportunismos. Me gustaría fundar un periódico, y crear una fundación que defienda los derechos humanos y la libertad de expresión. Va a hacer mucha falta.
