
L D (EFE) Tras sonar las ocho campanadas en el reloj de la iglesia de San Cernin, la manada partió de los corrales de Santo Domingo agrupada y encabezada por los cabestros y así enfiló la cuesta hasta el encuentro con los mozos, que pronto vieron cómo, por la izquierda del grupo de astados, uno de ellos realizaba continuos derrotes pero sin llegar a alcanzar a ninguno. En este tramo, donde la gran velocidad que tomó el grupo hizo que se estirara con dos mansos y cinco toros en cabeza, se registraron las primeras caídas de corredores.
Por la plaza del Ayuntamiento y por la calle Mercaderes, uno de los de Fuente Ymbro se adelantó, aunque sin que todavía la manada se rompiera, una circunstancia que sí se dio en la curva, donde cinco toros resbalaron y chocaron contra el vallado, pese a lo cual continuaron enseguida la marcha.
El sexto se detuvo en el arranque de Estafeta y se volvió peligrosamente, pero sin consecuencias debido a que llegaron los mansos de cola y se lo llevaron tras sus hermanos, aunque sin llegar a alcanzarlos ya en todo el recorrido. En la primera parte de esta calle, la manada se organizó con un toro por delante, seguido por dos cabestros y tres astados más y el quinto cerrando el grupo, con el último de los Fuente Ymbro a unos 50 metros por detrás.
La presencia de muchos menos corredores que otros días permitió a los que se dieron cita lucirse ante las astas, aunque también en este tramo hubo numerosas caídas de mozos, alguno de los cuales fue pisado por la manada. Ya por Telefónica, el grupo pasó veloz con cuatro toros y dos cabestros en cabeza, que se trompicaron al entrar en la plaza, a donde instantes después accedieron los otros dos astados. La manada enfiló poco a poco el camino a los chiqueros, excepto el último de los bureles, que se resistió hasta que el buen hacer de los dobladores le condujo con sus hermanos.
