
L D (EFE) Además, las autoridades han ordenado la evacuación de un centro de visitantes situado en el observatorio de Johnston Ridge, a unos 8 kilómetros del cráter del volcán, como medida de precaución. Actualmente, la alerta se encuentra en el nivel 3, lo que significa que existe un peligro potencial para la población y las propiedades del área, según expertos del Instituto Geológico Estadounidense.
Uno de los científicos de este organismo, Tom Pierson, explicó a la prensa que el incremento de la alerta se decidió cuando los científicos detectaron que el magma se estaba moviendo dentro de la montaña. Los continuos temblores de tierra que se están produciendo en la zona son también una señal de que la presión se está acumulando y de que la actividad se incrementa. Aunque todos los expertos coinciden en que la erupción puede producirse en cualquier momento, ninguno ha querido pronunciarse sobre su posible alcance.
No obstante, lo que sí han dejado muy claro es que no será tan terrible como la de hace 24 años, cuando el volcán estalló provocando la muerte de, al menos, 57 personas y destruyendo numerosos hogares. Los geólogos han lanzado un mensaje de tranquilidad, al manifestar que, de producirse una nueva erupción, no sería ni mucho menos tan dramática como la ocurrida en 1980. El 18 de mayo de ese año la erupción sorprendió al mundo por su violencia, cuando una gigantesca explosión arrancó buena parte de la cumbre de la montaña reduciéndola a fragmentos. La energía liberada entonces por el volcán se llegó a sentir en varias ciudades situadas a cientos de kilómetros, e incluso en Canadá. Un área de 300 kilómetros cuadrados quedó totalmente devastada, incluyendo bosques de árboles aplanados, valles llenos de barro y llanuras cubiertas de lava, y la nube de humo y cenizas fue vista desde el espacio. Desde aquella tragedia, se produjo otra erupción en 1986 que no causó daños graves.
Los científicos detectaron este domingo un nuevo temblor que se prolongó durante unos 25 minutos y que confirmó su teoría de que la erupción puede producirse de un momento a otro. Aunque la zona en la que se haya el volcán no está prácticamente poblada, las autoridades estadounidenses han optado por extremar las medidas de precaución en ese área, situada a unos 90 kilómetros de la ciudad de Portland (Oregón). Su mayor preocupación realmente es que las cenizas o rocas que pueda arrojar el Santa Helena creen algún problema en el tráfico aéreo del lugar. Los controladores aéreos se mantienen en alerta y ya han tomado las medidas necesarias para desviar los aviones en caso de que se cumplan las predicciones de los geólogos.
