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'Crónica negra' con Alfonso Egea: el asesinato de un niño de 13 años en Sueca a manos del padre de su amigo

El periodista descarta problemas psíquicos en el autor y señala un egoísmo extremo tras el brutal suceso del menor en la localidad valenciana.

Miembros de la Guardia Civil en el portal número 5 donde se cometió el asesinato | EFE

La localidad valenciana de Sueca sigue tratando de asimilar el asesinato de Álex, un niño de 13 años que murió apuñalado en casa de un amigo a manos del padre de este. Un crimen sin discusión previa, sin provocación y con una violencia extrema que, desde el primer momento, abrió interrogantes sobre la salud mental del autor confeso.

En el programa En casa de Herrero de esRadio, el periodista Alfonso Egea ha desmontado esa hipótesis y ha ofrecido una lectura basada en datos judiciales y en lo ocurrido durante la declaración del detenido ante la jueza.

Conmoción en Sueca tras el asesinato a cuchilladas de un niño de 13 años mientras jugaba a la play con un amigo

Ningún síntoma de enfermedad mental

Para Egea, el primer elemento objetivo es la impresión que causa el detenido en sede judicial: "Cuando declara en el juzgado, la juez, objetivamente, no percibe ningún tipo de síntoma que le obligue a decir en ese momento a este señor hay que llevarle ahora mismo a los forenses del juzgado", ha expuesto.

Lejos de detectar un brote psicótico, el periodista ha subrayado que "él sale de ese juzgado y nadie en el juzgado tiene la sensación de que tenga ningún problema mental". A su juicio, lo que se observa es otra cosa: "Simplemente es un tipo muy egoísta que durante su declaración le da muchísima más importancia al hecho de que su mujer lo dejara y a lo injusto que él considera ese abandono que al propio asesinato".

El egoísmo como motor del crimen

Alfonso Egea ha insistido en que recurrir a la enfermedad mental puede servir para suavizar lo ocurrido, pero no se sostiene con los datos conocidos: "El comodín de la enfermedad mental a nosotros nos puede servir para explicar lo inexplicable y al criminal le puede servir para intentar atenuar lo que hay".

Frente a eso, ha lanzado una afirmación contundente: "A veces se nos olvida que el egoísmo es una de las más profundas maldades del ser humano". Una idea que ha reforzado con una de las frases más estremecedoras atribuidas al detenido: "Sé que he matado a Álex, pero podía haber sido cualquier otro niño que viniera esa tarde a mi casa".

Según Egea, el propio autor lo ha verbalizado sin ambigüedad: "Y si llega a haber dos niños, los hubiera matado a los dos".

Lo que ocurrió realmente dentro de la casa

El periodista también ha aclarado uno de los puntos más controvertidos del caso: el uso de un bate de béisbol. "No está demostrado que le golpeara con ningún bate", ha explicado. El bate aparece roto porque "su propio hijo cuenta que al escuchar el ruido en el baño, él se acerca y ve a su padre golpear el suelo con el bate de béisbol".

Ese momento no sería parte del ataque, sino posterior, "en una suerte de descarga rabiosa, no contra el cuerpo de Álex, sino contra esa especie de ‘qué acabo de hacer’". Egea ha subrayado que el único menor al que no quería matar era su hijo.

La declaración del hijo y la prueba científica

Sobre el testimonio del menor, Egea ha detallado que "no hay declaración como tal porque es un menor de 14 años", sino una exploración en la que el relato resulta "muy robotizado pero porque es un relato muy sencillo".

La clave, ha insistido, la marca la ciencia forense: "La fuerza y la trayectoria de las heridas son compatibles con una persona de tamaño adulto como Juan Francisco y no de tamaño preadolescente como su hijo". Y ha añadido: "La trayectoria es fundamental. Ese es el ángulo de penetración de la hoja en el cuerpo de la víctima".

Sin atenuantes frente a la permanente revisable

En el plano penal, Alfonso Egea ha sido tajante: "La permanente revisable está diseñada para estos casos por la edad de la víctima, está por debajo de 16 años, y su especial vulnerabilidad". A su juicio, no hay margen para la rebaja de condena: "No hay atenuante posible".

Ni la entrega voluntaria ni el arrepentimiento cambian el escenario: "Esto no es entregarte y confesar, es entregarte y entregarte. No has hecho absolutamente nada con tu acción de entregarte, más que acelerar lo que ya estaba hecho".

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