
Actualmente las más importantes causas de mortalidad en los niños son los accidentes seguidos de las enfermedades tumorales. Y en los accidentes, si la mortalidad es alta lo es aún mucho más el número y gravedad de secuelas permanentes. La infancia es la etapa vital que más propende al padecimiento de accidentes.
A ello contribuyen diversos factores. En primer lugar, la casi absoluta falta de sentido de precaución que caracteriza el comportamiento infantil. En segundo, la insaciable curiosidad infantil que les lleva, junto con lo anterior, a ponerse en situaciones de riesgo. En tercero, la actividad física de los niños con frecuentes carreras, saltos, piruetas o con la utilización en sus juegos de aparatos móviles. Y en cuarto, el organismo del niño, en especial sus estructuras óseas y musculares, que son más débiles que en el adulto por lo que con más facilidad que en éste padecerán lesiones al ser forzadas o golpeadas.
Los accidentes durante la infancia suceden en dos ámbitos bien diferenciados: el hogar, en el que podemos incluir su prolongación escolar, y las vías públicas o las actividades al aire libre.
En primer lugar hablaremos de los accidentes en el hogar. Casi cualquier dependencia del hogar tiene sus peligros, pero destacan, entre todas, la cocina y el cuarto de baño.
En la cocina los accidentes más habituales son las quemaduras originadas por sustancias y líquidos calientes o por los propios aparatos productores de calor. La madre deberá tener la precaución de evitar que el niño pequeño entre en la cocina durante la elaboración de las comidas aun estando ella presente; si es obligado que el hijo esté allí debe extremar el cuidado para que en ningún caso se acerque al lugar donde está el fuego.
Por supuesto, el niño jamás debería entrar solo en la cocina. Los utensilios puestos al fuego se colocarán de tal modo que no sobresalgan sus asas del perímetro de la cocina para que el niño no pueda tropezar con ellas o agarrarlas.
Se utilizarán de preferencia los quemadores situados en la parte posterior. El horno encendido debe cerrarse bien y abrirlo sólo el tiempo imprescindible para introducir o extraer los alimentos. Recuérdese que las cocinas de placa eléctrica mantienen el calor durante bastante tiempo después de apagadas.
Las cerillas y encendedores de cocina estarán guardados fuera del alcance infantil porque son objetos muy tentadores para su curiosidad. Cualquier aparato eléctrico debe desconectarse del enchufe inmediatamente después de su uso, sobre todo las batidoras e instrumentos de corte.
Otro momento de especial riesgo es el de trasladar los recipientes desde el fuego a la mesa. Un niño pequeño que se arrastra por el suelo puede enredarse o tropezar con las piernas del adulto y recibir sobre su cuerpo el contenido caliente; los niños estarán sentados a la mesa durante este tiempo.
Las lesiones por el calor se clasifican en: quemaduras de primer grado , manifestadas sólo por enrojecimiento de la piel y escozor más o menos intenso; quemaduras de segundo grado , en las que hay lesión de la epidermis con formación de ampolla; quemaduras de tercer grado , que son aquellas en las cuales está afectada también la dermis; y de cuarto grado cuando la quemadura alcanza a la grasa subcutánea, al músculo o al hueso. Otro criterio de gravedad para evaluar las quemaduras es el porcentaje de superficie corporal afectado: hasta un 10% se consideran leves, del 10-30% moderadas y graves las que ocupan más del 30%.
El tratamiento de las quemaduras depende del tipo de lesión. En las de primer grado, similares a las producidas por el sol, se pueden aplicar líquidos fríos, hielo, una solución hidratante o alguna crema suave; también es eficaz el uso inmediato de aceite o de cualquier grasa casera.
En las de segundo grado, con formación de "ampolla", sólo se deben tratar en el hogar las que ocupan muy pequeñas superficies; las de una extensión superior a los 10 ó 20 cm², o cualquiera si está en la cara o entre los dedos, deberían ser atendidas en un centro sanitario.
Es necesario eliminar la epidermis necrosada que forma la ampolla. Una vez quitada quedará una superficie húmeda que es el "lecho" de la quemadura. Sobre ella se aplicará algún antiséptico siendo el más fácil de obtener el mercurocromo o las soluciones yodadas (Betadine® o similares), o alguna crema cicatrizante. Es preferible mantener la piel descubierta en lesiones pequeñas porque los apósitos dificultan la aireación retrasando la cicatrización espontánea.
Las quemaduras de segundo grado extensas y todas las de tercer y cuarto grado obligan a una atención sanitaria urgente.
