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Efraim Osori López (Manizales, Caldas, Colombia) me envía una sesuda disertación sobre los verbos terminados en –uar. Unos se conjugan como averiguar (“yo averiguo”) y otros como actuar (“yo actúo”). Don Efraim es partidario de que la norma sea la de actuar. No me hace muy feliz. Me suena mejor “yo evacuo, yo adecuo, yo consensuo”. Quizá sea mejor dejar la vacilación actual. La lengua no tiene por qué ser algo rígido, encorsetado. En la vacilación está el gusto.
Carlos Paniagua (Valladolid) me comunica su divertida teoría sobre los “verbos memos”. Consiste en que algunas personas se sienten incómodas con algunos verbos cortos y directos. En su lugar, realizan la operación de “poner visillos a un tanque” y aceptan verbos con más sílabas. Don Carlos pone algunos ejemplos:
─ direccionar, en lugar de “dirigir”.
─ aperturar, en lugar de “abrir”.
─ inicializar, en lugar de “iniciar”.
Añado que incluso lo de iniciar empieza a resultar cansino. ¿Por qué no “comenzar”, “empezar” o “principiar”?
María Pía tiene la duda de si el verbo encordar (por ejemplo, una raqueta de tenis, un escalador) es regular o irregular. Muy fácil. Se conjuga como acordar o como contar. Es decir, se considera irregular. “Yo encuerdo”.
Antonio Grande (Cádiz) anda inquieto con los verbos del tipo llover, nevar, etc. Pregunta si son impersonales. Claro que lo son; es decir, no tienen sujeto. Por eso solo se pueden conjugar en la tercera persona, salvo algunas excepciones. Aun así, el sujeto queda oculto. En el fondo, el sujeto implícito es Dios. Así, “Amanecerá Dios y medraremos”. Ya de paso, don Antonio recoge un grafito excepcionalmente simpático. En un buzón de Correos, debajo de esa palabra, el grafitero puso: “Córrete tú”.
Rodrigo Borrego sostiene que la frase “los jugadores entrenaron en el estadio” le parece correcta. Claro, no ha oído otra cosa en los últimos tiempos. Acabaremos todos diciéndolo así. Pero en los diccionarios viene que ese verbo, aplicado a personas, en su forma intransitiva debe ser pronominal, esto es, “entrenarse”. Cabe decir “entrenar” en su forma transitiva, por ejemplo, “el míster entrenó a los jugadores”. ¿Tan difícil es comprender esa doble función del verbo? Los verbos pronominales son muy expresivos para indicar que hacemos algo con el cuerpo: lavarse, peinarse, vestirse, ducharse, etc. En cuanto les quitamos ese “se”, pierden toda la gracia.
Stephan Schulze (Goettingen, Alemania) me pide insistentemente bibliografía sobre “el uso del subjuntivo en periódicos y otros textos”. La tarea desborda mis conocimientos. Supongo que en las buenas Gramáticas el asunto está tratado con suficiencia. Por ejemplo, en la de Ignacio Bosque y Violeta Demonte (Espasa). Solo sé decir que el subjuntivo tiende a desaparecer de la prosa corriente. Es una pena. El subjuntivo es el matiz, el sentimiento, la necesaria indeterminación. Recuérdese el maravilloso final del “soneto a Cristo crucificado” que bien pudiera ser de Santa Teresa:
No me tienes que dar porque te quiera; pues, aunque cuanto espero, no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.
Juan Manuel García de Sola Moyano se plantea si no habría que buscar un equivalente castizo para la acción resetear el ordenador (ponerlo a cero, apagarlo y volverlo a encender). Me parece que llegamos tarde. Resetear está ya en el Diccionario de Seco y, más aún, en la calle.
El tiempo imperativo merece algún comentario. Tendríamos que abrir un concurso de avisos estúpidos, obvios, inútiles. Nuestra vida está llena de ellos. Por ejemplo, nunca he entendido por qué en el autobús que tomo muchos días “no se pueden subir bebidas” y, en cambio, el conductor puede poner la radio a todo volumen. Rafael Agüera Lizaso ha visto en Londres este educado ruego junto a la puerta de los retretes públicos: Please, adjust your dress before leaving. Es decir, “vístase correctamente antes de salir”. Puede que no viniera mal un letrero así en los servicios de caballeros en España. Muchos hombres tienen tanta prisa por salir de tan incómodo lugar que terminan de subirse la cremallera de la bragueta después de pasar por la puerta de salida.
Francisco Javier Bernard Morales anota estos dos avisos de las estaciones de Metro: “El próximo tren va a efectuar su entrada en la estación”. Don Francisco Javier sugiere que sería más expedito decir que “el tren va a entrar en la estación”. Señala otro aviso todavía más rebuscado: “Próximo tren largo. Sitúese a lo largo de todo el andén”. Es evidente que sería una postura imposible.

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