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Casa nostra

¿Se acuerdan ustedes de aquella lluvia de millones que regó la ciudad de Barcelona con ocasión de los juegos olímpicos de 1992? Si alguien no se acuerda, que se dé una vuelta por la ciudad de los prodigios. La sembró de cinturones y la devolvió al Mediterráneo.

Por la misma época, Sevilla se adornó con la Expo de los 500 años del descubrimiento de América. Y de escándalos económicos. Las hemerotecas están llenas. ¿Pero se acuerdan de algún caso de corrupción en Cataluña a pesar de aquella paletada de millones de los juegos olímpicos? Ni un caso. El oasis catalanista se repartía por entonces los presupuestos millonarios entre CiU y los socialistas del PSC. Cada cual tenía su pesebre, los de CiU en el Palau de la Generalitat y el PSC en la Alcaldía de Barcelona, una cueva frente a la otra, vigilándose, en la Plaza de Sant Jaume. Hasta hoy.

Ha habido escaramuzas, como en aquella ocasión en que el entonces presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, amenazó en el Parlamento al jefe de la oposición, Artur Mas, con tirar de la manta del 3% en comisiones. Éste le amenazó directamente con romper la baraja. Delante de todos. Y no hubo nada. Hacía muchos años que Jordi Pujol había arrastrado a la Cataluña catalanista a una manifestación contra Felipe González para librarse del caso Banca Catalana. 600.000 millones de pesetas habían desaparecido tras la gestión del honorable, dos años después de abandonar la presidencia de la banca y ocupar la de la Generalitat. Apropiación indebida y falsedad en documento. Bobadas del fiscal jefe Carlos Jiménez Villarejo. "Això es una dona" (eso es una mujer) le gritaron a Marta Ferrusola en la Plaza de Sant Jaume aquella tarde de apoyo incondicional del mundo nacionalista al arquitecto de la futura Cataluña feudal que se estaba construyendo con la disculpa de la cultura y la lengua. En Cataluña somos muy respetuosos con nuestras mujeres. Ellas también "remenen cireres". Como en el caso Millet.

Doscientas familias dirigen y disfrutan la Cataluña virtual del catalanismo desde hace 200 años. En los orígenes eran burgueses laboriosos, ahora sólo han de demostrar pedigrí nacionalista. Doscientas familias repartidas en partidos de izquierdas y derechas. Repasen los apellidos en el Parlamento de Cataluña, Son abrumadora mayoría, aunque en la Cataluña real, tales apellidos no empiezan a aparecer en el ranking demográfico hasta el apellido 24. Antes dominan los García, los Martínez, los López, los Sánchez, los Rodríguez... ninguno de origen catalán. Pero los Millet, los Raventós, los Prenafeta, los Farreres, los Obiols, los Planasdemunt, los Maragall, los Pujol, los Alavedra, los Estivill, los Suqué, los Godó, los Fornesa, los Ribó... no están ni entre los cien primeros, aunque sean los primeros en las instituciones. Y casi los únicos.

¿Se acuerdan del juez corrupto Lluís Pascual Estevill, ex vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta de CiU? ¿O de De la Rosa, "empresario modelo catalán", según declaraciones de Jordi Pujol, que descapitalizó "Gran Tibidabo"? ¿O de Casinos de Cataluña? ¿O del exconsejero de economía Jordi Planasdemunt que organizó una monumental estafa con pagarés falsos de grandes empresas siendo director del Instituto Catalán de Finanzas? ¿O, si nos saltamos al PSC, de la financiación ilegal del caso FILESA?

¿Qué tipo de apellidos aparecían en esos escándalos siempre sofocados con los cortafuegos de "casa nostra"? La bandera siempre tapaba la cartera. Con esos y otros escándalos que siempre acababan por enterrarlos bajo la Senyera, se construyó el oasis. Vean una pequeña historia de ese oasis catalanista.

Hoy, jueves, ha saltado a la luz que el ex líder de "La Crida", ex líder de ERC y ex líder del PI (Partit per la Independència) y actual dirigente de CDC, Àngel Colom, financió las deudas del PI con dinero del amo del Palu, Lluís Millet. Él dice que 12 millones de pesetas. En la cuentas del Palau aparecen 2 facturas de 25 millones cada una. Ya empezamos. Y mientras tanto, Pilar Rahola, cabeza de lista junto a Àngel Colom en el PI, va escribiendo artículos por ahí preguntándose si estamos ciegos, sordos y mudos. Por lo que se ve, ella, la primera. Ahora se entiende que Joan Puigcercós, el del bombo indenpendestista, le dijera con la boca pequeña a CiU que "por transparencia y responsabilidad" debería pedir la creación de una comisión de investigación. ¡Muchas ganas no deben tener pudiéndola pedir ellos!

"Somos unas cuatrocientas personas, no hay muchos más, nos encontramos en todas partes y siempre somos los mismos. Nos encontramos en el Palau, en el Liceo, en el núcleo familiar y coincidimos en muchos lugares, seamos o no parientes", dejó dicho el "escanyapobres" del Palau de la Música, Lluís Millet en el libro de los periodistas Cullell y Farrás L’Oasis català, a decir de Carreras. Y le creemos, son doscientas familias y un cogollo, ellos, los cuatrocientos, y los allegados que viven de sacarle brillo a sus alfombras, esos que gestionan los votos de la Cataluña real camuflados en partidos que se dicen de izquierdas, PSC y antiguos psuqueros. Imprescindibles para que el feudalismo aparezca como una nación oprimida, mientras gestionan ociosos todo el poder de la Cataluña virtual. La bandera esconde la cartera.

Un conglomerado de feudos domina nuestro panorama. A veces, como sucedía en la Edad Media, los feudos pelean entre sí. Pero frecuentemente pactan y se reparten instituciones, presidencias de caja, consejos de administración, patronatos, mandarinazgos, canonjías. Con frecuencia lo hacen a regañadientes, como aquel chiste del paciente que aprieta las pudibundas partes del dentista mientras pregunta, sarcástico: "¿No nos haremos daño, verdad?". Pactan, compadrean, se reparten el espacio vital y comparten, por encima de todo, el silencio: "¿No nos haremos daño, verdad?

Antoni Puigverd lo ha dejado así de crudo escrito el pasado día 22 en La Vanguardia.

No sé cómo decirlo, pero así como la prensa de Madrid cada vez que se despedaza entre ella nos hace más libres a los ciudadanos, en Cataluña es preciso que muchos de los que están en el secreto de las cosas, abran las ventanas. Empezando por los jueces. Cuanto antes se liquiden responsabilidades, antes podremos comenzar a hacer una Cataluña de ciudadanos libres y honrados, y no una Cataluña catalanista. De esa ya tuvimos bastante con la España falangista de los cuarenta.
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