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Hacia una convención dividida, donde perdería Trump

La contundente victoria de Ted Cruz en Wisconsin ha provocado que se incremente el runrún entre los comentaristas políticos norteamericanos sobre lo muy probable que parece que este año la convención republicana esté dividida. Para ganar la nominación hace falta reunir 1.237 delegados. Con 755, Donald Trump está ganando, pero necesitaría conseguir un 60% de los delegados que faltan por repartir para alcanzar esa cifra, porcentaje similar al que necesita Sanders para batir a Clinton. Las matemáticas, los últimos resultados y la desastrosa campaña que ha realizado estas dos últimas semanas parecen indicar que no será capaz. Cruz, con 491, obviamente lo tiene peor, por no decir imposible. Y de Kasich mejor ni hablamos.

¿Y qué es lo que sucede cuando ningún candidato consigue alcanzar la cifra mágica? Pues bien, hay que recordar que ni las primarias ni las presidenciales son elecciones directas. En ambos casos se escogen delegados, personas de carne y hueso, que son los que votan. Las reglas de la convención republicana dictan que en la primera votación esos delegados deben apoyar al candidato por el que fueron elegidos. Si no hay un ganador, se sigue votando. Las reglas de cada estado varían, pero ya sea a la segunda votación o algo más adelante acaban dando libertad a cada delegado para que voten lo que estimen oportuno.

Las normas también varían en lo referente a los delegados de candidatos que, como Marco Rubio, se han retirado antes de la convención. El ejemplo de lo que sucede con ellos es una buena muestra de lo complicadas que pueden ser las reglas. Así, 29 de los delegados del senador cubanoamericano tendrán libertad para votar a quien quieran desde la primera votación. Otros 92 deberán votar a Rubio en esa primera ronda, pero después tendrán libertad para elegir. Nueve deberán aguantar con él dos votaciones. Y 34 tendrán que votar a Rubio sí o sí hasta que el senador les libere, si es que lo hace. Por último, los cinco que consiguió en Alaska se reparten dependiendo de los resultados a nivel nacional, lo que por ahora implica que tres se han pasado a Trump y otros dos a Cruz.

En la práctica esto se traduce en que cuando terminen en junio las primarias sabremos el resultado de la primera votación de la convención, que se celebrará a mediados de julio, pero a partir de ahí cada vez más delegados podrán votar a quien quieran y lo que pase será impredecible. Los mandamases del Partido Republicano confían en que todo se alargue tanto que puedan acabar votando a un candidato de consenso que propongan ellos, como Paul Ryan. Kasich se mantiene en la carrera con la esperanza de que ese candidato sea él. Pero lo más probable es que el elegido sea o Trump o Cruz. ¿Y quién tendría ventaja aquí? El texano, sin duda. Los delegados tienden a ser militantes y personas, digamos, más de derechas que el votante republicano medio y ya tenderían de forma natural a votarle, pero además Cruz es el candidato que mejor ha hecho los deberes en esta campaña y Trump el peor, de modo que ya tiene gente trabajándose a los delegados mientras que el millonario sigue a verlas venir y a quejarse por si no es el elegido.

No obstante, el próximo estado es Nueva York, donde sin duda ganará Trump. Por una vez, la presencia de Kasich favorece a Cruz, ya que hará más difícil que el magnate reciba más del 50% de los votos tanto en el estado como en cada uno de sus distritos, lo que le daría todos los delegados en juego; previsiblemente serán repartidos de forma proporcional, reduciendo su ventaja y favoreciendo que se llegue a una convención dividida. Que, la verdad, sería lo más divertido para quienes somos tan raros como para divertirnos con el espectáculo de la política americana.

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