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Rubalcaba apela a los indignados

El hecho de que el candidato del PSOE a las próximas generales haya optado por jugar la baza de la extrema izquierda no puede más que encender todas las luces de alarma. Como el perro del Hortelano, ni comerá ni dejará comer al amo.

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El hundimiento electoral del Partido Socialista en las últimas elecciones autonómicas y municipales se produjo por el flanco izquierdo. El PSOE, que había renunciado a sus votantes moderados en las generales de 2008 con el objetivo de absorber el voto nacionalista y de Izquierda Unida, se vio de repente abandonado también por los socialistas más doctrinarios. De hecho, gran parte del Movimiento 15-M se explica justamente por eso: por el desencanto de la izquierda ante un Gobierno socialista que se había visto forzado por la realidad a rescatar a la banca, a acometer importantes recortes en el gasto público y a reformar, aunque muy tímidamente, el mercado laboral.

Así las cosas, parecía claro que al autoproclamado candidato Rubalcaba no le iba a quedar más remedio que desmarcarse de la desastrosa herencia dejada por Zapatero si es que quería contar con alguna posibilidad de triunfo en las próximas generales. La única incógnita era si el vicepresidente del Gobierno optaría por recuperar el electorado centrista –tejiendo un discurso razonable y reformista asimilable al de otras socialdemocracias europeas– o el de extrema izquierda –valiéndose de la típica demagogia anticapitalista propia del socialismo más radical–.

Ayer, el ministro del Interior despejó todas nuestras dudas: con sus ataques a los banqueros, a los especuladores o a los mercados financieros, Rubalcaba ha delimitado con meridiana claridad cuál es su caladero de votos. Su objetivo no es otro que el de seducir a los desencantados de Sol, prometiéndoles para ello las más absurdas y contraproducentes medidas antieconómicas como son intervenir en los sueldos de los empleados de la banca, limitar los llamados superdepósitos y combatir la "especulación financiera". 

La pendiente tomada por Rubalcaba no puede ser más resbaladiza para los intereses de España. Como eventual presidente del Gobierno, se está ganando a pulso la desconfianza de nuestros prestamistas internacionales, que a la postre son quienes mantienen nuestra economía a flote; y como líder de la Oposición, su discurso es tanto más peligroso: aproximándose a la extrema izquierda, Rubalcaba bien podría instrumentalizar a los 'indignados' para abortar todas las reformas liberalizadoras que un Ejecutivo popular debería emprender con tal de relanzar nuestra actividad productiva.

El hecho de que el candidato del PSOE a las próximas generales haya optado por jugar la baza de la extrema izquierda no puede más que encender todas las luces de alarma. Como el perro del Hortelano, ni comerá ni dejará comer al amo. España no puede permitirse otros cuatro años de completa parálisis institucional.


 

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