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Estiba y separatismo

Mucho más inquietante que lo prometido al PNV es lo que haya podido dar el Gobierno a cambio de la abstención separatista catalana

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¡Albricias, albricias! Finalmente, el Gobierno ha logrado que el Congreso de los Diputados apruebe el real decreto-ley que liberaliza la estiba logrando así que la UE deje de multarnos diariamente, tal y como venía haciendo desde 2014. Para que tal aprobación haya sido posible ha sido necesario contar, además de con el voto de Ciudadanos y PNV, con la abstención del Partido Democrático Europeo Catalán, florida denominación con la que ahora se hacen llamar los independentistas catalanes que antes vestían el traje de Convergència. Un traje que, a base de restregarlo por entre las boñigas del tres por ciento, había quedado tan sucio que no había detergente milagroso que lo limpiara sin decolorar el azul independentista que sobre el oro y gules de la senyera habían pintado sus dirigentes cuando se tiraron al monte.

No se sabe si el voto nacionalista vasco habrá tenido un precio independiente o si lo que se acordó pagar por el apoyo a los Presupuestos incluyó el voto favorable al decreto de la estiba. Pero, mucho más inquietante que lo prometido al PNV es lo que haya podido dar el Gobierno a cambio de la abstención separatista catalana. Cuentan las crónicas que tan sólo ha bastado aceptar algunas enmiendas al texto y prometer indeterminadas mejoras para los puertos de Barcelona y Tarragona. Cabe la ingenuidad de suponer que los independentistas se han conformado con alguna clase de privilegio para sus puertos que les permita competir con ventaja con el resto de puertos españoles mediterráneos. Sin embargo, antes de aceptar pulpo como animal de compañía, deberíamos preguntarnos para qué quieren los convergentes, por muy europeos que se hayan hecho, ninguna ventaja, transferencia de competencias o incremento de autonomía si, en cosa de pocos meses, Cataluña será independiente y tendrán plena capacidad para ordenar sus puertos como les plazca y dotarles de las condiciones que mejor les convenga para competir con el resto.

Antes de que nos caigamos del guindo, podemos suponer alegremente que, como en realidad lo del proceso de independencia no es más que un farol, en realidad lo que quieren es lo de siempre, más competencias, más ventajas, más privilegios, extraídos, también como siempre, en cada ocasión que sus votos son necesarios para algo. Pero, no hay que ser excesivamente malpensado para caer en la cuenta de que quizá el Gobierno ha querido tapar la enorme responsabilidad que tiene de no haber sacado adelante el decreto de la estiba cuando tuvo mayoría absoluta para ahorrarse una huelga salvaje en vísperas de las elecciones de 2015. Y que, para hacerlo, a cambio de la abstención separatista, haya cedido en no sé qué detalle del golpe de Estado independentista. Y, de la misma manera que no sabemos qué se ha negociado con el PNV en relación con la ETA a cambio de su apoyo en los presupuestos, aquí tampoco nos enteramos de qué concesión relativa al proceso se ha hecho a los catalanistas. Bendito Gobierno que nos regala con la suma dicha del ignorante.

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