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Columna publicada el 11-09-2003
Algo empieza a cambiar en Argentina que beneficia a las empresas y bancos españoles con intereses allí. Todo se debe a la negociación con el Fondo Monetario Internacional que acaba de concluir. No se ha logrado ni la subida de tarifas de los servicios públicos ni una compensación mayor a la banca por las perdidas experimentadas como consecuencia de la pesificación de la economía argentina. Pero ha quedado muy clara una cosa: que Estados Unidos y los organismos financieros multilaterales respaldan a España.
Esta cuestión tiene una importancia especial en lo que se refiere a Argentina. Desde que Carlos Menem abandonó la Presidencia del país, los intereses de las empresas y los bancos españoles afincados allí se han visto perjudicados una y otra vez por una política gubernamental deliberada, promovida por los sucesores de Menem en el cargo, cuyo fin último era desplazar a los bancos y empresas españolas para sustituirlas progresivamente por compañías norteamericanas. Esta política deliberada por parte de los argentinos se inauguró con el mandato de Fernando de la Rúa, que buscó con ahínco la presencia de los estadounidenses en su economía, y fue continuada por sus sucesores, por poco tiempo que estuvieran en el poder. Desde el Gobierno, incluso, se agitaron los sentimientos antiespañoles a través de los medios de comunicación, hasta el punto de que el propio De la Rúa tenía a un periodista en su ámbito encargado de este tipo de acciones.
Por entonces, Estados Unidos veía esa política argentina con complacencia. Desde principios de la década de los noventa, los españoles habían penetrado hasta lo más profundo del patio trasero norteamericano, un proceso que se intensificó a partir de mediados de la década cuando los bancos y las empresas apostaron decididamente por Latinoamérica mientras las compañías y la banca norteamericana seguían lamiéndose las heridas dejadas por la crisis de la deuda latinoamericana de la década de los ochenta y el ‘efecto tequila’ de 1995.
Ahora, las cosas empiezan a cambiar y la política exterior estadounidense mira con más respeto y apoya a las empresas españolas en Latinoamérica. Es un giro que viene motivado por el estrechamiento de los lazos entre ambos países que ha tenido lugar en los últimos años y que alcanzó su clímax con el apoyo de España a EEUU en la guerra de Irak. Ese cambio empieza a notarse en la presión ejercida por el FMI para que Argentina subiera las tarifas de los servicios públicos y mejorara la compensación a los bancos por las pérdidas provocadas por la pesificación. No se ha conseguido ni una cosa ni otra, pero ha quedado algo muy importante en estas negociaciones: el mensaje para Argentina, primero, y para el resto de Latinoamérica después, de que España debe ser bienvenida en la región, de que cuenta con el respaldo de los estadounidenses y de que quien quiera sustituir a las empresas y bancos españoles por los norteamericanos debe pensárselo antes dos veces. Las reglas de juego al otro lado del Atlántico están cambiando.

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