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CRÓNICA NEGRA

La decepción de un padre que creía en Zapatero

Juan José Cortés es el padre de la niña Mari Luz, de Huelva, que un día jugaba en la puerta de su casa cuando un presunto pederasta la sedujo, quizá abusó de ella y finalmente la asesinó. Juan José, gitano de pro, aristócrata del verbo de Lorca, predicador, ligero de palabras y decidido, no tuvo empacho en exigir justicia y castigo para el criminal.

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Juanjo, se ve enseguida, es un hombre entero, digno, cabal, sensato, equilibrado. Se le metió entre ceja y ceja que al pederasta asesino le cayera la del pulpo, esto es, cadena perpetua, que no se llama así en nuestro código penal, que en cambio admite la condena de hasta cuarenta años.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, narcisista enamorado de su propio encanto y convencido de su poder seductor, recibió a Juan José en La Moncloa, lugar del que todos salen en una nube, unos cumplidos y otros embobados. El caso es que Juan José creyó las palabras de Zapatero acerca de que el asesino de su hija recibiría su castigo, y que para ello las denominaciones obsoletas y las disposiciones superadas no serían obstáculo. Así que le dio unos golpecitos mágicos en la espalda y Juan José se fue a su casa, discreto, moderado, con cientos de miles de firmas respaldando su petición bajo el brazo y sin atreverse a criticar ni discutir los avatares del caso, seguro de que el presidente cumpliría su promesa.

Juan José Cortés no ha denunciado en público con claridad que le contaron una mentira o le metieron un cuento; simplemente ha ido viéndose en él una transformación. Gitano de los que iban por el monte solos, fue buscando la compañía de su padre, de sus hermanos y de algún que otro payo; socialista de convicción, fue alejándose del PSOE, desayunando sapos y culebras, arrasándose la garganta con un combinado blanco y negro, largo de alcohol de quemar, escapando del influjo del taumaturgo de La Moncloa.

Zapatero.Juan José Cortés ha hecho un largo viaje, corrido de vergüenza ajena, escapando del PSOE hasta el PP, obligado por el desaire y la decepción, tras constatar la falta de cuajo de las promesas del Gobierno. Lo cierto es que se veía de lejos que a éste no se la iban a dar, y que les iba a costar caro si no respetaban lo pactado. Este Gobierno no se esfuerza ni en lo fácil; mucho menos para cumplir la palabra dada; ni siquiera a la hora de proteger a los niños.

Zapatero recibió a Cortés para aplacarle, pero ha ido distanciándose. No cumple sus promesas no por accidente, sino por costumbre.

La perpetua es el castigo a treinta años de reclusión, pues nadie en Europa castiga a más; pero sí obliga al cumplimiento de la pena, que no es todavía el caso en España.

De manera que Juan José, gitano juncal, espejo de padres, paciente, progresista, decepcionado, sociata, se ha ido moreno de verde luna, peregrino, de Bailen a Génova, con su penitencia de cruces y cadenas, con una fe digna del mejor destino, hasta el PP de la estocada.

Que no se equivoque nadie, porque este calé es ingobernable: no hay viento de Arriola, zanja de Gallardón, componenda de Arenas, flojera pepera alguna que le impida recoger lo poco que lleva y marcharse a asesorar a otra parte, donde tengan los riñones de empuñar la bandera de los que piden protección para el común y castigo para los asesinos, sin pamplinas góticas ni mentiras.

¡Rajoy, escucha! La apuesta es arriesgada: si también tuviera que irse del PP... ese vía crucis no habría partido que lo resistiese.