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La hoja de ruta marcada por ETA al Gobierno pasa en los próximos meses por tres exigencias ineludibles sin las cuales los terroristas atentarán con mayor o menor intensidad. La primera, ya cumplida, el traslado de De Juana Chaos a su casa. La segunda, la legalización de Batasuna para presentarse a las próximas elecciones autonómicas. La tercera, el pacto en Navarra del PSOE con los nacionalistas para empezar el desguace social y cultural de la Comunidad Foral. El primer acto ya se ha desarrollado.
Y una vez más, con el oficio de Rubalcaba ejerciendo de señuelo de Zapatero. En un tema mortal de necesidad, el ministro mezcló en su comparecencia ideas contradictorias. Lo peor: que afirmó que se limitaba a cumplir mecánicamente la ley, pero al mismo tiempo que se hacía él responsable de una medida "humanitaria". No había salida alguna a tan perverso acto. Es tal la felonía, que Rubalcaba estaba condenado de antemano, y ni su oficio le salvaría de la quema. Y no lo ha hecho.
Rubalcaba comparecía al mediodía, cuando De Juana había salido por la puerta de atrás e iba camino de San Sebastián y los proetarras esperaban en las cunetas vascas el paso de la caravana para dar vivas al terrorista. Mezcló conceptos, ideas, certezas y vaguedades que no le salvarían del desastre. Diciendo que la cosa era legal buscó aliviar su desgraciado papel, pero lo ha liado aún más, porque dejar enchironado al psicópata era tan legal como llevarlo a su casa.
Y lo esperable, la reacción de airada indignación de la sociedad española. Las víctimas huérfanas de Gobierno, se espantan y se soliviantan, mientras Batasuna lo celebra a lo grande. La imagen del terrorista aclamado victorioso ha provocado un sentimiento de humillación que ha prendido también entre la clientela socialista. A izquierda y derecha cunde la sospecha y la indignación ante unos acontecimientos inauditos en un Gobierno occidental y democrático. Se trata del mayor error cometido hasta ahora por Zapatero, de un alcance moral y político incalculable, puesto que ni los suyos pueden ya negar los oscuros tratos con ETA.
Y la cara del desvergonzado y macabro espectáculo de los últimos días, con el colofón del jueves, es el ministro de interior, pese a que es Zapatero quien tiene como obsesión lograr un pacto con ETA. Desde su escondite monclovita, Zapatero ha enviado a Rubalcaba a sufrir las iras de la sociedad en un tema evidentemente explosivo. Cansado, desmotivado, salió el jueves a la plaza pública a inmolarse por su presidente. Pues, bien, Zapatero ha conseguido que Rubalcaba se convierta en el ministro del Interior que llevó a De Juana a su casa. De él lo conocíamos todo, pero ahora sabemos que su generosidad no tiene límites, hasta el punto de suicidarse políticamente en nombre su jefe. Ahora queda por saber si la onda expansiva del escándalo De Juana llega hasta el sótano de La Moncloa donde ZP se esconde.

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