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REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

El día en que los socialistas asesinaron a Marcelino Oreja

El golpe de estado del PSOE, la UGT y la Esquerra Republicana de octubre de 1934, contra un Gobierno de centro-derecha, se cobró la vida de casi 1.400 personas. Entre éstas estaba Marcelino Oreja Elósegui, diputado tradicionalistas en las Cortes, que fue secuestrado por socialistas en Mondragón y asesinado a tiros en su casa de este pueblo guipuzcoano.

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Cuando se estudia la II República, uno se asombra de la poca atención que se ha prestado a la revolución de octubre de 1934. Se siguen escribiendo páginas y páginas sobre las elecciones de abril de 1931 y el comportamiento de los políticos en esos días; en comparación, la Revolución, planeada por la izquierda como una guerra civil, apenas, ya digo, recibe atención; sin duda, por su carácter sangriento y golpista. Las investigaciones y los descubrimientos de Pío Moa en los archivos –en especial en el de la Fundación Largo Caballero– son tan rotundos que la izquierda actual ha tratado de silenciarlos. En 2003, mientras la izquierda arremetía contra el concepto de guerra preventiva desarrollado por Estados Unidos, el filósofo Gustavo Bueno calificó la Revolución de Octubre de "guerra civil preventiva".

Ante la falta de interés de los historiadores universitarios, no debe sorprender que sigan apareciendo datos y revelaciones sobre un suceso ocurrido hace casi 80 años. Como las contenidas en las memorias de Marcelino Oreja Aguirre acerca del asesinato de su padre, el ya citado Marcelino Oreja Elósegui.

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Marcelino Oreja Elósegui nació en Ibarrangelúa (Vizcaya) en 1891 y estudió las carreras de Derecho e Ingeniería de Caminos. Militaba en el tradicionalismo y en el catolicismo político. Fue el primer secretario de la Confederación de Estudiantes Católicos y, como miembro de la Asociación Católica de Propagandistas desde 1920, llegó a ser gerente del diario El Debate, obra de Ángel Herrera Oria. En 1928 fundó la empresa Agromán. Cuando advino la República, formó con otros católicos vascos y navarros una coalición para las Cortes Constituyentes que obtuvo 21 actas, entre ellas la suya. Oreja participó en la defensa del estatuto de Estella y de los católicos, y también en asuntos económicos, lo que le llevó a enfrentarse con Indalecio Prieto, ministro de Hacienda. En las elecciones de 1933, en las que la coalición de derechas obtuvo una amplia victoria, de nuevo fue elegido diputado por Vizcaya.

En 1931 aceptó el nombramiento de presidente de la empresa Unión Cerrajera de Mondragón, que dio trabajo a cientos de empleados hasta que la crisis económica hizo caer las ventas. En una conferencia pronunciada en el CEU en 2009, Oreja Aguirre explicó que, desde finales del XIX, Mondragón es "el centro más representativo del desarrollo industrial del País Vasco". A la llamada de las fábricas acudieron obreros de la región y de otras partes de España.

Campaña de difamaciones

A diferencia de lo que ocurría en otros pueblos, como Azcoitia y Deva, que seguían siendo mayoritariamente carlistas, en Mondragón aparecieron distintas ideologías que dividieron a los vecinos: carlistas, republicanos burgueses, anarquistas, socialistas, abertzales, comunistas..., con sus sindicatos, sus cajas de asistencia y sus periódicos. De las elecciones municipales de 1931 surgió un ayuntamiento atomizado: cuatro concejales republicanos, cuatro carlistas, tres del PNV, dos socialistas y uno de Acción Nacionalista Vasca. La alcaldía quedó en manos del republicano Eugenio Resusta.

Los comunistas, no más de sesenta, recurrían con frecuencia a la violencia en las calles de Mondragón. Como en otros pueblos vascos, abundaban las peleas, las bofetadas y hasta los tiroteos, debido a que los carlistas y, a veces, los peneuvistas respondían a las provocaciones de las izquierdas.

La apología de la violencia practicada por los dirigentes de izquierdas para preparar a sus bases para el golpe de estado incluía la denigración de sus enemigos, a fin de que resultara admisible su liquidación. De Oreja se dijo que había dicho que los republicanos de Mondragón comerían hierba, porque él no les daría empleo. El resultado es que al político carlista le empezaron a llegar anónimos que decían, por ejemplo: "Pronto te pondremos calcetines blancos".

Cinco pistoleros para apresarle

Aunque la Revolución de Octubre se centró en Asturias y Barcelona, este golpe de estado que comenzó el 5 de octubre dejó muertos en 26 provincias. Según los datos oficiales que recoge Pío Moa en Los orígenes de la guerra civil española, hubo 1.375 muertos y unos 3.000 heridos. Más de la mitad de los fallecidos se contaron en Asturias: 855. En Barcelona hubo 107 muertes; en Madrid, 34; en León, 15; en Santander, 10, y en Vizcaya y Guipúzcoa, 40 entre las dos.

Los izquierdistas, mandados por Celestino Uriarte, se hicieron con Mondragón al amanecer del día 5, de acuerdo con un plan minucioso. Confiscaron las escopetas de las dos armerías del pueblo y de los vecinos cazadores; requisaron leche a los caseros; asaltaron el economato de la Unión Cerrajera; destrozaron la central telefónica, situaron patrullas en los accesos al pueblo y empezaron el asedio al cuartel de la Guardia Civil.

Con el pueblo controlado, los golpistas pasaron a la captura de los enemigos que figuraban en sus listas negras. Ocho socialistas y comunistas armados se presentaron en la casa del suegro de Oreja; allí se encontraban el diputado y su mujer, embarazada de cinco meses. Los Oreja habían oído los disparos y sabían lo que estaba ocurriendo. No tenían armas ni medios para escapar, de modo que rezaron el rosario y esperaron lo que viniese.

Los milicianos se llevaron a Marcelino a la casa del pueblo, el cuartel general de los sublevados. Pasaron unas horas en las que a éste le daban consejos del estilo de: "Reza lo que sepas porque te vamos a matar". Cuando Uriarte supo que se acercaban a Mondragón tropas del Regimiento Flandes de Vitoria, al mando de Camilo Alonso Vega (futuro ministro de Gobernación de su compañero Francisco Franco), ordenó la huida de los bravos socialistas, aunque no sin eliminar antes a los enemigos de clase.

Asesinado por la espalda

Así describe Oreja Aguirre el asesinato de su padre:

Alguien alertó a los revolucionarios de que llegaban al pueblo tres camiones con soldados procedentes de Vitoria. Algunos comenzaron entonces a organizar una especie de defensa, volcando camiones frente a la Casa del Pueblo, para atrincherarse en su interior. En medio de aquel revuelo, según cuenta uno de los participantes en el apresamiento de mi padre, Jesús Trincado, militante ugetista, apareció un tipo a quien éste denomina "peligroso fanático", a quien no identifica pero que he sabido que se apellidaba Ruiz, y preguntó al jefe de la banda: "Celestino, ¿qué hacemos con éstos?", refiriéndose a los tres que estaban detenidos. El líder revolucionario Celestino Uriarte contestó: "Llevarlos detrás" (sic). Los sacaron por la puerta trasera de la Casa del Pueblo, hacia una huerta, y les dijeron que subieran a un murete de poco más de un metro de altura. Azcoaga trepó el muro y se volvió para ayudar a mi padre a pasarlo. Detrás iba Resusta. Entonces sonaron las descargas. Azcoaga pudo escapar, Resusta quedó muerto en el acto y mi padre resultó malherido, con los brazos abiertos en cruz. Presentaba cuatro heridas: un tiro de pistola en la columna vertebral, otro en la cabeza, un tercero en la mano y el cuarto, de escopeta, en el brazo derecho.

Un abertzale, Pedro Lizarralde, acudió al padre José Marquiegui a que le diese la extremaunción para Oreja. Después, unos carlistas recogieron al moribundo y lo llevaron a su casa, donde lo recibió su esposa. Falleció a los pocos minutos. Marquiegui fue uno de los catorce sacerdotes vascos fusilados por el bando nacional debido a su militancia política en el PNV: murió en Oyarzun el 25 de octubre de 1936. (Como vivimos en tiempos de memoria histórica, hay que recordar otros hechos: sesenta sacerdotes fueron asesinados en Guipúzcoa y Vizcaya entre julio de 1936 y el verano de 1937).

Indulto para los asesinos

Los militares rodearon la Casa del Pueblo. Al amanecer tomaron el edificio sin resistencia, porque no había nadie. En el interior se hallaron 11 botellas de líquido inflamable, 41 granadas, 244 cajas de cartuchos, 13 sacos de perdigón, una pistola, un revólver y 13 escopetas de caza.

La conquista del poder por el Frente Popular en febrero de 1936 hizo que todos los implicados en los asesinatos de Mondragón fuesen indultados y quedasen libres para seguir preparando la revolución. Celestino Uriarte, el jefe de los golpistas, murió en 1979 y, pese a su pasado de terrorista, todavía recibe homenajes.

El secuestro y asesinato de Oreja tiene mucho en común con otro que se cometió en 1977. Unos miembros de ETA –cuyo lema es "Independencia y Socialismo"– se presentaron en el domicilio del empresario Javier Ybarra Bergé en Guecho y le apresaron delante de su familia. Después de unas semanas de secuestro y tortura, lo asesinaron de un balazo en la cabeza.

El perdón de unos y el rencor de otros

Como harían décadas más tarde muchas viudas de víctimas del terrorismo etarra, la viuda de Marcelino Oreja marchó a Madrid, donde nació su hijo. De ella, su hijo aprendió el recuerdo del padre ausente y el perdón a sus asesinos.

El PSOE jamás ha mostrado arrepentimiento por estos crímenes. Como ha contado el ex ministro José Manuel Otero Novas, en abril de 1976 varios ministros pidieron a Felipe González y otros jerarcas socialistas que eliminasen de un libro en preparación una reivindicación de su golpe de estado de 1934. Se negaron.

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