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SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Soldados polacos: sangre sin recompensa

Los polacos fueron, junto con los judíos, los grandes perjudicados de la II Guerra Mundial. Combatieron desde el primer día hasta el último; de nada les sirvió. En agosto del 39 la Alemania nazi y la URSS se repartieron Europa del Este en esferas de influencia (término acuñado en 1944 por Churchill en sus tratos con Stalin) y Polonia fue repartida por cuarta vez. Los Aliados reconocieron a Stalin las fronteras que le concediera Hitler y le permitieron establecer un régimen títere en Varsovia.

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En Europa, la Segunda Guerra Mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939, cuando el Ejército alemán cruzó las fronteras polacas, y acabó en mayo de 1945. En esos casi seis años, el único pueblo cuyo territorio fue ocupado y cuyos miembros murieron en combate desde el primer día hasta el último fue el polaco.

Polonia rechazó las reclamaciones alemanas porque Francia y el Reino Unido se habían comprometido a defenderla; asimismo, estaba en vigor el acuerdo de no agresión que había suscrito con la URSS en 1932, acuerdo que renovó en 1938. Varsovia, Londres y París establecieron planes militares conjuntos. Los Aliados estaban convencidos de que el Ejército polaco, formado por 800.000 soldados y con experiencia de combate (contra soviéticos, lituanos y checos), podría resistir a los alemanes.

Para sorpresa de todos, el Ejército alemán, integrado por millón y medio de hombres, rebasó las defensas polacas y sitió Varsovia ya el 8 de septiembre. Unos días después, el 17, con todo el dispositivo militar polaco volcado hacia el oeste, la URSS declaró la guerra a su ya invadido vecino con la excusa de proteger a las minorías ucraniana y bielorrusa; la atacó con 600.000 soldados. A principios de octubre los polacos se rindieron.

Enseguida empezaron las deportaciones, las matanzas, los encarcelamientos. En la zona oriental, anexionada por la URSS, docenas de miles de militares, profesores, intelectuales, funcionarios y sacerdotes fueron internados en campos de concentración. El 5 de marzo de 1940 Stalin, Molotov y otros miembros del Politburó soviético aprobaron la propuesta del jefe de la NKVD, Laurenti Beria, de eliminar a los "elementos nacionalistas y contrarrevolucionarios" polacos apresados. Comenzó así la primera matanza de prisioneros militares de la Segunda Guerra Mundial. Los bolcheviques asesinaron a más de 20.000 personas en diversos lugares, aunque el genocidio se conoce con el nombre de uno solo: el bosque de Katyn (Smolensko), donde cayó en torno a la quinta parte del total.

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En otoño de 1939, en París, se formó un Gobierno polaco en el exilio, con Wladyslaw Raczkiewicz como presidente y el general Wladyslaw Sikorski como primer ministro. La bandera polaca siguió ondeando en los campos de batalla gracias a los restos de las fuerzas armadas que engrosaron la resistencia. Así, varios buques de la pequeña armada polaca se refugiaron en Gran Bretaña, y un centenar de pilotos escapó a Rumania, desde donde pasó a Francia. Por cierto, en la defensa del Hexágono participaron 50.000 polacos. La primera operación militar conjunta entre Polonia, Francia y el Reino Unido fue el desembarco en Narvik (Noruega), en abril de 1940: los polacos aportaron una brigada de montaña, la Podhale, y varios buques de guerra.

Después de la rendición de Francia, Inglaterra bregó sola con Alemania durante más de un año. En ese tiempo sólo contó con la ayuda de voluntarios de los países ocupados. Con los pilotos polacos, la Real Fuerza Aérea británica formó dieciséis escuadrones de caza y bombardeo, que participaron en la Batalla de Inglaterra. La unidad con mejor porcentaje de derribos fue el Escuadrón 303 de Caza, formado exclusivamente por polacos. La última misión de combate del Escuadrón 300 de Bombardeo consistió en el ataque al refugio de Hitler, en Berchtesgaden, realizado por 14 aviones Lancaster el 25 de abril de 1945. En la lucha contra los submarinos del almirante Erich Raeder participaron varios buques de superficie y submarinos polacos. En cuanto a la Marina polaca, arrendó a la inglesa diversos barcos, de modo que en 1945 sumaba 4.000 marineros en 15 naves (un crucero, seis destructores, tres submarinos y cinco lanchas), que desplazaban más de 18.000 toneladas.

Stalin.Desaparecidos en Manchuria

La invasión de la Unión Soviética por el Eje, en junio de 1941, salvó a miles de polacos de morir mediante el método NKVD del tiro en la nuca. Stalin aceptó amnistiar a los deportados supervivientes y formar con ellos un ejército. Ya entonces los delegados del Gobierno polaco reclamaron al genocida comunista por sus compatriotas desaparecidos. Stalin replicó con desgana que esos 20.000 hombres habían escapado de sus cárceles en Ucrania y Bielorrusia y huido ¡a Manchuria!

En abril de 1943 los alemanes descubrieron las fosas de Katyn, y dieron cuenta de su hallazgo a la opinión pública mundial. Un corresponsal español escribió que esas muertes eran idénticas a las de Paracuellos y las chekas. Sin embargo, la propaganda comunista culpó del exterminio a los nazis hasta 1990.

Este genocidio y la cuestión de las fronteras fueron los dos asuntos que agriaron las relaciones del Gobierno legítimo polaco con los Tres Grandes (Churchill, Roosevelt y Stalin). Al principio de la guerra Londres y Washington habían reconocido el derecho de Polonia a su integridad territorial y a sus fronteras de 1939; pero a medida que el concurso de los soviéticos para derrotar al III Reich se hacía más necesario, y que Stalin conseguía seducir al progresista Roosevelt, estos compromisos se olvidaron por mor del realismo. La muerte del general Sikorski, el 4 de julio de 1943 en un accidente de aviación en Gibraltar de cuyas causas aún se duda, empeoró la situación de los polacos en la inestable coalición anti-nazi.

Los polacos siguieron acudiendo a campos de batalla como los de Tobruk (Libia) y Normandía (Francia). La más sangrienta de las campañas en que participaron fuera de su país fue la que tuvo por objeto la captura del monasterio de Montecassino (Italia), una decisión errónea del mando aliado. Los alemanes se habían comprometido a no ocupar ni artillar el monasterio, pero los norteamericanos lo bombardearon el 15 de febrero de 1944, y dos días después una división de paracaidistas alemanes ocupó las ruinas. Montecassino soportó varios ataques, y sólo cayó a mediados de mayo. El último lo realizaron soldados del II Cuerpo polaco. Su jefe, el general Anders, sabía de los riesgos, pero entendía que los polacos tenían la oportunidad de demostrar "de una vez por todas" que los soviéticos "mentían" al acusarles de no querer combatir contra los alemanes. La primera bandera aliada que ondeó sobre las ruinas del monasterio fue la polaca.

Excluidos del desfile de la victoria

En el verano de 1944, y coincidiendo con la Operación Bagration, que causó más pérdidas a los alemanes que la batalla de Stalingrado, Stalin constituyó en la ciudad de Lublin el Comité Polaco de Liberación Nacional, integrado por comunistas y cuyo objetivo era rivalizar con el Gobierno polaco en el exilio. Cuando estalló la rebelión de Varsovia, y pese a las súplicas del Gobierno polaco a los Aliados, Moscú no permitió que se prestase ayuda a los sublevados.

En la desastrosa Operación Market Garden, entre las unidades paracaidistas que se lanzaron tras las líneas alemanas estaba la brigada mandada por el general Sosabowski, quien en las reuniones del mando había señalado los defectos del plan. El autor del mismo, el mariscal Montgomery, escogió a los polacos como cabezas de turco y escribió que lucharon mal.

El abandono británico afectó incluso a los veteranos que habían contribuido a salvar al Reino Unido de Hitler. El 8 de junio de 1946 se celebró un gran desfile en Londres con unidades tanto británicas como extranjeras. Como el Gobierno de Churchill había reconocido al Gobierno polaco títere de Stalin en julio de 1945 –un día después de que lo hubiera hecho Estados Unidos–, no se creyó prudente invitar a los militares que obedecían al Gobierno en el exilio. Sólo recibieron invitación los miembros de la RAF, que tuvieron la decencia de rechazarla.

Cerca de 228.000 polacos habían combatido codo con codo con los Aliados, pero la sangre polaca fue cubierta por el serrín del olvido y la Realpolitik. Polonia recibió tierras alemanas en compensación por las que le arrebató Stalin y cayó bajo una dictadura comunista. Por el contrario, Francia, que hizo mucho menos por la victoria, obtuvo no sólo su libertad, también una serie de privilegios inconcebibles por la bravura de sus soldados en la contienda: participación en las negociaciones de paz, derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, recuperación de su imperio colonial...

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