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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Existió el rey Arturo? (y II)

Segunda entrega del enigma de la historia de César Vidal dedicado a la existencia del rey Arturo. Los mitos artúricos han alimentado la imaginación humana de manera creciente y polimórfica. En esta ocasión, Vidal aborda tanto la vida privada de Artorius –incluido el supuesto adulterio de Ginebra–, como la leyenda de la ciudad de Camelot.

Mientras Artorius combatía contra los invasores bárbaros procedentes de Irlanda –sin duda, un episodio que los nacionalistas irlandeses no desearían recordar– tuvo lugar la muerte de Aurelio, el Regissimus Britanniarum. Artorius era el sucesor designado pero para que la transición se llevara a cabo sin complicaciones estaba obligado a rendirle honores funerarios y, especialmente, a recorrer las distintas guarniciones militares para asegurarse su lealtad. De este período parten precisamente dos de los elementos más conocidos del ciclo artúrico: el establecimiento de su capital en Camelot y la creación de una orden de caballería. El invierno de 491 lo empleó Artorius en la visita a los distintos contingentes de tropas y, acto seguido, estableció la sede de su gobierno en Camulodunum, una base que estaba conectada con una red de calzadas romanas. Sería precisamente este enclave el que pasaría a la leyenda como Camelot aunque debe indicarse que Artorius lo cambiaría en el futuro.
 
Aún más interesante es el origen de la leyenda referente a una orden de caballería. La lucha contra los bárbaros irlandeses había ocasionado, como ya vimos, un número considerable de bajas a las fuerzas de Artorius y, al parecer, éstas fueron especialmente elevadas en lo que a las fuerzas de caballería romano-britana se refiere. Urgía, por lo tanto, renovar un cuerpo de jinetes que –resulta comprensible– los narradores posteriores convertirían ya en caballeros. No deja de ser significativo que incluso en algunos de los caballeros legendarios del rey Arturo pueda rastrearse a los hombres que sirvieron a las órdenes de Artorius. Por ejemplo, el famoso sir Kay quizá fuera Cayo, uno de los oficiales de Artorius; Bedwyr pudo ser el romano Betavir y Gawain seguramente fue Valvanio Vorangono, sobrino de Artorius.
 
Los contingentes de caballería resultaron eficaces porque en 493 Artorius logró un triunfo resonante contra los anglos en la batalla de la colina de Badon. Difícilmente puede infravalorarse esta victoria porque aseguró la paz con los anglos durante medio siglo. Los restos arqueológicos son bien reveladores al respecto pero apenas nos pueden transmitir el tremendo impacto emocional que causó esta batalla entre los contemporáneos de Artorius. Para ellos, seguramente fue un claro ejemplo de cómo la Luz vencía a las Tinieblas, la Civilización a la Barbarie y Cristo a los dioses paganos. Parece ser que Artorius chocó ocasionalmente con algunos monasterios pero su relación con la iglesia fue muy fecunda y él mismo era considerado –y se consideraba– un cristiano devoto. El período de paz que se produjo después de la batalla de Badon encaja, por lo tanto, en la época de esplendor y paz de las leyendas artúricas, esplendor y paz logrados –no lo olvidemos– por la acción de sus caballeros. No son estos los únicos paralelos bien significativos entre Artorius y Arturo. Pasemos a su vida privada.
 
El ciclo artúrico habla del matrimonio del monarca con Ginebra y del adulterio ulterior de ésta. La base real de la leyenda es obvia. En la realidad, Artorius se casó dos veces. Su primera esposa fue Leonor de Gwent. Que ese matrimonio no duró resulta indiscutible aunque no es fácil saber si Artorius se divorció de ella –la práctica del divorcio no planteó problemas canónicos hasta muy avanzada la Edad Media y aún entonces sólo en el cristianismo occidental– o si Leonor lo abandonó, lo que podría ser la base de la leyenda del adulterio regio. La segunda esposa de Artorius sí se llamó Ginebra. Al parecer, era de ascendencia romana y había sido criada en la casa de Cador, el magíster militum de Artorius. El matrimonio debió celebrarse en torno al 506.
 
El enlace con Ginebra fue muy cercano temporalmente –nueva coincidencia– a la proclamación de Artorius como imperator en una nueva capital situada ahora en Luguvalium. El título era honorífico y, generalmente, sólo implicaba la obtención de una gran victoria militar lo que, en realidad, había sido cierto. Sin embargo, no puede descartarse que Artorius intentara cimentar un nuevo orden político ahora que resultaba obvio que el imperio romano de occidente –desaparecido en el año 476– no iba a volver a existir. Que Artorius tenía razón al actuar así es obvio para nosotros que conocemos la Historia posterior pero, desde luego, distaba mucho de ser tan claro para sus contemporáneos. De hecho, fueron varios nobles romanos los que se opusieron directamente a las acciones de Artorius. Su peor adversario fue Medrautus Lancearius –el Mordred de la leyenda– que era hijo del rey norteño Dubnovalo Lotico y de Ana Ambrosia, la hija de Aurelio. Dado que Artorius había sido adoptado por Aurelio cuando era joven, Medrautus Lancearius era su sobrino y su madre, una hermana de Artorius... exactamente igual que en las leyendas artúricas. Medrautus contaba además con un enorme ejército al que había incorporado escoceses, irlandeses, anglosajones y otros enemigos de Artorius.
 
En el año 514, Artorius, con una parte de sus fuerzas, abandonó una campaña que mantenía contra los bárbaros y se dirigió hacia su capital. Medrautus lo esperaba para aniquilarlo. El primer choque tuvo lugar en Verterae y concluyó con una victoria de Artorius. Sin embargo, Medrautus logró romper el cerco y escapar. Perseguido por Artorius, se dirigió hacia el norte, hacia la fortaleza romana de Camboglanna –la Camlann de las leyendas– situada en el muro de Adriano. Allí –en un enclave conocido actualmente como Birdoswald– se produjo el enfrentamiento decisivo con Artorius.
 
El combate se mantuvo indeciso durante bastante tiempo pero, finalmente, Artorius lanzó una carga de caballería (los caballeros, otra vez) contra las fuerzas enemigas que se vieron aniquiladas resultando muerto Merdrautus. La victoria fue indudable pero el coste no resulto pequeño. La necedad de Merdrautus –que hubiera sido designado seguramente heredero por Artorius y que, por lo tanto, hubiera obtenido lo que deseaba evitando la guerra– ocasionó la muerte de Artorius herido en la batalla. Aún agonizante, Artorius fue llevado a Aballava, un fuerte romano situado en el Muro de Adriano. La leyenda posterior convertiría este enclave en la isla de Avalón, que es la actual Glastonbury. Era el año 514 y con el fallecimiento de Artorius, la lucha para defender Britania del paganismo y de la barbarie llegaba a su fin. Ni la civilización romana ni el cristianismo iban a contar ya con una defensa eficaz en mucho tiempo. Comenzaba la "Edad Oscura".  Sin embargo, el esfuerzo de Artorius había sido tan titánico y sus metas – la defensa de la paz, el orden, el imperio de la ley y el cristianismo –habían rezumado tanta nobleza que la leyenda se apropiaría del personaje convirtiéndolo en un símbolo nacional. Según la leyenda, las hadas cuidan de él en la isla de las manzanas –Avalón– y de allí regresará, valiente y victorioso, si algún día Inglaterra ve cernirse sobre ella una amenaza similar a la de los bárbaros que antaño derrotó el inigualable caudillo.

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