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Estatuto catalán

Reír por no llorar

Contaba Josep Pla que la gran obsesión de don Luis Araquistain, ponente constitucional de la cuerda de Largo Caballero, era definir a España como una República de trabajadores. Y que harían falta meses de encendidos debates, mil cumbres de alto nivel y otros tantos borradores provisionales hasta que la crítica cuestión se resolviera con la siguiente fórmula transaccional: España es una República de trabajadores de todas las clases. “El caso es pasar el rato”, concluía el maestro.
 
Fiel a esa tradición patria y como broche de oro a un bienio negro de cavilaciones, mañana, el Parlament, solemnemente presidido por un jardinero municipal de Reus, votará que el Estado español se constituye en una federación de pueblos, tribus y hordas; que los catalanes nos autodeterminamos cuando nos da la gana; y que, por ley, todos los nativos soñaremos por las noches con una Cataluña interdependiente por libre (o algo así). Lo dicho, hay que entretenerse. Ya en 1931, otro ocioso, el tribuno radical-socialista Pérez Madrigal, explicó a mi tocayo ampurdanés cómo se larvan tan graves arbitrios: “En Ciudad Real no he hecho más que hablar de política toda la vida. Ahora soy diputado, y para hacer lo que he hecho siempre me dan mil pesetas. ¡Qué sueño, qué delicia!”.
 
Otrosí, ordena y manda el preámbulo del Estatut que desde la frontera del Ebro hasta la desembocadura del Llobregat, emergerá “una democracia de más calidad”, en razón de que “la tradición política de Cataluña ha subrayado siempre la importancia del saber y la educación”. Y como muestra de la Icaria ilustrada que se nos viene encima, ahí van dos botones. El primero: Los siete millones de catalanes acabamos de recibir una carta del Muy Honorable presidente de la Generalidad en recabo de complicidad con su asonada, plagada de faltas de ortografía (por lo que se ve, su filósofo de cámara, el Hegel del Bocaccio, ignora que tras los signos de interrogación y exclamación jamás se puntúa, ni en catalán ni en castellano).
 
Y el segundo: Hoy, augura la web del PSC el alumbramiento seguro del soberano engendro golpista, al contar con la bendición mitrada de nada menos que… Guiomar Eguillor, la astróloga más progresista de los Países Catalanes. La conjunción en Libra de Sol, Mercurio, Júpiter y Cielo, que cuajará el viernes según la pitonisa, así lo hace presagiar a ojos de esos legatarios de Voltaire y D´Alembert. El asunto, como se ve, continúa siendo no aburrirse.
 
Dispónganse, pues, a contemplar el mayor espectáculo del mundo. La función va a comenzar. Está a punto de izarse el telón. Pasen y vean, señores. En unos instantes, les sorprenderemos con el más difícil todavía de la pornografía identitaria y el rizó mejor rizado del sentimentalismo más vomitivo elevado al cubo patriotero y multiplicado por las cuatro barras. Hasta llegar a la suprema traca final: el Gran Mago Mas con su conejito misterioso en la chistera. Venga, distinguido público, apréstese a reír. Aunque sólo sea por no llorar.