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José Blanco es una prueba viva de la eficiente asignación de los recursos humanos en nuestras organizaciones políticas. Nadie mejor que él para el cargo que ostenta. Si un partido sectario hasta la médula y volcado en la destrucción de su único adversario pusiera al frente de su Secretaría de Organización a un hombre cabal y decente, los objetivos del PSOE, lejos de acercarse, se alejarían. Si el puesto recayera en un hombre culto y capaz, no encajaría con un partido que chapotea feliz en la charca de la ignorancia, que tiene en la miseria intelectual el combustible de su propaganda y en la incapacidad gestora el contrapunto de su intervencionismo clientelista.
Cuando José Blanco afirma que las víctimas civiles del Líbano no son daños colaterales sino un objetivo buscado por Israel, no es José Blanco el que habla sino el Partido Socialista. El judío como esencia de la maldad, el judío conspirador siempre cargado de intenciones perversas, el judío culpable por definición forma parte nuclear del imaginario progre español como antes la ha formado de otros constructos ideológicos explosivos. Blanco emite sonidos que forman frases preñadas de anacolutos, con la fonética hecha pedazos, pero es un puro médium; por su boca habla la izquierda española, que se ha hecho una composición maniquea y bidimensional de un laberinto endiablado cuya comprensión exige lecturas, y eso ya es demasiado.
Pudiéndose culpar sin más a los judíos y a los americanos, pudiendo descargar en los que Zerolo llamó "señores de la mierda" las emociones bastardas, la repentina consternación por sucesos cuya etiología el progre desconoce y de cuyos protagonistas no puede dar razón, se recogen inmediatos y sustanciosos réditos electorales. ¿Por qué habría que cambiar? ¿Por qué habría que pensar?
La deriva antisemita del PSOE, con sus manifestaciones e insultos, con su atribución de maldades gratuitas a Israel, granjea muchas adhesiones internas a Rodríguez. Adhesiones fáciles cuya sensibilidad a ciertos estímulos rudimentarios quedó probada con la explotación política de la masacre de Atocha. El catecismo progre es corto y plano: Bush mal, Israel mal, derecha mal, España sin adjetivar mal, Castro bien, gente del cine bien, España plural bien, islamismo bien, ETA bien: a estas profundidades de la estulticia y de la iniquidad han llegado. Blanco es su voz y Rodríguez su maniquí camaleónico.
Sólo hay que esperar los efectos que en el exterior va a tener pronto esta toma de posición que coloca a España a la altura de Irán. Efectos que llegarán, y no es para alegrarse. Ojalá despertara aquí y ahora el nervio español que a veces sorprende al mundo, y la sociedad le dijera fuerte y claro al gobierno antisemita del PSOE que por esa senda de ignominia no les seguimos, que no nos contaminamos con ellos, que todos somos judíos. Dejadme la esperanza, que diría Miguel Hernández.

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