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Rodríguez Zapatero

El niño

En relación con el desplante de Rodríguez a Polonia, recibo por Internet este comentario: "El niño José Luis Rodríguez Zapatero no ha podido ir hoy a clase por encontrarse cansado y haber dormido mal. Firmado, su mamá". La broma tiene alguna gracia, pero la pierde cuando uno se percata de que los indicios de infantilismo en nuestro flamante presidente son bastante reales. Les recomiendo repasen la escena de su comparecencia ante la comisión de las Cortes cuando, acosado por Zaplana, quiere tomar la iniciativa y acusa a Aznar de "engañar masivamente" a la población. Son gestos y visajes algo extraños, parecidos a los de un niño enrabietado que no quiere dar su brazo a torcer y es incapaz de ver algún interés más general que su dignidad herida. Como es una puerilidad una comparecencia de catorce horas, en su mayoría completamente innecesarias para aclarar nada, y cuyo sentido no se entiende si no es por la tonta satisfacción de romper la marca de once horas de Aznar. No es de extrañar que al día siguiente estuviera cansado. Ni deja de ser una puerilidad el gesto de no levantarse al paso de la bandera useña.
 
Por supuesto, lo de los gestos resulta lo de menos. Lo importante es que las groserías y actitudes grotescas de están saliendo bastante caras a España, aparte de dar una imagen internacional realmente penosa de nuestro país, gobernado por alguien tan falto de seriedad y de talante adulto. Se ha dicho que Rodríguez sufre en las relaciones internacionales porque no sabe idiomas, pero no saber idiomas carece de importancia siendo el español uno de los más hablados del mundo y habiendo como hay excelentes traductores. Más bien debe tratarse del respeto cada vez menor que Rodríguez despierta en sus interlocutores. Putin le cantó en la cara una gran verdad al declarar que los terroristas no debían tener el poder de cambiar la política de un país, y no podía esperar un tratamiento mejor en Polonia, a cuyas tropas en Irak dejó Rodríguez al descubierto, además de traicionar el pacto polaco con España para obtener ambos países mayor peso en la UE. Hoy, aparte de los Chávez y los Castro, admiradores de la línea "revolucionaria" de nuestro talanteño, o de gente como "El Egipcio", sólo Chirac o Schröder le tratan con afecto, un afecto condescendiente, eso sí. Para éstos, tener en calidad de peón servil a un país como España no deja de ser una bicoca muy de agradecer.
 
Las declaraciones ideológicas o de política general de Rodríguez –el socialismo libertario, el feminismo, la llamada a los jóvenes a recuperar la ilusión del 82 (una perfecta ilusión, en efecto), y tantas otras frases por el estilo– testimonian unas ideas más que elementales, simplonas. Culminadas a última hora en su "alianza de civilizaciones", nada menos. El estadista tiene grandes aspiraciones, eso ocurre mucho en la infancia.
 
Quien parece haber calado al personaje desde el primer momento fue Mohamed VI. Cuando, en un acto de auténtica traición a los intereses españoles, Rodríguez fue a Rabat a congraciarse con el tirano marroquí, éste lo hizo fotografiar bajo un mapa en que las Canarias tenían el mismo color que Marruecos. Allí quedó retratado el chico para la posteridad. Ese presidente tenemos en unos momentos de crisis cada vez más aguda para España. Podría parecer risible, pero maldita la gracia. Salvo para los enemigos de nuestro país y de la libertad.