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El Rey y Zapatero

La ilegitimación

Un Gobierno se ilegitima cuando incumple la ley, aunque gane las elecciones. Así lo hizo el Frente Popular, lo hizo Hitler o lo está haciendo el Gobierno actual. Por la vía de los hechos consumados y de las intrigas con los separatistas y terroristas, está convirtiendo a España en una confederación, liquidando la nación española y la Constitución. Ni más ni menos.

En este contexto, Juan Carlos ha tomado partido por el Gobierno golpista: el actual jefe del Ejecutivo, a su juicio, "sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro." ¿Qué ha inducido a Juan Carlos a un compromiso tan claro, ilegitimador para él mismo, para su papel neutral y equilibrador aun si no se tratase de un Gobierno golpista? Cuando las grandes movilizaciones y protestas contra la política del Gobierno, el Rey no dijo palabra, y se aceptó, en general, que su silencio podía responder a una concepción, algo exagerada dadas las circunstancias, pero comprensible, de su neutralidad en las contiendas políticas. En cambio ahora no tiene ningún escrúpulo en respaldar al Gobierno, saltándose por completo los principios de su función.

El movimiento de Juan Carlos resulta aún más extraño por cuanto el Gobierno nada tiene de monárquico. Su jefe, en las ceremonias oficiales, procura dejar claro, con el lenguaje de los gestos, su distanciamiento y hasta falta de respeto con relación a la corona. Porque Zapo se siente republicano y porque el Rey viene del franquismo, como la democracia, y ello le ilegitima, según implica claramente la ley de memoria histórica. ¿Quizá Juan Carlos –por otra parte de vida privada tan vulnerable– está tratando a la desesperada de preservar la monarquía sometiéndose a las exigencias de quienes sin ambages se proclaman "rojos", "enterradores de Montesquieu" e identificados con el Frente Popular? ¿De quienes planean, antes o después, acabar con la monarquía? Es una posible explicación, que, por supuesto, no justifica nada y mucho menos legitima tales actos.

No fue un golpe de estado republicano el que derribó en 1931 a la monarquía, sino un golpe de estado monárquico, dado por la camarilla del Rey y el Rey mismo contra su propio sistema y sus propios votantes. Parece que la historia tiende a repetirse.