
Salvo algún remoto milagro, Venezuela entrará el 9 de diciembre de 2007 en la órbita de las repúblicas socialistas-totalitarias con un Chávez eternizado en el poder.
El 15 de agosto de 2007 pasará a la historia negra de Venezuela. Durante cinco horas y diez minutos, la noche de ese miércoles, quien comanda al país planteó su propuesta de "reforma" constitucional.
Este agosto negro, con modificaciones a 33 artículos del texto Constitucional, Chávez propuso desdibujar el Estado democrático para transformar, en su esencia, la naturaleza del sistema político, económico y social de Venezuela.
Un punto previo que se debe dejar claro es que esta propuesta de reforma de Chávez es, en sí misma, inconstitucional. Los principios fundamentales de la Constitución sólo pueden ser tocados por una Asamblea Constituyente.
Las propuestas enunciadas por el mandatario trajeron pocas sorpresas, ya que un documento filtrado a la opinión pública había adelantado muchas de ellas. Ahora, Chávez dejó bien claro el rumbo al que quiere dirigir al país.
En esencia, y aunque parezca imposible, concentraría aún más el poder político y económico en el presidente, y se le daría a éste un control casi total en lo social.
Entre las pocas sorpresas que trajeron los anuncios resaltan:
Ahora le toca el turno a la "roja, rojita" Asamblea Nacional de darle palo a la Constitución y a la Democracia. No es de dudar que dentro de tres meses ya estarán aprobadas las reformas propuestas (tal vez con algún cambio cosmético "para lavarse la cara"), por la mano alzada de manera unánime de los parlamentarios.
Salvo algún remoto milagro, Venezuela entrará el 9 de diciembre de 2007 en la órbita de las repúblicas socialistas-totalitarias con un Chávez eternizado en el poder. En el país no se percibe que exista ni un liderazgo opositor con suficiente arraigo popular y credibilidad, ni un poder electoral independiente que pueda evitar la destrucción de la República.
© AIPE
Robert Bottome es director de VenEconomía.