No eres, Rajoy, un líder atractivo,
ni un firme candidato carismático.
No eres esplendoroso y mayestático,
ni un campeón guerrero y combativo.
No eres un adalid imperativo,
ni un capitán intrépido y enfático.
No eres un terremoto democrático
ni un ídolo eficiente y revulsivo.
Eres un tanto pánfilo de aspecto,
con aire paternal y circunspecto
de señorón antiguo y demodé.
Pero, aunque no te encumbre ni te alabe,
te votaré, Rajoy, para que acabe
la atroz calamidad de Zetapé.

Los enigmas del 11M
¡Descubre el nuevo Ford Mondeo!
La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
