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Gonzalo Castañeda 

Autonomías NO, pero las "perritas" Sí.

La hipocresía política.

La coherencia en política cotiza a la baja, pero el caso de Vox en Canarias demuestra un nivel de cinismo que merece un escrutinio severo. Las recientes informaciones sobre su sistema de recaudación exponen una contradicción absoluta, ya que un partido cuyo discurso exige hacer desaparecer el sistema de las autonomías se dedica precisamente a exprimir los recursos de esas mismas administraciones. Exigir a sus representantes en las instituciones públicas un diezmo del 30 por ciento de lo que genera su representación en algunas de las instituciones que ellos quieren eliminar es una anomalía si se compara con el resto de formaciones políticas nacionales, una práctica voraz que dinamita su credibilidad. Lo más grave es que estos pagos se justifican contra unas facturas por supuestos servicios de asesoramiento, marketing o prensa, conceptos que cualquiera que conozca el funcionamiento de Vox en Canarias tiene pleno derecho a poner en duda por su manifiesta irrelevancia o nula existencia.

Esta situación evidencia un trato colonial inadmisible, pues el dinero de los impuestos de los canarios, en lugar de financiar el desarrollo, el crecimiento y el funcionamiento del partido en las islas, viaja directamente a Madrid. En la capital parece importar muy poco la realidad de un archipiélago que ha estado plagado de abandonos, deserciones y escándalos internos, y donde poco o nada se ha hecho para corregir las deficiencias denunciadas por tanta gente válida y respetable. Madrid funciona como un ente recaudador que ignora sistemáticamente a sus bases insulares.

Llama poderosamente la atención la defensa a ultranza que hacen sus votantes ante cualquier tema controvertido que afecte al partido de Bambú. Resulta muy curioso que quienes critican al votante socialista, acusándolo de sectarismo y de defender lo indefendible de sus líderes, actúen exactamente con el mismo fanatismo ciego. Cada vez que el periodismo honesto ejerce una mínima crítica, la respuesta habitual es el insulto y la descalificación personal o profesional, sin el más mínimo atisbo de juicio crítico. Esto demuestra una polarización evidente donde los partidos han dejado de ser herramientas políticas para convertirse en equipos de fútbol a los que se defiende pase lo que pase, con el corazón y con las tripas, anulando por completo la cabeza. Solo desde esa ceguera irracional se explica el ataque furibundo contra los profesionales de la información que, de forma escrupulosa, denuncian esta sangría económica y este evidente desprecio a Canarias.

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