
El periodismo en Canarias lleva demasiado tiempo arrastrándose por el fango de la complacencia y la sumisión. En este archipiélago, la verdad ha sido sistemáticamente secuestrada por una red clientelar que ahoga económicamente a quien disiente y premia con dinero público al cortesano. Ha llegado el momento de decir basta.
Es un secreto a voces que gran parte de las redacciones insulares han operado históricamente como meros apéndices del poder político de turno. El dinero de los contribuyentes, blanqueado bajo esa obscenidad institucionalizada que llaman "publicidad", ha comprado voluntades, anestesiado plumas y sepultado bajo llave los escándalos que, en cualquier democracia sana, deberían haber hecho caer gobiernos enteros. Han convertido a una parte fundamental de la prensa en un perro faldero que solo ladra, y bajito, cuando el amo se lo permite.
El diagnóstico es crudo, pero ocultarlo sería hacernos cómplices del mismo mal que denunciamos. En Canarias se ha instaurado un ecosistema donde el periodista incómodo es un paria y el propagandista servil es un referente. Los caciques locales, acostumbrados a gobernar sus feudos atlánticos sin que nadie fiscalice sus desmanes, han creído que la prensa era simplemente un gasto más en sus presupuestos de relaciones públicas.
Pero el monopolio de la narrativa oficial tiene los días contados. La independencia periodística no se mendiga en las antesalas de los despachos políticos ni se pacta en los reservados de los restaurantes. La verdadera independencia se ejerce con la brutalidad irrefutable de los hechos, caiga quien caiga.
Desde esta tribuna, el compromiso es innegociable. Vamos a ser libres.
No venimos a hacer amigos, ni a participar en el besamanos autonómico, ni a mendigar las migajas del poder a cambio de mirar hacia otro lado. Venimos a hacer periodismo. Y el periodismo, por definición, o es feroz, libre e incómodo, o es un simple boletín de propaganda.
Frente a la opacidad, exigiremos luz y taquígrafos sobre cada euro público malgastado. Frente al clientelismo, denunciaremos con nombres y apellidos a quienes han confundido las instituciones con su cortijo privado. Y frente al silencio cómplice, daremos voz a los hechos que otros, por cobardía o por la cartera, deciden callar.
Para aquellos que se han creído intocables en sus poltronas, parapetados tras el muro de una prensa domesticada, se acabó el recreo. Libertad Digital está aquí para ejercer el derecho a la crítica de forma implacable. Que se preparen, porque vamos a ser libres, y esa es, indudablemente, su peor noticia.
Director de Libertad Digital Canarias. Profesional del periodismo con 28 años de experiencia. Compatibiliza esta labor con la dirección de Es Radio Tenerife desde el inicio de la cadena y con la presentación en Canal 4 Televisión Tenerife.
