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El eclipse total de Sol que España llevaba 121 años esperando

El próximo 12 de agosto, España vivirá un acontecimiento astronómico que no se contemplaba desde la península desde hace más de un siglo.

El 12 de agosto, durante algo más de un minuto, la Luna ocultará completamente el Sol y, en plena tarde, el día parecerá convertirse en noche.

Millones de personas podrán presenciar uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza: un eclipse total de Sol.

Pero detrás de esa imagen hay mucha ciencia.

La Luna es unas 400 veces más pequeña que el Sol y, sin embargo, puede llegar a ocultarlo completamente.

¿Cómo es posible? ¿Por qué no sucede todos los meses? ¿Qué veremos durante la totalidad? ¿Y por qué este eclipse será un acontecimiento histórico para España?

¿CÓMO PUEDE LA LUNA TAPAR EL SOL?

El Sol tiene un diámetro cercano a 1,4 millones de kilómetros, mientras que la Luna apenas supera los 3.400.

La diferencia es enorme. Sin embargo, existe una extraordinaria coincidencia cósmica.

Aunque el Sol es aproximadamente 400 veces más grande que la Luna, también se encuentra unas 400 veces más lejos de la Tierra.

Por eso, cuando los observamos desde nuestro planeta, ambos presentan un tamaño aparente muy parecido.

No tienen el mismo tamaño, por supuesto, pero desde nuestra perspectiva parecen ocupar prácticamente el mismo espacio en el cielo. Y esa coincidencia permite que, durante unos instantes, la Luna encaje casi perfectamente delante del Sol y lo cubra por completo.

¿POR QUÉ NO HAY UN ECLIPSE TODOS LOS MESES?

Un eclipse solar se produce cuando la Luna se sitúa entre la Tierra y el Sol y proyecta su sombra sobre una pequeña zona de nuestro planeta.

Quienes se encuentran dentro de la franja central de esa sombra observan un eclipse total. Fuera de ella, el eclipse es parcial.

También existen los eclipses anulares. Se producen cuando la Luna está algo más alejada de la Tierra y su tamaño aparente no es suficiente para cubrir completamente el Sol. Entonces queda visible a su alrededor el conocido "anillo de fuego".

Pero si todos los meses tenemos Luna nueva y la Luna pasa entre la Tierra y el Sol, ¿por qué no se produce un eclipse cada treinta días?

La explicación está en la inclinación de la órbita lunar.

La órbita de la Luna está inclinada unos cinco grados respecto al plano por el que la Tierra gira alrededor del Sol. Puede parecer poco, pero es suficiente para que, la mayoría de los meses, pase ligeramente por encima o por debajo del Sol.

Solo cuando ambas órbitas coinciden casi perfectamente se produce la alineación necesaria.

Por eso, aunque cada año hay varios eclipses en algún lugar del planeta, un eclipse total visible desde un mismo punto puede tardar décadas, e incluso siglos, en repetirse.

Y eso es precisamente lo que convierte al eclipse del 12 de agosto de 2026 en un acontecimiento histórico.

Según el Instituto Geográfico Nacional, será el primer eclipse total visible desde la España peninsular desde 1905.

Han pasado 121 años. Varias generaciones enteras han vivido sin poder contemplar un eclipse total desde la península.

La banda de totalidad cruzará España de oeste a este. Entrará por Galicia y atravesará Asturias, Castilla y León, Cantabria, País Vasco, La Rioja, Aragón, Cataluña, la Comunidad Valenciana, el norte de Castilla-La Mancha y Baleares.

Ciudades como La Coruña, Oviedo, León, Burgos, Bilbao, Logroño, Zaragoza, Lérida, Castellón, Guadalajara o Palma quedarán dentro o muy próximas a la franja de totalidad.

Solo quienes se encuentren dentro de esa estrecha banda podrán contemplar el eclipse total; a pocos kilómetros de distancia seguirá siendo parcial.

Solo quienes estén dentro de esa estrecha franja verán cómo la Luna cubre completamente el Sol. A pocos kilómetros de distancia, el eclipse será parcial.

Además, se producirá al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte occidental. Esto permitirá contemplar una imagen especialmente llamativa, al combinarse la oscuridad de la totalidad con los colores de la puesta de Sol.

Pero también obligará a elegir bien el lugar de observación. Será fundamental buscar un punto elevado o despejado, sin edificios, árboles o montañas que oculten el horizonte oeste.

¿QUÉ VEREMOS DURANTE LA TOTALIDAD?

La fase total durará entre uno y dos minutos, dependiendo del lugar.

Puede parecer muy poco tiempo, pero durante esos segundos ocurren cosas sorprendentes.

La luz disminuirá rápidamente, la temperatura podrá descender varios grados y el paisaje adquirirá una tonalidad extraña, diferente a la de un atardecer normal.

También puede cambiar el comportamiento de algunos animales. Algunas aves regresan a sus nidos al creer que llega la noche, mientras que ciertas especies nocturnas comienzan a activarse.

Y entonces aparecerá la corona solar.

La corona es la atmósfera exterior del Sol, formada por plasma extremadamente caliente. Normalmente no podemos verla porque el brillo del disco solar la oculta.

Durante la totalidad, en cambio, aparece como un halo blanco alrededor de la silueta negra de la Luna. Es una imagen que, según quienes han contemplado un eclipse total, ninguna fotografía consigue reproducir por completo.

Justo antes y después de la totalidad se produce también el llamado anillo de diamante.

Cuando solo queda visible un diminuto fragmento del Sol, la luz atraviesa los valles y montañas del relieve lunar y genera un intenso destello. Es uno de los momentos más espectaculares, pero también marca cuándo debemos ponernos de nuevo la protección ocular.

¿CÓMO PODEMOS OBSERVARLO CON SEGURIDAD?

Y aquí conviene insistir en algo fundamental.

Aunque durante un eclipse gran parte del Sol esté cubierta, mirarlo directamente durante las fases parciales puede causar lesiones oculares permanentes.

La radiación puede dañar la retina y provocar visión borrosa, puntos ciegos e incluso pérdida irreversible de visión. Además, la retina no tiene receptores del dolor, por lo que la lesión puede producirse sin que la persona note nada y los síntomas aparecer horas después.

Las gafas de sol convencionales no sirven.

Tampoco sirven las radiografías, los cristales ahumados, los negativos fotográficos, los discos compactos ni otros métodos caseros.

La única protección adecuada son las gafas específicas para eclipses que cumplan la norma internacional ISO 12312-2. Antes de utilizarlas hay que comprobar que no estén arañadas, perforadas o deterioradas.

Las cámaras, los prismáticos y los telescopios también necesitan filtros solares específicos colocados delante del objetivo. Mirar el Sol con uno de estos instrumentos sin filtro puede provocar una lesión prácticamente instantánea.

Solo durante la totalidad, cuando el Sol esté completamente oculto, se podrá retirar brevemente la protección para observar la corona.

En cuanto reaparezca el primer destello del anillo de diamante, habrá que ponerse inmediatamente las gafas.

Y ante cualquier duda, la recomendación es sencilla: no quitárselas.

También se puede observar indirectamente, proyectando la imagen del Sol mediante una cartulina perforada. Incluso las hojas de los árboles proyectarán sobre el suelo numerosas imágenes del eclipse.

El eclipse del próximo 12 de agosto será, además, el primero de una serie excepcional.

España podrá observar tres eclipses solares centrales entre 2026 y 2028.

Después llegará el eclipse total del 2 de agosto de 2027, cuya franja atravesará el sur de la península y cuya totalidad será más larga.

Y el 26 de enero de 2028 se producirá un eclipse anular, que dejará visible el característico anillo de fuego.

Que un mismo país pueda contemplar tres eclipses solares centrales en solo tres años es algo extraordinariamente poco frecuente.

Por eso, el Instituto Geográfico Nacional, la Agencia Espacial Europea y otras instituciones han puesto en marcha actividades de divulgación, observaciones públicas y retransmisiones especiales.

Y hay un dato fascinante.

Los eclipses totales no existirán para siempre.

La Luna se aleja de la Tierra aproximadamente 3,8 centímetros cada año. Parece una distancia insignificante, pero, dentro de cientos de millones de años, estará demasiado lejos para cubrir completamente el Sol.

Entonces solo podrán producirse eclipses parciales o anulares.

Vivimos, por tanto, en un momento muy particular de la historia del Sistema Solar, en el que las distancias entre el Sol, la Tierra y la Luna nos permiten contemplar este fenómeno extraordinario.

Durante siglos, los eclipses inspiraron mitos, leyendas y explicaciones sobrenaturales. Hoy podemos calcular con enorme precisión cuándo se producirán, cuánto durarán y por dónde pasará la sombra de la Luna.

Y, sin embargo, comprender su ciencia no les resta ni un ápice de belleza.

El próximo 12 de agosto, millones de personas levantarán la vista al cielo para contemplar un fenómeno que España llevaba 121 años esperando.

Así que buscad un lugar con el horizonte despejado, preparad unas gafas homologadas y disfrutad del espectáculo.

Porque quienes han contemplado un eclipse total suelen coincidir en algo: ninguna fotografía, ningún vídeo y ninguna retransmisión consiguen transmitir lo que se siente cuando, durante unos instantes, el día se convierte en noche.

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