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Katy Mikhailova

Morir creando

La muerte de Manuel Mota ha conmovido al mundo de la moda y arroja diversas incógnitas sobre su vida y su creatividad.

Katy Mikhailova
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La muerte de Manuel Mota ha conmovido al mundo de la moda y arroja diversas incógnitas sobre su vida y su creatividad.

Es necesario tener caos dentro de sí para dar la luz a la estrella danzarina, afirmaba Friedrich Nietzsche. No sabemos si el motor de la creatividad de la vida de Manuel Mota era caos. ¿Acaso sufrimiento?, ¿malestar de algún tipo? Poco se supo de su vida privada. Por alguna extraña razón –o quizá no tan extraña-, hace unos años que este gran diseñador salió de la sombra debido a la voluntad de Alberto Palatchi, fundador de Pronovias.

A veces el sufrimiento es el motor para ejercer la mayéutica de las ideas y sacar a la luz, entre otras, la creación, como vía de escape para la estética; estética que embellece nuestras vidas, aunque muchos pasen desapercibidos ante la belleza de bienes tangibles; aunque no cabe la menor duda de que la belleza que no se ve, más se siente, y, por tanto, más bella es.

Quizá esto último se equipare al sentimiento de llevar un vestido de novia, en un día que –supuestamente- es la fecha más importante de la vida de una mujer, un momento en el que sentir unas pequeñas gotas de felicidad que proporciona, al principal motivo, el vestido. Como nos cuenta Roberto Verino, "Mota aunó estilo y técnica, y lo puso al servicio de mujeres de todo el mundo que buscaron felices vestirse el día más importante de su vida -como dice la tradición- de una gran marca de moda española". Ese vestido embellece el amor, lo rodea y lo decora. El vestido cumple ese papel, dado que representa la historia y la secuencia de las vivencias de un diseñador, y se fusionan tales experiencias materializadas en tela con el gusto, el pensamiento y la estética vital de una futura esposa. Y esto, en suma, es mucho más que ver un vestido, es mirarlo. Manuel Mota era de esos diseñadores que recreaban la pasión –pudiera haberla o no- en sus diseños.

Muchos genios eran infelices; muchos, demasiados, todos sabemos. Coco Chanel necesitaba novelar su vida para darle sentido a su existencia; existencia que, aunque inventada, era dibujada en las telas de sus tejidos, cortada en la longitud de sus faldas y sus mangas, y pintada del color que se le antojaba, ese era su objetivo. Creó ella, y después se creyó la mentira de que su padre, en lugar de haberla abandonado a ella y a su madre, se fue a América a hacer fortuna; o que su hermana, quien se suicidó, pero que según la mujer que ‘democratizó la moda’ en aquel entonces, falleció debido a un accidente esquiando... lo mismo con su corte de pelo. Todo lo maquillaba a su antojo. Era infeliz, aunque quizá dentro de su infelicidad se hallaba paradójicamente su propia visión de la felicidad; pues, es el hombre, al final, quien decide si ser feliz o no. Es una predisposición voluntaria ante la vida.

Los más cercanos a Mota sí podrían decir si fue feliz en los últimos años. Aunque, a juzgar por su relación con la empresa de moda nupcial catalana, no parecía estarlo, no en apariencia. Y alguien que decide su porvenir, es valiente y cobarde a la vez. Valiente, porque pocos se atreven a elegir no vivir y llevarlo a cabo con sus propias manos; cobarde, pues huye de sus desgracias. Aunque puede ser más sencillo que todo esto: aburrirse de seguir viviendo. Sin embargo, quiénes somos para elegir cuándo nacer y cuándo morir. De lo que no me cabe la menor duda es que vivió su trabajo con pasión, y lo llevó a la empresa y a las personas. "Felicidades a Paletchi, fundador de Pronovias, tanto como por el fichaje que tuvo con Mota, así como por haberle dado la oportunidad de que saliera del anonimato durante los últimos 5 años", atestigua Pedro Mansilla sociólogo y periodista experto en moda.

"Como diseñador de moda español siento mucho su desaparición, especialmente por las extrañas circunstancias en las que se ha producido. Quiero manifestar públicamente mis sentidas condolencias a su familia y al gran equipo Pronovias", atestigua Roberto Verino, quien, al igual que Pedro Mansilla, considera que la moda española no es proyecto empresarial inviable.

En cualquier caso, resulta misterioso plantear esta situación a una inmensa mayoría de personas que pudieran desconocer su nombre. Ahora, tras este suceso de presunto suicido y tras el ‘por qué’ de este trágico hecho, se eleva su nombre, alcanzando a aquellas masas, externas y lejanas a la moda, que sí saben quién es Mota pero, por desgracia, ya no podrán seguir disfrutando de nuevas ‘modas’ traídas por este artista.

La moda, al final, son historias que se cuentan con un trozo de tela; tela que se encuentra en la encrucijada entre el cuerpo, el dinero y otro individuo; otro individuo, a partir del cual, es posible tejer otra trama de relatos. Y nosotros los interpretamos: los amamos, los odiamos, o simplemente los usamos. Pero nadie queda indiferente ante ellos.

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