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Carta a un sindicalista

No puede defender a los parados y criticar el capitalismo a la par de lucir polos de Tommy Hilfiger o las carísimas bufandas de tartán de Burberry.

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Querido Cándido:

Sigo intuyendo que durante estas navidades no le han regalado el nuevo libro sobre política y moda, Espejo de Marx. ¿La izquierda puede vestir bien? de Patrycia Centeno. De no ser así, aún está a tiempo. Usted que promulga la igualdad social, de encontrarle coherencia entre su estética tan pomposa, voluptuosa y lujosa, y su ideología casposamente progre-comunista.

Como la autora del libro acuñó, parece que usted desconoce qué es la "ideoestética". Vamos, que la ética y la estética en su caso van por caminos diferentes. No puede defender a los parados y criticar el capitalismo a la par de lucir relojes Rolex, polos de Tommy Hilfiger –como aquel de la huelga en contra de los recortes del Gobierno del PP en julio de 2012 que llevó su compinche Fernández Toxo, ¿recuerda?- o las carísimas bufandas de tartán de Burberry. ¿No han pensado ustedes en haber regalado estas navidades un par de esos relojazos que tienen a alguna organización sin ánimos de lucro –se da por sentado que la de las de las lesbianas y feministas no valen…– o al menos, con sus artilugios, subvencionar el innecesario y acomodado UGT que preside?

Veo que tampoco ha dejado de lado sus comilonas: sus largas sobremesas en El Mesón 5 Jotas y demás restaurantes, para seguir ampliando su tamaño. Que ya puestos a ampliar, amplíe, por favor, su moral y sus neuronas; pues tanta grasa en el cerebro debilita la rapidez del funcionamiento del raciocinio. Fíjese Sr. Méndez que Patrycia, en su segundo libro sobre esta ayuda a políticos perdidos en la estética y atrapados en la doble-moral, como es su caso, alude a la asociación que siempre se ha hecho de los banqueros y la gordura. "Como nos recordaban las abuelas (…) una persona rolliza era garantía de persona sana y menuda que comía bien. De hecho, la caricatura del típico burgués y ricachón adopta siempre considerables panzas y robustos carrillos", afirma la autora del libro que cuestiona si la izquierda puede o no vestir bien.

Pues claro que puede; sería más correcto el verbo "deber". No debe, porque no es creíble. No se puede promulgar unos valores y cargártelos a la primera de cambio. No es creíble. No es creíble un antiyanqui como Chávez que portaba zapatillas Nike.

Otra paradoja, ustedes los que también defienden la ecología, es la de rechazar el lujo para preferir el low cost –tema que trata muy a fondo Centeno en su libro-, ignorando –o queriendo ignorar- que la mayoría de las prendas de bajo precio de grandes grupos textiles son producidos en fábricas en las que la explotación es la norma. Rechazando verbalmente los progres el lujo pero olvidando que el verdadero lujo es el artesanal, el manual, el producido en su país de origen, como es el caso de la única empresa de moda de lujo que tenemos en España, Loewe.

Por lo que, Cándido Méndez, vaya a una tienda de libros y llévese este que le recomiendo que buena falta le hace.

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