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¡Y también Ana Belén!

En La petición rodó sus más crudas escenas sexuales.

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En La petición rodó sus más crudas escenas sexuales.
Ana Belén en 'El amor del capitán Brando' | Imagen de televisión

Si hay una actriz envidiada en España probablemente sea Ana Belén. Con todo lo que conlleva esa apreciación. Admirada por su gran talento como actriz y cantante desde hace ya más de cuatro décadas. Por la misma razón de que es una de las más criticadas con severidad y empeño desde sectores que le echan en cara su ideología política. Hay quienes conociéndola, aunque fuera de su estricto círculo íntimo de amistades, no vacilan en considerarla antipática y poco sociable. En fin: etiquetas que, de un modo u otro vienen a significar que no pasa inadvertida para nadie con su insobornable personalidad. Y, acaso por el aurea con que ha estado rodeada su figura desde mediada la década de los 70, analizando su filmografía, quizás no se hayan comentado mucho las distintas secuencias eróticas de las que ha sido protagonista, algunas de las cuáles vamos a citar, siquiera someramente en esta galería semanal.

Ya en Sabor a miel, cuyo estreno recordamos por su sensacional interpretación, apareció en sujetador paseándose por el escenario, lo que en 1971 llamó mucho la atención, dada la siempre vigilante censura. Por entonces se había estrenado su segunda película, Españolas en París, que fue su feliz irrupción en la pantalla con una historia muy distinta a las hasta entonces habituales en nuestro cine: la chica que va a la capital francesa a ganarse la vida como sirvienta y termina siendo víctima de un novio chuleta (Máximo Valverde) que la deja embarazada. Con el mismo director, Roberto Bodegas, volvería a coincidir tres años más tarde en Vida conyugal sana. Y en adelante, aceptó más películas en las que debía desnudarse, pero nunca en aquellas en que quitarse la ropa sin venir a cuento era lo habitual, si exceptuamos Aunque la hormona se vista de seda, con Alfredo Landa, que le firmó su representante sin previa consulta. Un error.

En El amor del capitán Brando incorporaba a una maestra rural cuyos sentimientos fluctuaban entre la admiración hacia un veterano profesor (Fernán-Gómez) y un adolescente al que pretendía orientar sexualmente. Y entre otros títulos llegaría en 1976 el de La petición, donde rodó las escenas más crudas de toda su carrera en el papel de una caprichosa y perversa joven adinerada que seduce al hijo de la gobernanta, al que introduce en una serie de juegos sádico-sexuales. La directora, Pilar Miró, quería que la pareja formada por Ana Belén y Emilio Gutiérrez Caba mostraran en tales secuencias toda la pasión posible y, disgustada de cómo se comportaban ambos, no encontró mejor solución que la actriz, en plena efervescencia amatoria, tomara una vela de cera ardiendo y la vertiera sobre el cuerpo de su oponente masculino, con el consiguiente sobresalto del buenazo de Emilio, ajeno a la trapisonda de la exigente realizadora, quien consiguió lo que buscaba. Puro sadomasoquismo.

La escena se culminaba con la casual muerte del muchacho justo en el momento en que sucedía el éxtasis sexual. Ni que decir tiene que, cuando se estrenó La petición se habló largo y tendido de ello, siendo una de las primeras cintas, en los albores del cambio de Régimen, donde podían contemplarse imágenes de ese cariz, sorprendentes por entonces para muchos espectadores. No menos escándalo produjo en 1977 La criatura, que dirigió el polémico Eloy de la Iglesia, donde Ana Belén defendía un turbio personaje que pierde el hijo que esperaba tras sufrir el virulento ataque de un perro. Lo que sucedía después entra dentro de la zoofilia, con un deseo bestial de la protagonista –nunca mejor dicho- que convertía aquel argumento en algo verdaderamente truculento y desagradable. En ese mismo año rodó La oscura historia de la prima Montse. Y en 1979 un capítulo de Cuentos eróticos donde compartía picantes momentos junto a Alicia Sánchez. Su posterior filmografía se nutre de filmes donde ya sus desnudos o secuencias eróticas son menos frecuentes, hasta llegar a La pasión turca, en 1994, donde con un guión basado libremente en la novela de Antonio Gala, su protagonista femenina se desquita, con un guapo nativo, de sus frustraciones provincianas. Ana Belén nos brindó todo un recital erótico-dramático. Ya en adelante, sus cometidos cinematográficos han sido ajenos al destape físico aunque en ella, por su fotogenia y temperamento, siempre anida la sensualidad.

Ana Belén ha asumido siempre esas escenas en las que debía desnudarse, pero matiza que siempre lo hizo en función de unos dignos guiones, con calidad. Al tiempo que sostiene lo injusto de que sean las mujeres las que hayan tenido siempre que despelotarse… pero no los hombres. Y recuerda momentos ridículos en las que algunos de ellos, muertos de vergüenza, rodaban escenas de cama en calzoncillos, o con sus partes pudendas cubiertas de esparadrapos, en tantos ellas tenían siempre que estar en cueros.

Tiempos lejanos, aquellos en los que, muerto Franco el cine español funcionaba a base de despelotes. Y ella, aunque los hizo, al menos pudo elegir lo mejor que pudo. Al fin y al cabo se la ha tratado siempre como una primerísima actriz, amén de excelente cantante, faceta la última que hoy no tratamos. A sus sesenta y cuatro años, María del Pilar Cuesta Acosta puede presumir legítimamente de un admirable "curriculum" artístico. Su hija ha seguido sus pasos, aunque sólo en el teatro y la televisión, en tanto el varón eligió la faceta musical de sus progenitores.

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