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Máximo Valverde, el eterno solterón

Iba a casarse, pero se quedó compuesto… y sin novia, porque estaba casada, separada de su marido, pero sin legalizar su situación.

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Iba a casarse, pero se quedó compuesto… y sin novia, porque estaba casada, separada de su marido, pero sin legalizar su situación.
Máximo Valverde | Cordon Press

Máximo González Valverde Hortal nació en Sevilla el 16 de noviembre de 1944, dentro de una familia acomodada en la que todos sus hermanos serían abogados, menos él, la oveja negra, que no concluyó sus estudios de Derecho. Quería ser torero. Para pagarse su estancia en Madrid y los gastos que cualquier aprendiz de novillero ha de afrontar intervino como extra en varias películas, una de ellas Fortunata y Jacinta del año 1969. Su protagonista masculino era Juan Luis Galiardo, entonces un actor problemático que acabó siendo despedido por el productor, Emiliano Piedra (esposo de Emma Penella, que encabezaba el reparto). Entonces, alguien se fijó en aquel incipiente torero que, sin voluntad alguna para la interpretación se vio convertido en uno de los personajes claves de aquella historia novelada por Pérez Galdós llevada a la pantalla, el señorito Juanito Santa Cruz. Fue el principio para quien apareció en las carteleras como Máximo Valverde, reclamado luego como galán de moda en muchas películas y series de televisión. Hoy nos ocupamos de su vida particular, la de un impenitente donjuán que no ha dejado de ejercer de seductor. La primera mujer importante de la que se enamoró fue Rocío Jurado, ya toda una estrella en 1971, que fue su pareja en Una chica casi decente, película para olvidar, y donde Máximo acababa casándose con ella. Recuerdo haber asistido al rodaje de esa secuencia a las puertas de una iglesia sita frente al estadio Bernabéu. Donde estaba presente el entonces novio real y representante de la artista chipionera, Enrique García Vernetta, que no quitaba ojo al sevillano. Cuando Rocío tarifó con ese atractivo valenciano porque se negó a casarse con ella, Máximo Valverde aprovechó el camino libre, declaró su amor a la cantante y vivieron una apasionada relación durante varios meses.

Fueron otra vez pareja artística en una comedia de los hermanos Álvarez Quintero, Cancionera. Salían muchas noches de juerga. Un romance corto "pero intenso", en palabras del galán. Que pronto continuaría su vida de permanente mujeriego. Conoció un día a una guapa y simpática paisana, Rocío Martín, a la sazón Miss España. Y él "le tiró los tejos". Invité a Máximo a un viaje a Sevilla con la idea de hacerles un reportaje juntos. Y él aprovechó para intensificar aquella amistad hasta donde quiso, porque ella llegó a hacerse ilusiones, en tanto él mantenía su conducta habitual: divertirse pero sin comprometerse en un noviazgo que lo llevara a la vicaría. Concluido aquel idilio llegó el día en que su corazón dio un vuelco cuando se prendó de Amparo Muñoz, nueva Miss España, tras contemplarla en la portada de una revista. No cejó hasta hacerse con su número de teléfono y concertar una cita. Cuando la malagueña se alzó en Filipinas, año 1974, con el título de Miss Universo –la primera española hasta la fecha en conseguirlo- Máximo Valverde se reunió con ella en Nueva York. Lo que sigue pudiera parecer un filme de gángsters. La pareja se quejó a la organización del concurso del exceso de obligaciones que tenía Amparo, a cambio de una reducida paga mensual –treinta mil pesetas- y el resultado fue que a Máximo le pegaron una brutal paliza en un ascensor, le quitaron la ropa que tenía en su hotel, dejándole un billete para que volviera a Madrid. Entre tanto, ella había desaparecido. Pasaron unos cuantos días y él subsistió económicamente gracias a que fue contratado en un tugurio de Broadway haciéndose pasar por cantante y guitarrista andaluz. Cuando por fin se reencontró con Amparo Muñoz tomaron el primer avión a España, en tanto los mentores de Miss Universo la demandaban al comprobar que renunciaba al título; demanda que no prosperaría. Después, Amparo y Máximo convivieron unos años de auténtica fiebre amorosa, hasta que ella quiso volar por su cuenta. "Fue la mujer que más he querido en mi vida".

Máximo Valverde y Rocío Martín, una de sus primeras parejas | Portada 'Semana'

Más adelante, quien acaparó su atención sentimental fue Isabel Pantoja, con la que representó unas piezas cortas también de los hermanos Álvarez Quintero. Pero la madre de aquella vigilaba de cerca a la pareja y aconsejaba a su hija sobre qué hombre debiera convenirle más. Estaba claro que Máximo, sólo con su palmito pero con una cuenta corriente poco boyante no era el príncipe azul que esperaban, y como tampoco demostraba deseos de oficializar aquella relación, la cantaora lo dejó en busca de mejores oportunidades para dar el sí ante el altar. Y Máximo, nada compungido, continuó sus conquistas.

Descubrí a finales del verano de 1982 que iba a casarse, me entrevisté con él, y acabó confirmármelo. Ella se llamaba Rosa María, tenía veintisiete años, diez menos que él, licenciada en Filosofía y Letras, de adinerada familia, con intereses en distintos negocios, uno de subastas de arte. Habían comprado ya la casa, la habían amueblado, fijada la fecha de la boda en El Escorial y con las invitaciones a punto de cursarse. Querían una boda lo más secreta posible, al menos sin repercusión mediática. Cuando publiqué la historia se armó el consiguiente revuelo. Y Rosa María se enfadó con Máximo creyéndolo culpable de un chivatazo, que no fue tal. Y ahora viene lo bueno: por pura chiripa me enteré que la tal Rosa María ¡estaba casada! Separada de su marido, pero sin legalizar su situación. Luego, no podía casarse con Máximo. ¿Cómo pudo aquella mujer urdir aquel enredo que no mejoraría ni el mejor autor de vodeviles? ¿Por qué llegó a fijar la boda con el actor, el lugar, el día y hasta encargar las tarjetas del enlace? Me consta que Máximo Valverde, a quien puse al corriente de mi descubrimiento, no sabía nada, que lo habían engañado, y que no pretendió nunca sacar rentabilidad publicitaria. Pero se quedó de piedra al enterarse de tan absurdo e incomprensible comportamiento de quien creía iba a ser su mujer, después de tantos años de soltería. O sea: un conquistador burlado. Compuesto… y sin novia. Desde entonces ha seguido fiel a sus inalterables principios: seguirá soltero. Un día se encontró con Julio Iglesias, quien le dijo: "Tú eres el único, que yo conozca, que se ha llevado más mujeres a la cama que yo". Y en eso sigue Máximo Valverde. ¡Felicidades!

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