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Concha Velasco, junto a su sobrina Manuela, en la serie 'Velvet'

Las dos actrices se reencontrará con un amor de juventud, el personaje de José Sacristán.

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Las dos actrices se reencontrará con un amor de juventud, el personaje de José Sacristán.
Manuela Velasco le entrega el Goya de Honor a su tía Concha | EFE

Concluyó el 17 de diciembre del pasado año la tercera temporada de Velvet con un notable éxito de telespectadores, rozando los tres millones y medio. La cuarta temporada de esta serie de éxito parece será la última y su reanudación muy probablemente suceda a partir de septiembre, dado que no es factible su programación en verano. Estos nuevos capítulos vienen grabándose esta primavera, con algunas novedades interesantes como la incorporación de Concha Velasco, que coincidirá con su sobrina Manuela, una de las malvadas de la trama ambientada en el seno de unos grandes almacenes, los que dan título a la serie, y que se desarrollarán en adelante ya en la década de los 60.

A sus setenta y seis años, Concha Velasco mantiene su conocido espíritu activo y estará durante la temporada estival de gira con su monólogo teatral Reina Juana. Nunca ha tenido complejo de "señora mayor", todo lo contrario: "Lo soy, disfruto de mi edad todo lo que puedo, pues es el momento que me ha tocado vivir". Y siempre agradece sensaciones nuevas, como coincidir con su sobrina Manuela en la nueva temporada de Velvet, a quien tanto quiere.

Hija de su hermano Manolo, al que siempre adoró, ayudándole cuando era galán joven del cine español de los años 60. Tiempos en los que aquel actor de películas juveniles se paseaba por las discotecas y fiestas del brazo de su entonces novia, Geraldine Chaplin, la hija de Charlot (que luego se emparejó con Carlos Saura) hasta que dejaron su relación. Por su hermano Manolo, Concha Velasco hizo un día lo que nunca más repitió: someterse a una exclusiva de "¡Hola!" en un acontecimiento familiar para que él se beneficiara de un millón de pesetas. importante cantidad entonces. Manolo Velasco abandonó su faceta de actor para convertirse en ayudante de dirección. Ahora tiene setenta y cuatro años y está orgulloso de la carrera artística de su hija, habida en su matrimonio con María José Díez.

Manuela Velasco, en efecto, ha demostrado tener una gran vocación: "Mi tía Concha siempre ha sido mi fuente de inspiración desde que yo era muy niña e iba a verla a los camerinos de los teatros donde ella actuara; de entonces me viene la afición de ser actriz". Y no son sólo frases y recuerdos infantiles, pues ya a los ocho años debutó ante las cámaras cinematográficas. Tuvo un papelito en la película de Almodóvar "La ley del deseo". Luego, ya jovencita, presentó varios programas radiofónicos. Años más tarde fue poco a poco interviniendo en conocidas series de televisión (Médico de familia, El Comisario, Hospital Central y, más recientemente Cuéntame… y Águila Roja) para combinar en la actualidad su papel de malvada en Velvet y sus representaciones teatrales, alternando dos comedias: Bajo terapia y Todo es mentira. En el cine cuenta con un premio Goya a la actriz revelación de 2007, por REC.

A sus cuarenta años, Manuela Velasco ya ha vivido dos amores, al menos los que conocemos: uno con el ingeniero y empresario Juan C. Vargas Zavala y otro con el actor Rafa Castejón, su actual compañero sentimental, con quien lleva unida desde 2002. Juntos, coincidieron la pasada temporada en la cartelera del madrileño teatro Lara y en la serie de TVE Géminis, venganza de amor. Manuela Carrasco no tiene previsto casarse y dice ser feliz junto "a su chico". Velvet es la serie que le ha proporcionado más notoriedad. Donde su tía Concha tendrá el papel de Petra, mujer alegre y dicharachera (lo que le va como anillo al dedo) que se reencuentra con un antiguo amor de juventud, el personaje que encarna José Sacristán, "don Emilio". Ambos actores se admiran y no olvidan las veces que han alternado juntos en el escenario y en los estudios cinematográficos, caso de "Yo me bajo en la próxima ¿y usted?" y "La colmena", por sólo citar un par de títulos.

Velvet, como les contábamos, tendrá más sorpresas. Por un lado reaparecerá Miguel Ángel Silvestre, que de la noche a la mañana dejó colgada a la productora de la serie, marchándose a Los Ángeles, en su afán de poner una pica en Hollywood, contratado como uno de los protagonistas de la serie Sense 8, de la cadena Netflix, que le obligó a rodar algunas escenas completamente desnudo. Varios meses ha permanecido en tierras americanas, y rodaje en exteriores también en Brasil, Corea y Alemania. El, suponemos, suculento contrato que le han ofrecido en Velvet ha hecho recapacitar al galán levantino para incorporarse a los nuevos episodios. En los que se desvelará de qué modo se dio por muerto a su personaje de Alberto Márquez, cuando en la ficción de los guiones estaba vivito y coleando. Esos guionistas se vieron obligados a "hacerlo desaparecer temporalmente" cuando Miguel Ángel dio la espantada. Así es que, con el regreso "al mundo de los vivos", este responsable de los almacenes Velvet se encontrará con que su esposa, la Cristina Otegui de la trama, ha sido internada en un psiquiátrico y ha dado a luz un hijo. Como también será mamá Ana Ribera, la guapa diseñadora encarnada por Paula Echevarría, que tanto ha sufrido por su apasionado amor hacia Alberto. Al final, imaginamos, que Velvet tendrá el final feliz que la audiencia también supone: el triunfo de la pareja formada por los atractivos protagonistas de la historia, los citados Miguel Ángel Silvestre y Paula Echevarría. Hasta que llegue ese momento –el episodio último, claro está- surgirá otro romance, que tiene como intérprete a otro guapo, Aitor Luna, con quien Paula ya alternó en la serie Gran Reserva.

Por cuanto les he referido, Velvet contiene elementos sugestivos para su fiel audiencia, aunque hayan de transcurrir todavía al menos tres largos meses, hasta que Antena 3 la programe en su parrilla. Por cierto, cada capítulo tiene de presupuesto quinientos mil euros. Los guiones no carecen de interés, mantienen bien las inevitables intrigas sentimentales y de otro tipo. Sobresale la excelente interpretación de sus actores, los ya citados y otros como Aitana Sánchez-Gijón y Asier Etxeandía. A resaltar la ambientación excelente, la de los años 50. Época en la que desde luego no sonaba la música, las canciones siempre norteamericanas que escuchamos de fondo. Bien elegidas por su calidad, pero que entonces no se conocían siquiera en España y menos en la megafonía de Sederías Carretas, Galerías Preciados o El Corte Inglés. Pero esa y algunas otras licencias son práctica común en la producción de la mayoría de teleseries. Lo que ahora se conoce como "realidad virtual" también se destaca en Velvet, con esos planos donde se contempla el fondo de la Gran Vía madrileña, cuando en verdad las escenas de calle se han rodado en unos estudios. Los trucos, que aquí se utilizan con buenos resultados.

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