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Micky Molina ya ha sentado la cabeza

Después de su agitada vida amorosa, padre de cuatro hijos de tres mujeres diferentes.

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Micky Molina ya ha sentado la cabeza
Micky Molina y Sandra Blakstad | Gtres

Miguel Ángel Molina Flores (Micky Molina en el mundillo artístico) es el sexto de los ocho hijos del popular cantante de coplas Antonio Molina, uno de los cuatro de dicha dinastía que siguió las huellas paternas, Ángela, Paula y Mónica, aunque la segunda de las citadas se cansara pronto, retirándose definitivamente a pesar de sus buenas facultades para la canción melódica. Micky es "gato" como todos sus hermanos, nacido en Madrid hace casi cincuenta y tres años, que cumplirá el próximo 27 de noviembre. Con un atractivo físico que nos recuerda mucho a su progenitor, probada fotogenia y suficiente talento para el cine y el teatro, ha tenido más éxito como donjuán en las revistas rosas, que es por lo que más se le conoce, sin que menospreciamos sus apariciones en televisión, la gran pantalla y la escena. Pero convengamos que no ha tenido todavía el gran éxito que a tenor de sus facultades se espera de él. Tal vez sus escarceos amorosos permanentes en décadas pasadas le han distraído demasiado. Ahora que parece haber sentado la cabeza en ese sentido ya apenas aparece en los semanarios del color, lo que da idea de por qué tiempo atrás era muy solicitado por los paparazzi.

La familia Molina veraneaba en bloque desde la década de los 60 en Ibiza, cuando aún no se había producido el boom turístico de un decenio posterior que se mantiene en la actualidad. Antonio Molina, que ganó mucho dinero con sus espectáculos folclóricos, decidió invertir parte de sus ganancias en un chalé en la isla pitiusa (porque otras se fueron en un desgraciado negocio, un bar en la madrileña calle de Guzmán el Bueno, que le dejó bastante maltrecho económicamente). Conocí aquella residencia ibicenca y hasta compartí un almuerzo con la familia, siempre avenido y cerrado "clan" en el que brillaba la belleza de Ángela, entonces pareja de un fotógrafo francés, que fue su amor durante buen número de años, Hervé Timarché. Micky estaba destinado a ser galán de cine, porque ya encandilaba a las chicas de su entorno. Confraternizó con una guapa nórdica. Kirsa van Pallandt, hija de un matrimonio danés que se hizo célebre como dúo de música folk, Nina & Frederick. Al principio, la unión de Micky y Kirsa fue dulce y feliz; rubia ella, moreno él, quedaban estupendamente en las fotos que les hacían en paradisíacos parajes de la isla. Cuatro años, entre 1986 y 1990 duró la idílica relación entre ambos, que tuvieron dos niños, Clara y Adrián. Con decirles que a día de hoy ya no llevan el apellido paterno se resume lo que quedó de aquella pareja.

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Micky Molina no digo yo que no haya luchado siempre por retener a sus mujeres, quizás influido por lo que ha vivido de soltero con sus padres y hermanos, todos siempre una "piña". Mas el caso es que repasando su biografía sentimental ha resultado siempre malparado y ellas no le dedican precisamente elogios tras dar por finalizada la convivencia con él. Entre otras féminas de menor identidad aparece un día en la existencia de Micky una adorable criatura catalana, con su indisimulado genio también, que llevaba un tiempo disfrutando de una inesperada popularidad para ella que le deparó ser azafata del programa-concurso Un, dos, tres… responda otra vez. Me estoy refiriendo a Lydia Bosch. En realidad, no era ése su apellido cuando me fue presentada durante un almuerzo en el desaparecido restaurante Mayte, en vísperas de aquel espacio televisivo. El real es Boquera. A Chicho Ibáñez Serrador no le pareció adecuado y se lo cambió por el conocido, o sea Bosch, que es el que viene utilizando, aunque ya sus apariciones en la pantalla sean menos frecuentes desde su último fracaso matrimonial, el segundo, con un arquitecto.

Micky y Lydia Bosch estuvieron juntos sólo un par de años, a partir de 1994, tiempo en el que se adoraban y tuvieron una preciosa niña llamada Andrea. Los padres de la criatura negociaron la exclusiva fotográfica de su venida al mundo, que establecieron en la nada entonces despreciable cifra de diez millones de pesetas. Creyó Lydia haber encontrado en Micky el hombre hogareño que había soñado pero ignoraba los vuelos continuos que éste efectuaba fuera de su predio familiar, bien por necesidades de trabajo o por su indeclinable afición a frecuentar discotecas de moda. Y su amor hizo pronto aguas, con periódicas disputas sobre las veces que él quería ver a Andrea pero su madre la retenía, amparada por una decisión judicial. Las trifulcas de Micky con su "ex" nunca han desaparecido, aún transcurridas dos décadas desde su separación. Y es la historia actual de que Andrea Molina Boquera, que ha seguido la profesión de sus padres y cuenta veinticuatro años, no parece estar por la labor de encontrarse con su progenitor. "Prefiero no hablar de él". Éste, algo compungido, ha dicho que hubiera querido mantener frecuentes contactos con Andrea, pero que su madre, o sea Lydia Bosch, no se lo ha permitido.

Luego de su ruptura con Lydia Micky encontró a otra belleza extranjera con la que iniciar un nuevo romance, pues parece que tiende siempre hacia el exotismo de sus compañeras. Y esa fue una directora de cine de nacionalidad islandesa, Katrin Olafsdóttir, con quien tuvo un niño, al que bautizaron como el abuelo paterno, o sea otro Antonio Molina, que no es el único en esa familia en heredar nombre y apellido tan conocidos. Parece que con Katrin, Micky se ha llevado mejor cuando él se cansó y la cambió por otra, pues algunas vacaciones las ha pasado con su niño. Algo es algo que apuntar en el haber de sus deberes paternos.

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Y no podemos pasar por alto un episodio divulgado por revistas, desde la primera que levantó la exclusiva, Diez Minutos, cuando en el año 2001, en pleno apogeo de Ana Obregón como protagonista de la serie Ana y los siete (con la que se forró en calidad de productora) fue fotografiada en actitud harto comprometida dentro de un coche, muy fogosos "en plena faena", ignorando que estaban siendo captados por las cámaras de unos avezados reporteros, quienes se lucraron con su lúdico reportaje, obtenido en la plaza de La Moraleja, lujosa urbanización donde sigue viviendo la Obregón.

Parece que los protagonistas se echaron a la cara quién de los dos había avisado a los paparazzi, si es que hubo "soplo". Lo más lógico es que fuera él quien se beneficiara de aquella publicidad gratuita. De ahí que Micky pasara como responsable de la acusación juzgando la reacción de Anita, quien lo despidió al día siguiente del reparto de Ana y los siete, donde tenía un destacado papel, lo puso de vuelta y media y nunca más, que se sepa, han cruzado palabra ni mirada alguna.

Y llegamos al encuentro de Micky Molina con la mujer que ha conseguido estabilizar su relación con él nada menos que durante quince años ya, tiempo durante el que no se le ha conocido públicamente ningún "ligue" ni sombra alguna que roce la felicidad que vienen disfrutando. Se trata de Sandra Blakstad, hermana de un cuñado de Micky, el actual marido de Ángela Molina. Es canadiense. Los dos se quieren muchísimo aunque están de acuerdo en una cosa sobre todo: no quieren casarse.

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