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Cuando Jacqueline, la esposa de Picasso, creyó que la engañaba con Lucía Bosé

Antonio Banderas rueda una serie sobre su genial paisano, Picasso. 

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Luis Miguel Dominguín, Picasso y Jacqueline | Cordon Press

Antonio Banderas es por ahora el último actor que encarna la figura de su genial paisano, Pablo Picasso, en una serie producida por National Geographic, de diez capítulos, que se espera puedan ser emitidos en los próximos meses. Ello ha llevado al actor malagueño a Budapest y luego a su propia ciudad natal, que le ha servido para recordar, una vez más cuando, de la mano de su madre, fallecida hace poco tiempo, cruzaba la plaza de la Merced para ir al colegio, atravesando la fachada de la casa del pintor. Precisamente en ese lugar el actor ha reformado una vivienda, que ocupa cuando últimamente visita la capital de la Costa del Sol. Y asimismo es propietario de una típica taberna andaluza cercana al mismo sitio. Esa devoción picassiana le hizo años atrás renunciar a varios guiones que le ofrecían para encarnar la figura de Pablo Picasso, creyendo no estar capacitado para ello. Ha encontrado el momento justo y la productora en la que confiar. Y aquel otro proyecto que iba a rodar en inglés Carlos Saura, quedó relegado ante este trabajo que comentamos, dirigido por un tal Ken Biller. Se han difundido algunas fotografías del rodaje. Banderas aparecía muy bien caracterizado de Picasso, con su flequillo ladeado hacia la izquierda de la frente. Una peluca, pues decidió raparse la cabeza. Físicamente, a primera vista, parece creíble un cierto parecido entre ambos.

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Antonio Banderas como Picasso | Archivo

Nos preguntamos qué se nos va a contar en esa decena de capítulos. Porque la filmografía inspirada en la vida y obra de Picasso es amplia, descartando los múltiples documentales. Anthony Hopkins fue el último gran actor en incorporar su figura. Y lo hizo convincentemente. Me viene de todas maneras a la memoria aquel docudrama que el pintor rodó a las órdenes de Henri Clouzot, que produjeron a medias y perdieron un montón de francos. Pero Picasso estaba satisfecho y decía que se había sentido actor en aquella aventura. Luego ya no quiso saber nada más de los peliculeros.

Como se han escrito centenares de libros y millones de reportajes, biografías acerca de Picasso trataré de aportar algunos detalles, que quizás sean menos conocidos. Me los facilitó mi recordado y querido colega, Antonio D. Olano, el único periodista español que conoció al pintor, gozó de su amistad, visitándolo en distintas ocasiones en sus diferentes mansiones de la Costa Azul francesa. Su acceso a esa intimidad con Pablo Picasso se lo facilitó el torero Luis Miguel Dominguín y Lucía Bosé, con quienes el gran reportero gallego de Villalba mantuvo siempre una estrecha cercanía.

Picasso fue siempre un mujeriego, pasando del trato con prostitutas en sus días de penurias en el París de principios de siglo, al conocimiento de otro tipo de féminas, cultas, interesadas por su pintura pero sobre todo cautivadas por el encanto de un apasionado seductor. A la mayoría de ellas las inmortalizaba, como modelos, en sus lienzos. Y después las llevaba a la cama. Sólo se casó dos veces: con Olga Koklova, por el rito ortodoxo ruso, y la segunda y última con Jacqueline Roque, civilmente. Únicamente reconoció como hijo suyo a Pablo; el resto de sus descendientes librarían luego una batalla judicial para ser reconocidos. Olano me contaba que Picasso no estaba dispuesto a contraer matrimonio con Jacqueline, a pesar de que no podía vivir sin ella, y a pesar también de las frecuentes humillaciones que ésta recibía. Y Luis Miguel y Lucía Bosé, que disfrutaban con sus hijos muchos días en la mansión de Pablo, le reconvinieron para que formalizara su unión y no dejarla desamparada si es que él fallecía antes, por la diferencia de años que le llevaba. Y el genio acabó por claudicar.

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Luis Miguel y Jacqueline | Cordon Press

Picasso utilizaba una doble vara de medir. Y cuando Luis Miguel Dominguín y Lucía Bosé se divorciaron, Pablo Picasso ordenó que no se le permitiese ya más la entrada al torero en su residencia. Y aquellos dos hombres que tanto se admiraban, dejaron de verse. No así Lucía Bosé, que continuó de vez en cuando acudiendo a la localidad francesa de Mougins, cercana a Cannes, donde residían los Picasso. Hasta que ocurrió un penoso episodio. Resulta que Olano, con el permiso del matrimonio, fotografió a Pablo Picasso tomando por la cintura a la actriz italiana. Escena en presencia de Jacqueline, a la que ésta no dio importancia alguna. Picasso bromeó diciendo que ahora que ella ya estaba divorciada de Luis Miguel podía intentar su conquista. Se conocían de hacía años, cuando a primeros de los años 50 Luchino Visconti se la presentó al pintor. Todavía éste no había tratado nunca a Dominguín. El caso es que aquellas imágenes se publicaron en La Actualidad Española, acreditado semanario de los años 60, en un magnífico reportaje firmado por el mencionado Olano. Quien, aparte de enviarles un ejemplar, hizo otro tanto con unas copias fotográficas. Quedaron contentos. No así cuando se enteraron que la revista italiana Oggi, que había adquirido los derechos del mismo reportaje, se inventó unas falsas declaraciones de Lucía Bosé en las que ésta declaraba que a lo mejor podía haber boda entre ella y Picasso. Inútiles fueron las aclaraciones de la actriz y el periodista, diciéndoles a los Picasso que eso era mentira, y que Antonio no había escrito aquel infame y mentiroso texto. Jacqueline Roque se subía por las paredes. Y Picasso dejó por sentado que jamás recibirían más ni a Lucía ni al reportero.

Olano me confiaría otras cosas sobre Picasso: que, siendo un comunista, en realidad estaba alejado del Partido, y fue protegido por los nazis cuando éstos invadieron París. Que la famosa paloma de la paz que todo el mundo le atribuye, en realidad era un pichón, ya que él estaba harto cuando de niño su padre le obligaba a pintar infinidad de patas de palomas. También que una vez estuvo dispuesto a pisar España, al enterarse de que Luis Miguel estaba muy grave tras una cogida. Cierto fue que el matador de toros le comentó a Franco que por qué no autorizaban a Picasso, con un pasaporte, a regresar a nuestro país. Y el Jefe del Estado dejó dicho que si el pintor tenía ese deseo, no se le pondrían trabas en ninguna frontera. Pero Picasso había jurado y perjurado que, en vida del llamado Caudillo, jamás pisaría suelo español.

Otra cuestión que el genio le comentó a Olano es que en Málaga no le querían. El periodista comprobó muchas veces lo celoso que estaba el pintor de su mujer, pero ésta también acentuaba su desconfianza y le reprendía por tocarle el culo a la lechera que iba a diario a llevarles el blanco líquido. Picasso hablaba normalmente en español aunque pronunciaba el francés con acento catalán, y el inglés. Salía poco de casa en sus últimos años. Y ya no recibía apenas a nadie meses antes de su muerte acaecida el 8 de abril de 1973. Jacqueline le sobrevivió trece años, sumida en una permanente depresión, alcoholizada. Se quitó la vida el 15 de octubre de 1986. Pocos días antes se dio la circunstancia de que estaba dispuesta a ceder buen número de obras de Picasso a un museo de Madrid. Pero no lo hizo y pasaron a manos de los franceses. Ella se había convertido en millonaria, aunque no le interesaba el dinero. No supo vivir ya sin la presencia del genio malagueño. Quizás fue la última víctima entre las mujeres que tanto amaron a Picasso.

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