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Los rojos no se llevan

Llega el final del año, y se repiten algunas innecesarias tradiciones en el mundo de la moda y la belleza.

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La actriz Bella Thorne, con los labios rojos | Cordon Press

En dos días ya estaremos celebrando el final de un 2018 cuando menos convulso e improvisado, para atragantarnos con 12 uvas y desear para 2019 lo mismo que hemos esperado a todos los años anteriores.

Y al igual que los deseos que vuelven a repetirse, también las innecesarias tradiciones del mundo de la moda y la belleza. Lencería de color rojo, dorados y plateados, lentejuelas por aquí, lentejuelas por allá y demás historias que ya hartan.

Publica S Moda un artículo titulado "15 labiales rojos para atraer la suerte esta Nochevieja". Leer titulares como estos me provocan ganas de echarme a llorar. Más viniendo de un portal que, del mismo modo que destaca por artículos profundos y trabajados, se declara abiertamente feminista; sin embargo, casi a modo de imposición te da las claves del éxito vital: utilizar labiales rojos para "atraer la suerte" en Nochevieja. Atraer la suerte no sé, pero si algo he aprendido de los labiales rojos es que en fechas tan abundantes en cuanto a comida, sobre todo si hay que incorporar en la boca una uva por segundo, el pintalabios rojos no es nada práctico para la manicura color blanco-marfil que se lleva esta temporada.

Hablando en serio, no creo que la suerte se atraiga por el color de los labios. Cuestión aparte es que a cada uno le dé suerte un tipo particular de maquillaje, perfume, zapato o vestido. La suerte es algo que se lleva dentro, en la decisión de cada uno: otra cosa es transmitir esa actitud a algo externo y físico, que pueda asociarse y encajar en nuestra imagen, mejorándola, y aportando así cierta seguridad.

Pero me resulta muy graciosa la imposición de las revistas de moda de qué se debe llevar y qué no. Y, ¿quieren reírse más? Soy la primer en caer y proyectarlo.

El otro día entré al Zara de Serrano, y todo eran lentejuelas hasta aburrir. Tonos azules oscuros brillantes, plateados, dorados, rojos… ¡vamos, lo típico! En realidad la moda tampoco ha evolucionado tanto. Y que si nos dictan (y nos imponen en las tiendas) en verano ir de blanco para las fiestas ibicencas aunque se celebren en Carabanchel, hay que ir de blanco. Y así sucesivamente, hasta llegar a estas fechas tan intensas y cada vez más alejadas de la verdadera esencia de las Navidades, que es regalar pero sin consumir, que es agradecer pero sin esconder, y que es abrazar pero llorando, aunque sea el alma.

Total: que me llevé un vestido azul oscuro con brilli-brilli, cortito, pero de manga larga y con los laterales de la cintura al descubierto. Como diría mi buen amigo segoviano, un traje de "erótico-festiva". No sé si erótico, pero festiva segura. El erotismo, al fin de cuentas, no se resume en la cantidad de tejido que se emplea en una prenda de vestir.

Y mientras tanto, recuerden: en estas fiestas, con o sin labial, ya no se llevan los rojos.

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