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Lo que tuvo que pagar Grace Kelly para casarse con Raniero de Mónaco

Grace Kelly tuvo que pagar de dote dos millones de dólares, unos 17 millones de euros de hoy.

Grace Kelly tuvo que pagar de dote dos millones de dólares, unos 17 millones de euros de hoy.
Grace Kelly. | Cordon Press

Se han cumplido cuarenta años del accidente mortal sufrido por Gracia de Mónaco el pasado 13 de septiembre de 1982. El recuerdo de ese fatídico suceso no ha tenido en los medios de comunicación demasiado relieve, oscurecido como puede comprenderse estos días por el fallecimiento de Isabel II. Quien fuera una estrella importante, la mejor pagada en Hollywood en su tiempo, con su apelativo de Grace Kelly, era considerada un mito de la pantalla. Únicamente Marilyn Monroe podría disputarle, como así fue, la idolatría que ambas suscitaron entre millones de espectadores de todo el mundo. El nombre de quien renunció al cine por amor al príncipe Raniero III de Mónaco, ha seguido prendido en la memoria de gentes que la consideraban, aparte de su talento cinematográfico, su belleza y elegancia, una mujer extraordinaria por varios conceptos: buena esposa, atentísima madre, y princesa consorte preocupada por los monegascos menos favorecidos, enfermos o desvalidos. Una especie de segunda Eva Perón. Para sus compatriotas norteamericanos significaba la mujer que representaba las mejores virtudes del país.

Con la perspectiva que nos permite el tiempo transcurrido es evidente que existe excesiva hagiografía sobre ella, plasmada en periódicos, revistas, libros y películas. Aunque ya se fueron desvelando, después de su trágica muerte, aspectos de su vida hasta entonces desconocidos por el gran público. Por ejemplo, su larga hista de amores con grandes galanes del cine. Su marido, Raniero, también tuvo sus amoríos, la engañó varias veces estando casados y con tres hijos. Es la otra cara de quien protagonizó un cuento de hadas junto a un príncipe verdadero.

Nacida en Filadelfia el 12 de noviembre de 1929 en el seno de una pudiente familia vivió su infancia y adolescencia bajo la tiranía de un padre absolutamente dictatorial que la trataba con estricto y duro trato. John Brendan era un irlandés que había trabajado de albañil y luego fue ascendiendo hasta convertirse en un magnate de la construcción. Trataba a sus hijos como si fueran obreros de sus negocios. Grace se hartó y a los dieciocho años se marchó a Nueva York: quería ser actriz. Su padre, encolerizado, le dijo que fracasaría y ni siquiera cuando ella gano un Óscar la tuvo en cuenta.

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Grace Kelly en Mogambo | Archivo

Matriculada en una reputada Academia de Arte Dramático, para pagarse sus clases hubo de trabajar de modelo, anunciando productos de cosmética y lencería, una marca de dentífrico, otra de pantalones, y los cigarrillos "Old Gold", con el rostro de la futura estrella en grandes carteleras. Después de trabajar en varias obras teatrales debutó en el cine en 1951. Tras su intervención en Solo ante el peligro y Mogambo, entre 1951 y 1953, Grace Kelly ya era una destacada estrella.

Fue pródiga en amores, como decíamos. Ya en la American Academy tuvo un romance juvenil con su condiscípulo Herb Miller, pero lo más sorprendente fue que se enrolló con uno de sus profesores, que estaba casado y le llevaba nueve años, llamado Don Richardson. Fue una constante en ella lo de enamorarse de hombres mayores que , por su edad, casi algunos podían ser su padre. Buscaba sin duda protección y cariño, lo que no había recibido precisamente en Filadelfia de su progenitor. Richardson confesaría que la primera vez que la llevó discretamente a su apartamento, mientras preparaba en la cocina unas tazas de café, ella lo esperaba ya desnuda, nada más llegar, en la cama. Cuando después rodó su primer filme, Fourteen Hours, no tuvo reparo alguno en enamorarse, fuera del estudio, del protagonista, Gene Lyons, diez años mayor.

La lista de amantes es larga. El mánager del hotel Waldorf Astoria, Claude Philippe, fue otra de sus conquistas. Y en ese ir y venir en círculos de lujo y glamur, enamoró al riquísimo Ali Khan, príncipe de los ismaelitas. La primera noche de placer con Grace fue recompensada por él con un brazalete de esmeraldas. Y a partir de la década de los 50, veinteañera, se estableció en Hollywood desde donde triunfaría en el cine, tras ser elegida primero como compañera de Gary Cooper en Sólo ante el peligro, donde representó el papel de esposa del valiente "sheriff" de la historia filmada por Fred Zinnemann. Ese idilio trató de taparse, porque Gary, a espaldas de su esposa tenía relaciones con la actriz Patricia Neal. Dos años después, rodando Crimen perfecto, cayó en los brazos de un seductor de jovencitas, el notable actor Ray Milland que, cómo no, nada menos que había cumplido veinticuatro años más que Grace. Y en ese mismo año, ésta tuvo otros encuentros íntimos con el muy respetado James Stewart (su pareja en La ventana indiscreta), aunque él públicamente siempre negó haberse acostado con la estrella; y con William Holden, otro guapo con el que rodó Los puentes de Toko-Rí. Vendrían después El cisne y Atrapa un ladrón. Finalmente su filmografía se cerró con "Alta Sociedad". En esta última, quien encabezaba el reparto con Grace Kelly era el gran cantante y actor Bing Crosby, por el que suspiraba aquella. Él acababa de enviudar y no tuvo reparos en yacer con su joven admiradora, siendo también veintiséis años más viejo. Pronto encontraría él otra mujercita para hacerla su nueva esposa. Alta Sociedad, una excelente comedia trufada de canciones, contó precisamente con un original dúo musical entre ella y Bing, "True Love". La interpretaron con mucho sentimiento. Era natural conociendo lo que los unía. Junto a ambos, el terceto actoral se completaba con Frank Sinatra. Éste y Grace habían tenido un incidente tiempo atrás, más o menos un año antes. Se habían conocido cuando "La Voz" acompañó a Nairobi, Kenia, a Ava Gardner, al rodaje de "Mogambo", en 1953, donde ella y Grace Kelly rivalizaban por Clark Gable. Si en aquella memorable película, este fornido y legendario galán, enamorado de ambas, se quedaba al final con Ava, resultó que al margen de las secuencias, con quien tuvo escenas reales de pasión fue con Grace.

Sinatra tuvo la tentación de llamarla por teléfono y conseguir una cita. Fueron a cenar. Él se portó soez con ella. Había bebido unas copas de más. Al día siguiente la volvió a llamar, para disculparse. "Gracie", como él la llamó siempre, le comentó que, después de su intolerable conducta, tenía claro que jamás aceptaría una invitación suya, aunque fuera el único hombre que quedara en la Tierra. Con el transcurso de los años, en 1980 Frankie actuaría gratis en una gala de la Cruz Roja en el Sporting Club de Montecarlo, que presidía Grace. Y en Filadelfia, en 1982, en un homenaje a la princesa, en otro evento que Sinatra compartió con Bob Hope. A la estrella le quedaba poco tiempo de vida.

Pero, volviendo los ojos atrás, habíamos interrumpido la relación de amantes de Grace Kelly. Pues también tuvo una aventura con Tony Curtis, quien dijo sobre ella "que era muy caliente". El siempre elegante y atildado David Niven atrajo a la futura princesa. Un seductor galán francés, Jean-Pierre Aumont, nacido veinte años antes que la actriz, fue un tiempo su compañero sentimental. Pero de todos los mentados aquí quizás sea Oleg Cassini "el hombre de su vida", antes por supuesto de conocer al que sería su esposo. Se trataba de un diseñador ruso, con el título de conde, divorciado dos veces, por el que Grace Kelly se volvió loca. Tramaron su boda. Los padres de la actriz, escandalizados, consiguieron frenar su decisión. Por supuesto que ya era mayor de edad para decidir su futuro y además, se había librado desde los dieciocho años del maltrato psicológico de su padre. Aquello sucedió en 1954.

Era el mes de mayo cuando Grace Kelly viajó a Cannes en cuyo famoso Festival se iba a exhibir Atrapa un ladrón, el filme de Alfred Hitchcock, con quien rodó en total tres películas. Él estaba secretamente enamorado de su actriz. Rubia como todas las que le gustaban. Unos periodistas de la revista París Match lograron que Grace accediera a visitar el palacio de Mónaco, previa gestión con el príncipe Raniero. La cita fue el 6 de mayo de 1955. Ambos quedaron encantados de haberse conocido, volvieron a encontrarse, el príncipe se desplazó a Filadelfia, y terminó rendido ante ella pidiéndole matrimonio. Que tuvo lugar el 18 de abril de 1956. Tuvieron tres hijos: Carolina, nacida en 1957, Alberto, al año siguiente, y Estefanía, en 1965. Lo que nos resulta sorprendente es que para que se celebraran aquellos esponsales la novia tuviera que pagar una dote, que se elevaba a ¡dos millones de dólares!, equivalentes hoy a diecisiete millones de euros. La estrella hubo de recurrir a sus ahorros, lo mucho que había ganado con sus películas. Lo de la dote era una antigua tradición, incomprensible en nuestros días. En todo caso, la dote debiera haberla aportado él. Pero no fue así.

La presencia de Grace de Mónaco supuso para el Principado un soplo de aire fresco y modernidad. Su fama cinematográfica contribuyó sin duda a situar ese pequeño Estado en el mundo, cuando su existencia era ignorada por muchos. En Hollywood, cuando la estrella consiguió que la productora Metro-Goldwyn-Mayer cediera para finalizar su contrato antes de tiempo (le quedaban por rodar tres películas al menos), no sabían dónde estaba realmente el Principado al que iba a irse a vivir como primera dama su actriz favorita, que les había hecho ganar millones de dólares por sus taquilleras películas. Y ya instalada en Mónaco superó su nostalgia de Nueva York, de Los Ángeles, Hollywood. Tuvo que decir no a la oferta que le hizo su buen amigo Hitchcock para que fuera protagonista de Marnie la ladrona, con gran dolor de su corazón. Y fue poco a poco aplicándose a su papel de Princesa hasta sentirse una monegasca más, aunque viajara de vez en cuando a Filadelfia. El palacete familiar de los Kelly en esa ciudad, lo adquiriría su hijo Alberto, cuando ya su madre no estaba en este mundo, en su memoria, sabiendo los recuerdos que tenían para ella, imborrables.

Raniero se desvivía por hacerla feliz, en aquel mundo de ensueño que fue para Grace durante los primeros tiempos de su matrimonio. Él era atractivo, hombre de mundo, por el Palacio de Mónaco pasaron celebridades mundiales, de igual modo que los Príncipes hicieron visitas de Estado y eran recibidos tanto por la Reina Isabel II como en la Casa Blanca. No se le habían conocido muchos amores a Raniero antes de su boda con Grace, salvo uno en especial con la actriz francesa Giselle Pascal con quien desde 1947 y durante seis años tuvo intensas relaciones, tras dejar ella a Yves Montand. Cuando se acabó su lío con Raniero, cayó en las redes amatorias de Gary Cooper para casarse finalmente con el también actor Raymond Pellegrin. La aparición ya contada de Grace Kelly en Montecarlo significó para Raniero su absoluta dedicación a ella, olvidando a Giselle. Aunque cuando ya habían nacido sus hijos, nos consta que volvió a las andadas, siéndole infiel a su esposa. Grace jamás lo engañó.

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Los príncipes de Mónaco, Tessa de Baviera y Manuel Román | Archivo

La pareja, desde que se casó, alumbró las portadas de centenares de publicaciones de todo el mundo. En París Match eran personajes habituales. A España vinieron en distintas ocasiones, sobre todo a cazar, afición que cultivaba Raniero. Y a los toros, a ver a Luís Miguel Dominguín. Grace conocía también a Victoriano Valencia, el hoy ex-yerno de Enrique Ponce. En los primeros años 70 también estuvieron invitados a la inauguración del Puerto Banús. Don José Banús, el dueño de todas las edificaciones existentes allí, donó cinco millones de pesetas a la Fundación que llevaba el nombre de Grace de Mónaco. En una fiesta en su honor actuó Julio Iglesias que, torpemente, pisó el brazo de la Princesa, quien no rechistó pese al dolor causado. Tras la muerte de Franco, con la subida al Trono de Juan Carlos I, los Príncipes asistieron a la ceremonia religiosa de su exaltación. Horas más tarde, tuve el honor de ser recibido por Raniero y Grace en el consulado de Mónaco en Madrid. Con mi compañero gráfico, Santiago Álvarez, fuimos los únicos periodistas presentes es tarde, gracias a la deferencia con nosotros del cónsul y su esposa, prima por cierto del Rey. La Princesa mostraba su señorial presencia, la siempre comentadísima elegancia y belleza. Al preguntarle de si volvería al cine, respondió negativamente, mas advertí sienta nostalgia y pena al decirlo. Raniero me pareció más campechano. Resumiendo: ella representaba mucho más el símbolo que representaba.

Grace de Mónaco murió a los cincuenta y dos años, al día siguiente de su accidente en una de las peligrosas curvas de la carretera que unía la casa de campo familiar de los Grimaldi, en Roc Agel, hasta el Palacio. Precisamente la misma en la que se habían rodado escenas de "Atrapa un ladrón" con Grace y Cary Grant, su buen amigo. La Princesa no recobró el conocimiento tras el violento choque del vehículo, al parecer conducido por su hija Estefanía, de diecisiete años, que no tenía carné. Se quiso exonerar a Estefanía de su probable culpabilidad, pero Grace, aunque sabía conducir, apenas lo hacía. Se especuló que en el momento fatal, ambas discutían. Grace llevabas tiempo enfadada con la conducta de sus dos hijas, harta de que éstas se comportaran indebidamente con sus novios, no digamos con el fracaso matrimonial de Carolina. Lo que no parece fuera cierto es que Grace sufriera al volante un derrame cerebral, pero sí se le diagnosticó ello en el hospital, consecuencia del golpe, no de la causa de que volcara el vehículo. No se le practicó la autopsia, lo que sin duda habría arrojado datos importantes. El entierro fue multitudinario, como pude comprobar "in situ", cinco días de su muerte, en la Catedral de San Nicolás, donde en abril de 2005 fue también sepultado Raniero.

Cuando Grace de Mónaco murió su herencia fue exigua: sólo tenía en un banco norteamericano diez mil dólares y en Irlanda una vieja casa, hoy en lamentable estado, propiedad de sus abuelos, de escaso valor. ¿Qué pasó con lo mucho que había ganado en el cine? Al morir Raniero sí que dejó a sus hijos una enorme fortuna. Su patrimonio personal se estimó en dos mil millones de euros.

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