
La gira por la España veraniega de este año, Luis Miguel ya la planteó a partir de su próxima primera actuación en Córdoba. Eligió la capital de los califas como un cariñoso detalle hacia su prometida, Paloma Cuevas, que nació en esa bella ciudad de los califas, cuando sus padres se habían instalado allí por los negocios empresariales, de naturaleza agrícola-ganadera del progenitor, Victoriano Valencia, también empresario taurino entonces.
Paloma, se ha desvivido siempre por su familia. Nuestros lectores ya han estado informados de la fiesta que días atrás organizó en su residencia madrileña para festejar el noventa y tres cumpleaños de su padre, quien ha superado los problemas de salud que le afectaron tiempo atrás y luce, pese a su avanzada edad un buen aspecto, aunque tenga problemas con su movilidad y se sirva de una muleta (no como la que tantas tardes usaba en las plazas de toros) sino ortopédica.
Cuando Enrique Ponce, su ex yerno, anunció que se separaba de Paloma tras más de veinte años casados y padres de dos hijas, Victoriano y su esposa sufrieron una dolorosa reacción, no acertando a comprender el motivo de aquella ruptura. El tiempo, poco a poco, va curando esas heridas del destino. Y el matrimonio compartió luego la felicidad de su hija, al verla muy ilusionada con su actual pareja. Están muy contentos de que Paloma haya recuperado el equilibrio de su vida sentimental al lado de Luis Miguel. Y si todo en la pareja continúa felizmente como hasta ahora, la boda, de carácter civil, podría celebrarse en los próximos meses, cuando el cantante mexicano haya concluido su actual gira musical. Victoriano Valencia ya trata a su futuro yerno como tal. Y contó en "Chic", haberse emocionado al recibir la felicitación del "Sol de México" por su noventa y tres cumpleaños.
Victoriano Cuevas Roger nació en Barcelona el 30 de mayo de 1933. Siempre se ha considerado "muy madrileño". El hecho de venir al mundo en la Ciudad Condal se debió a que José Cuevas, su padre, comisario de policía, fue destinado a dicha capital, y allí fue donde sus dos hijos, uno de ellos Victoriano, cursó sus primeros estudios escolares en los Escolapios. La familia materna de éste tenía un historial dinástico taurino. Del que nació el sobrenombre Valencia, cuyo origen fue el siguiente.
José Roger, que fuera peón del célebre Espartero, resulta que habiendo nacido en la localidad levantina de Torrente, fue conocido entre la afición de aquella tierra con el mote de Valencia. Y así pasó a ser utilizado en los carteles por los descendientes de aquel, también figuras de la fiesta. Como ha sido el último representante de esa dinastía, nuestro buen amigo Victoriano.
Desde muy joven ya sintió esa llamada de los ruedos, aunque su padre no quería que fuera torero. La insistencia del muchacho supuso un trato paterno-filial: estudiaría una carrera y al terminarla podía elegir su futuro profesional. Como tal, Victoriano cursó Derecho en la Universidad de Salamanca, tierra con ganaderías de raigambre, en varias de las cuales, entre exámenes y capeas, fue forjándose como futuro matador de toros.

Fue en su tiempo uno de los escasos diestros salido de una Universidad, como abogado, que nunca ejerció. Y sí como torero, alcanzando una notable carrera. Se le recuerda como muy elegante en la plaza. Siendo novillero cuajó la mejor tarde de su vida en 1958 frente a "Carpeto", de la ganadería portuguesa de los Pahla. Y ya con el entorchado de matador, cuando pasaportó en 1960 a "Talaverano", de Samuel Flores.
Victoriano Valencia era muy atractivo y fuera de las plazas conquistaba a sus admiradoras. Una dama del franquismo, actriz antes de la guerra civil, a quien mucho traté, Niní Montiam, lo invitaba a fiestas con americanos millonarios. Y en casa de ella, contemplé cómo el torero se enrollaba con alguna de las féminas de aquellas periódicas reuniones. Competía Victoriano con la fama seductora de otro matador de toros, Luis Miguel Dominguín. Le ganaba éste, por supuesto. En la alta sociedad madrileña, no obstante, no le faltaban a Victoriano frecuentes conquistas. Los reporteros trataban de acercarlo a las estrellas de cine que rodaban películas en España, y él así conseguía una gratuita popularidad, o bien con misses y bellezas de todo tipo. Él y Dominguín eran los únicos matadores en aparecer en las revistas del color del país y otras extranjeras, como Paris Match. Fue el caso de cuando acompañado de un periodista llegó hasta el palacio de Mónaco donde le regaló un capote de paseo a la princesa Grace.
De las mujeres que se enamoraron de Victoriano Valencia hubo una de las hijas del que fuera rey de Italia, Humberto de Saboya, la princesa Titi. Se encandiló de tal forma con él que quiso casarse, pero Victoriano no la quería para dar ese paso. Y cuando le comunicó que ya estaba comprometido con otra, a Titi le dio tal pasmo que, sola en su vivienda de la entonces avenida del Generalísimo tomó una pistola y quiso suicidarse. No lo logró, y asistida en un hospital y después en la clínica psiquiátrica del doctor López Ibor, salió adelante. La prensa española de la época trastocó el suceso, sin mencionar la intención de la princesa de quitarse la vida. El Ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne fue quien impidió que se supiera toda la verdad de aquel accidente. Titi de Saboya era una mujer inestable. Recuperada del referido suceso recayó más tarde y también loca por un diplomático argentino, Luis Reina, trató de quitarse otra vez la vida lanzándose al vacío desde una terraza. Conocí a la princesa en Marbella años después, ya casada con Reina, y la encontré sosegada y aparentemente feliz.
Por su parte, Victoriano, tras el incidente con la princesa italiana, había encontrado a la mujer de su vida, Paloma Díaz, (hija de un adinerado industrial madrileño) a quien doblaba la edad. Contaba María Ángeles Grajal que Jaime Ostos (quien sería su esposo) y Victoriano, colegas y buenos amigos frecuentaban la academia de baile de Paco Reyes y Gloria Librán, porque allí tenían dos ligues entre las alumnas. Resultó que una de éstas, no las conocidas por los diestros, se quedó embobada al fijarse en Victoriano Valencia. Tenía solo nueve años y le pidió un autógrafo. Y, precisamente, nueve años después se convertiría en su esposa. Era, claro está, Paloma Díaz. Bellísima. Y a prueba de simpatía desbordante.
Estuve en la boda de Victoriano y Paloma, acaecida en la madrileña iglesia de la Concepción. Luego, la fiesta nupcial sucedió en Soto de Viñuelas, en una finca a una veintena de kilómetros de la capital. Acontecimiento social con cientos de invitados de rumbo. Lola Flores bajó al ruedo de la placita allí existente y toreó al alimón con el novio, un Victoriano Valencia, vestido de corto y radiante de dicha.
Al año les nació una niña y el nombre elegido no podía ser más castizo: Paloma. Aquella jovencita que fue creciendo, apareciendo a menudo en las páginas de los semanarios del corazón y que veintidós años más tarde se convertiría en la esposa de otro torero importante, Enrique Ponce.
Los Valencia-Diaz tuvieron dos hijos más, un varón llamado como el padre, que falleció a temprana edad, y la benjamina, Verónica. Victoriano siempre fue muy familiar. Cuando se cortó la coleta en la plaza de Ibiza, tres meses antes de su boda, iría preparando su futuro. Empresario de varias plazas de toros, de negocios relacionados con ganado y algodón, también apoderado de muchas figuras, como Ortega Cano, Julio Robles, El Juli, Manuel Díaz "El Cordobés" y el último, Enrique Ponce, luego su yerno. El que acabó decepcionándolo cuando se separó de Paloma.
Luego ya octogenario, Victoriano Valencia fue dejando poco a poco sus contactos profesionales, retirándose de toda actividad taurina. Su vida no cabe duda que ha sido muy interesante. Tanto es así que su hija Paloma viene hace tiempo recopilando datos y anécdotas para publicar un libro sobre él.
Si Victoriano Valencia a sus noventa y tres años disfruta ahora con su esposa de la felicidad de su hija y sus dos nietas, no quisiera que la providencia le impidiera de aquí en adelante continuar compartiendo ese horizonte dichoso que se avecina con el previsible enlace de Paloma Cuevas Diaz con Luis Miguel. Lo de que esta pareja pudiera, además, convertirlo nuevamente en abuelo, ya sería otra cuestión no tan fácil, a expensas de la naturaleza. Paloma tiene ahora cincuenta y un años, puede que sueñe con la maternidad. Una incógnita, como se comprenderá. Aunque sabido es que la ciencia ha avanzado de tal manera que ello no sería difícil. Así es más que posible que, tanto la diseñadora como el cantante, ya hayan decidido ser padres después de casarse, desde luego.