
Las mujeres de los toreros no suelen ir a la plaza cuando ellos torean: novias, esposas, que no soportan la tensión desde un tendido o barrera, mientras aquellos se juegan la vida. Ana Soria rompe esa tradición; es valiente. Y prefiere siempre que le es posible ver a Enrique Ponce en el ruedo antes que esperar en casa una llamada de teléfono confirmándole que la tarde ha ido bien.
Hoy, viernes 23 de agosto, Ana Soria tiene pensado estar en Bilbao, donde dentro de las Corridas Generales durante la feria de la capital vizcaína, Enrique, "su" torero, encabeza un festejo importante. El coso de Vista Alegre es uno donde se lidian toros de ganaderías destacadas. Y Enrique Ponce siempre da la cara, allí donde hace el paseíllo. ¿Pasará miedo esta tarde Ana Soria? De alguna manera, ya está acostumbrada porque desde que el diestro levantino reapareció tras aquella retirada temporal el 27 de junio de 2021, en Nimes, el pasado 17 de mayo ha seguido más de una tarde ese periplo de Enrique en el año de su adiós al toreo. En el coso francés, Ana Soria atendió a los periodistas que la cercaron para que hablara sobre su prometido, cosa que no suele hacer, salvo aquella entrevista televisiva en El Hormiguero. Y aunque insistió ante los reporteros que la respetaran en su vida privada, les dijo amablemente que era muy feliz junto al hombre que ama, y que sus padres quieren mucho a Enrique, y a la inversa. En esa corrida, Ponce brindó uno de sus toros a su novia.
Ese gesto lo ha vuelto a repetir. Es protocolario en general en tardes de toros. Pero esta vez reunía algo especial, emotivo. Fue anteayer, el miércoles 21 de agosto, en la primera corrida de la feria de Almería. Al hacer el paseíllo, Enrique se despojó de su capote de paseo donde lucía, bordada, la imagen de la Virgen del Mar, patrona de dicha capital andaluza. Prenda que se depositó en la barrera que ocupaba Ana Soria. Pero el momento más emocionante de esta tarde especial para ambos fue cuando, pausadamente, llegado el último tercio, el diestro se dirigió hacia el lugar que ocupaba su prometida. Y sosteniendo la montera en su mano derecha antes de enviársela, pronunció estas amorosas palabras: "Despedirme en tu tierra, aquí, en Almería, es una enorme ilusión para poder demostrarnos nuestro amor". Quienes, cercanos, escucharon ese brindis, prorrumpieron en ovaciones y gritos: "¡Torero, torero! Almería y Ponce". La plaza había permanecido en silencio e inmediatamente se unió a esos espectadores de al lado de Ana, y en pie, no dejaron durante tres minutos de manifestar su cariño y admiración al diestro, que había cortado dos orejas a su primer enemigo y una en el cuarto, el del bonito brindis. Al terminar la corrida, Enrique Ponce, que vestía un terno violeta y oro fue izado en hombros en unión a sus compañeros del interesante cartel, Roca Rey y Juan Ortega.
Le esperan a Enrique Ponce unas pocas corridas más hasta cortarse la coleta, su adiós definitivo a los ruedos, el 9 de octubre en Valencia, su tierra. Y antes de ello, entre otros serios compromisos, hará el paseíllo en Murcia, mes de septiembre, junto al matador local Pepín Liria, que reaparece para esta única ocasión, en principio. Ponce toreará luego en Córdoba, en Pozoblanco, Madrid (donde les espera un sentido homenaje) el 28 de septiembre, durante la Feria de Otoño. Irá a Zaragoza, al ciclo de las corridas de El Pilar. Y en cualquiera de esas tardes, podría estar Ana Soria.
Ella terminó en mayo la carrera de Derecho. Va a hacer un máster. Y luego trabajará en el bufete de su padre, el prestigioso abogado almeriense Federico Soria. Ha tardado más de la cuenta, ciertamente, en obtener su título de abogada, profesión que piensa ejercer. Enrique Ponce comparte ese deseo. Veinticinco años cuenta ella; cincuenta y dos él. Pensamientos tienen de casarse cuanto antes. Barajan fechas. Podrían celebrar su boda en la primavera del próximo año. Será de carácter civil pues el matrimonio de Enrique con Paloma no ha tenido la nulidad que sería precisa para que el enlace tuviera carácter religioso.


