
El Día de Andalucía, 28 de febrero de 2003, Isabel Pantoja saludaba a un montón de ciudadanos desde un balcón del ayuntamiento de Marbella por haber sido declarada imagen de la ciudad, a instancias de su edil, Julián Muñoz. La cantaora también ofició de madrina de un avión de la compañía Air Europa. Vino luego la celebración de la Virgen de la Candelaria, en la población gaditana de Sanlúcar de Barrameda, y allí ya la pareja no aguantó más y ante las cámaras de varias televisiones y fotógrafos se besaron y abrazaron sin pudor alguno. El romance estaba servido para el mundillo de la información rosácea.
Llegado el mes de mayo de ese 2003, Mayte Zaldívar dejaba su hogar y ocupaba un apartamento del hotel Guadalpin, en tanto el alcalde y la artista se paseaban cogiditos de la mano por el Puerto Banús e iban a la romería del Rocío encandilados el uno y la otra. Y cuando tuvo que dejar la alcaldía de Marbella a la fuerza, muy ufano, Julián llevó a Isabel a su pueblo de nacimiento, El Arenal, provincia de Ávila, donde Cachuli, como a él se le conocía desde jovencito, se paseó por las calles cual ídolo famoso. Al fin y al cabo había conquistado a una popularísima cantaora. Julián, siempre vestido pulcramente, parecía un galán antiguo, de aquellos con bigotito de los años de la postguerra. Ella ya había roto con Diego Gómez, su discreto último novio, relaciones públicas de un Casino de la Costa del Sol.
En esa primavera en la que se fraguaba el idilio de Julián e Isabel se publicaron unas imágenes sorprendentes: las de él recostado en el asiento trasero de un coche, cubierto con una manta, saliendo de Cantora, la finca donde habían vivido Paquirri y la cantaora. Más claro, agua: ya se acostaban juntos. Llegado el verano de 2003 Isabel adquiría un chalé que, en pesetas, le costó seiscientos cincuenta millones de pesetas en cuya gestión parece que él tuvo mucho que ver.
Julián, que llamaba en la intimidad a Isabel Mi Gitana, le propuso bautizar así esa vivienda lujosa en la urbanización La Pera, de Marbella. Allí se iría a convivir la pareja. Allí también viviría Kiko, el hijo de Isabel y el torero.
Comenzaron poco a poco los problemas financieros para ambos. A Julián le fueron embargando sueldos y luego propiedades, conforme iban a condenarlo por varios delitos. Fue cuando confesó que él no ganaba dinero, que vivía a costa de Isabel. De cuantos juicios empezaron a aflorar contra Julián Muñoz el de la llamada ‘operación Malaya’ constituyó el definitivo para que fuera a la cárcel, que salpicó asimismo a Isabel Pantoja y terminó entre rejas.
Los años que vivieron en común ambos fueron en principio apasionados. Juntos hicieron negocios que luego quisieron esconder. La ambición de Isabel Pantoja era palpable. Y cuando ya no podía ser la alcaldesa consorte, al ser él destituido de su cargo, Isabel fue planteándose qué papel hacia ella junto a un hombre que ya no le inspiraba ni amor, ni admiración, ni interés. De los besos y arrumacos que se prodigaban al principio de su idilio, tales brasas fueron convirtiéndose en cenizas. "Nunca vas a encontrar una mujer que te quiera como yo", le dijo ella en sus momentos de pasión. Y luego, él encerrado entre barrotes, fue a verlo sólo un par de veces. Tuvieron intimidad. Pero Isabel, quizás aconsejada por personas cercanas, dejó de verlo Y lo olvidó, causando en él una gran amargura y decepción. En esos años de atrás, Julián se había ocupado de los contratos de ella, de acompañarla en los viajes, de estar en una oficina pendiente de su vida artística. Y confesaba que sin asignación pecuniaria alguna. Cierto parecía ser que vivía a costa de su amante.
Para no convertir cuanto sigue en un refrito de cuantas acciones delictivas cometieron, sobre todo él, trataremos de resumir su andadura judicial. Acusado de malversación y prevaricación, el exalcalde ingresó en la cárcel de Alhaurín y más adelante en otra de Jaén. Con él, paulatinamente, también serían detenidos cuantos concejales y empresarios responsables del saqueo de Marbella.
Julián Muñoz pasó a ser el preso más conocido de España. Y jamás devolvió un céntimo de cuanto pudo embolsarse. Que fueron muchos millones, estimados en cuarenta y cinco, pero eso no se sabrá nunca. Aquella trama de corrupción inmobiliaria institucional jamás se había conocido en nuestro país. Varios fueron los casos y delitos por los que Julián fue condenado, aparte de los ya citados: cohecho, malversación de fondos públicos y prevaricación por la concesión de licencias urbanísticas ilegales. Cumplió las tres cuartas partes de esas condenas y habiendo recibido la libertad bajo fianza en ese mentado ‘caso Malaya’, salió de la cárcel el 17 de octubre de 2008, tras casi dos años y medio entre rejas.
Entre 2009 y 2016 mantuvo relaciones sentimentales con la llamada Karina Pau; acabadas ellas, se buscó otra novia, de nombre Liv Paulo. A pesar de su deterioro físico, mantenía su carácter abierto y seductor, aunque fuera con periodos intermitentes por sus idas y venidas a la cárcel. En junio de 2012 hubo otro juicio. En el banquillo de la Audiencia se sentaron con él, entre algún otro condenado, Mayte Zaldívar e Isabel Pantoja, reencontrándose ambos después de tres años sin verse. A Julián le cayeron cuatro años y medio de prisión multa de más de tres millones de euros, que no pagó, por supuesto. A Mayte la condenaron a tres años y tres meses de prisión y una multa de dos millones. Y a la cantante dos años de prisión y multa de dos millones. Pagó ella su pena en la cárcel que eligió, en Alcalá de Guadaíra y en cuanto al dinero lo fue fraccionando, por falta de liquidez. Quiso Julián que Mayte no fuera encarcelada, aunque de nada le sirvió defenderla ante el juez. De Isabel no quiso saber absolutamente nada. Consideraba que lo había traicionado y encima lo echó de casa, de Mi Gitana, aquel chalé en donde tantas noches él disfrutó de su compañía pensando que su amor hacia ella sería para siempre. Se equivocó: de quererla y de haberla ayudado en sus negocios turbios.
Y en 2013 fue condenado de nuevo Julián a otros seis años y medio de cárcel y diez años de inhabilitación de cargos públicos. Tenía todavía pendientes más causas. En esos años carcelarios es cuando su salud comenzó a resentirse. Le diagnosticaron una cardiopatía isquémica hipertensiva, diabetes y otras dolencias. El 6 de mayo de 2016 abandonó definitivamente la cárcel para cumplir ya su tercer grado en el Centro de Inserción Social de Algeciras. La justicia le perdonó otras causas delictivas que ya no pudieron juzgarse. Inconsciente de su situación, lo pillaron en ese tiempo bailando sevillanas en una discoteca. "¡Ah!, pero ¿usted no estaba enfermo?", le preguntaron al volver a dormir al citado Centro.
Cuando llegó el año 2021 ya quedó en libertad plena. Había empeorado su salud. Llevaba tres stens en las arterias coronarias y dos también en las piernas. Continuó viviendo en Marbella. Lo operaron varias veces. Padecía una degeneración macular y había perdido la mitad de la visión. La compañía de sus hijas Eloísa y Elia le servía del mejor de los paliativos posibles. Iba diariamente a un gimnasio de Nueva Andalucía, conocida urbanización marbellí. Y practicaba luego en casa con el ordenador, manteniendo contactos con redes sociales utilizando el seudónimo de Oso Yogui.

Al año siguiente, 2022, se emitió una docuserie en Telecinco, donde se contaron sus experiencias carcelarias entre 2006 y 2016. Nunca más quiso recordar públicamente a Isabel Pantoja, quien en las páginas de ¡Hola! sí que se mostraba hacia él muy despectiva en sus recuerdos: "Que me olvide para siempre". Eran respuesta por las dos o tres ocasiones que él apareció en programas de televisión contando sus miserias, aunque no podía cobrar ni un céntimo, ya que con la Agencia Tributaria de Hacienda seguía teniendo una elevadísima deuda.
Pasaron estos últimos años. Julián Muñoz confesó, aparte de saberse sus otras dolencias, que padecía un cáncer de pulmón incurable. Había fumado mucho durante toda su vida, adujo. Y enero de este 2024 dio la sorpresa al casarse de nuevo, en segundas nupcias, con su primera esposa, Mayte Zaldívar, con quien había estado unido en matrimonio desde 1974 hasta 2003, como ya contamos. "Ella es todo para mí hasta el último día de mi vida". Se comentó que esa decisión, por noble que pareciera, podía esconder el deseo de que, al quedar ella viuda, pudiera cobrar la pensión que como ex alcalde tenía derecho, barajándose la cifra de dos mil euros, aunque no lo sabemos con exactitud si así podría ser. Pues otras fuentes señalaron que lo que pudiera percibir sería el salario mínimo vital de ochocientos euros.
La sorpresa de la boda tenía otro añadido: y es que Mayte Zaldívar, de sesenta y siete años, lleva desde que en 2003 se separó de Julián, conviviendo diecisiete años con un joven menor que ella, llamado Fernando. Se daba la circunstancia que esta pareja vive casi al lado del piso que ocupaba Julián y podían verse a menudo. En las últimas semanas las visitas de Mayte al hospital para estar cerca de su marido han sido constantes. Y Fernando ha sabido permanecer dignamente en esas dolorosas circunstancias.
Hace pocos días, en un viernes de septiembre, Julián Muñoz concedió una corta entrevista a Telecinco. Consciente de que su tiempo se acababa dijo que sería la última vez en aparecer en la pantalla. Anunció que había previsto ya sus memorias, para publicarse cuando él ya no estuviera entre nosotros. Donde Isabel Pantoja, por cuanto percibimos, no saldrá bien parada. Su hermano Agustín fue quien le comunicó la noticia del fallecimiento de Julián. Desconocemos la reacción de la cantaora, aunque no es difícil imaginarla.