
El paso del tiempo, las nuevas modas musicales, precipitan el olvido de cantantes, en particular los que ya no están entre nosotros. No sucede con todos: ahí está el caso de Nino Bravo, muerto en un trágico accidente hace medio siglo, cuyas canciones todavía se recuerdan y su imagen suele prodigarse en las televisiones. Al contrario, sucede que de Mari Trini, la extraordinaria cantautora de los años 70, ya casi nadie parece acordarse; al menos, en los medios de comunicación. Falleció en penosas circunstancias en 2009. Un libro escrito por Esther Zecco sobre la vida y obra de la cantautora murciana, ha servido para que la recordemos cuando se han cumplido quince años de su desaparición. Inmediatamente después se publicó otro este mismo año también, firmado por Miguel Fernández. Ambos volúmenes resumen perfectamente quién fue Mari Trini.
Conocí a Mari Trini en 1968 cuando acababa de llegar a Madrid, después de unos años de residencia en Londres y París, protegida por el gran director cinematográfico Nicholas Ray. Fue el jefe del departamento de prensa de la RCA quien me la presentó. Y le hice la primera entrevista, cuando aquí era una perfecta desconocida. Supe de su nacimiento en Caravaca de la Cruz (Murcia) en 1947, trasladada a Madrid con su familia a la edad de cuatro años. Una nefritis la obligó a permanecer en la cama durante su infancia y gran parte de su adolescencia; dolorida, pero sumando sueños en noches de duermevela o en días de alargadas horas. Al domicilio familiar iban algunos docentes a procurarle estudios básicos y también de otra naturaleza. Sus padres le regalaron una guitarra, que pulsaba a diario en su limitado estado físico. Fernando Arbex, el líder del grupo Los Brincos, supe que la instruyó en el manejo del instrumento. Y así, lentamente, fue escribiendo letras poéticas, a las que puso música. Fue el inicio de quien ya a finales de la década de los 60 fue perfeccionando su vocación hasta convertirse en la gran cantautora admirada en toda España.
En 1970, con otra casa de discos (pues con la anterior no logró romper su anonimato musical), fue cuando despegó espectacularmente con el álbum "Amores". Dos genios de la producción discográfica y la maestría con los arreglos, respectivamente Rafael Trabuchelli y Waldo de los Ríos, significaron mucho en esos principios discográficos de Mari Trini. De su valiosa lista de éxitos, apuntamos entre otros los siguientes títulos: "Cuando me acaricias", "Yo no soy esa", "Mañana", "Un hombre marchó", "Yo confieso", "Vals de otoño", "Una estrella en el jardín"… Finalizando la década de los 80, su discográfica no le renovó el contrato, grabó discos con otras independientes y en 1996 dio por finalizada su carrera, por problemas de salud. Aunque en 2001 apareció un álbum, que sería una especie de testamento musical, acompañada de los nuevos Panchos mexicanos. Y después, es cuando Mari Trini entró en una oscura decadencia física hasta su fallecimiento, con su patrimonio cada vez más precario.
A la vida de Mari Trini tras un ocasional encuentro llegó otra mujer, la francesa Claudette Lanza, trece años mayor que la cantante, quien dejó a su marido, con quien administraba un restaurante, y a su hijo, para convertirse en su asistente profesional, eufemismo sobre todo, pues lo cierto es que ambas se habían enamorado. En ese tiempo, los periodistas silenciábamos esa relación lésbica, pues así nos era obligado, por la censura y la propia dirección, sobre todo, de cada medio.
Mari Trini vestía siempre con pantalones, nunca con faldas, hasta que en una ocasión especial, para acallar murmuraciones, decidió posar en Interviú, no desnuda, pero sí mostrando algunas partes de su cuerpo, en especial las rodillas.
Lo importante, naturalmente, era el fondo de sus letras, y las acertadas composiciones musicales, con especial atención a los problemas de las mujeres, cuando el feminismo aún estaba aquí lejano en sus reivindicaciones. Textos poéticos, pero con argumentos, historias que llegaban fácilmente al corazón de sus millones de admiradores. Mari Trini se convirtió en ídolo popular. Firmaba muchísimas galas, bien retribuidas; aparecía en televisión muy a menudo, y en las revistas del corazón también, aunque insistimos nunca se pronunciaba sobre su situación sentimental. Lo de "salir del armario" todavía era una quimera en España.
En 1996, como ya citamos, es cuando se retira, coincidiendo con una etapa en la que ya su figura iba desdibujándose, no la contrataban y sus canciones sonaban poco en la radio; en televisión, no contaban con ella. Por tanto, al dolor que físicamente atravesaba se unía la depresión al sentirse postergada como artista. Algo difícil de aceptar, cuando había disfrutado de una gran popularidad. Dejó su residencia madrileña para afincarse en una localidad de la Costa Brava, San Pol de Mar, siempre desde luego con la compañía de Claudette, quien no la dejaba sola ni a sol ni a sombra.
CEn esos últimos tiempos, Mari Trini demandó a su casa de discos, reclamaba una indemnización por incumplimiento de contrato: le quedaban unos discos por grabar. Otro desencuentro económico lo tuvo con el productor del disco de boleros con Los Panchos, al que la intérprete le reclamaba una elevada cifra, sintiéndose estafada. No consiguió que sus reclamaciones fueran atendidas. Sin ilusiones ya para actuar, deprimida, enferma, se retiró a su tierra murciana, a una urbanización de Molina de Segura, donde en 2007 los médicos le diagnosticaron un cáncer de hígado. Hubo de someterse a duras sesiones de quimioterapia. Año terrible porque más tarde, en otro reconocimiento, le detectaron metástasis de pulmón. Aun así, según contaba en su libro su biógrafa Esther Zecco, alimentaba la idea de publicar un libro de poemas y despedirse de sus paisanos con un recital en el teatro Romea, de Murcia. Se le adelantó la Parca, muriendo el 7 de abril de aquel 2009 en el Hospital Universitario Morales Messeguer. Claudette, estuvo con ella hasta ese último momento.