
La noche de ayer, el plató de ¡De Viernes! se convirtió en el escenario de una de las entrevistas más complejas y emocionales de la temporada. Ana Obregón regresó a Telecinco no solo para celebrar el presente junto a su nieta, Ana Sandra, sino para enfrentarse a las críticas tras su decisión más controvertida hasta la fecha: la publicación —y posterior borrado— de un vídeo generado por Inteligencia Artificial donde su hijo fallecido, Aless Lequio, aparece abrazando a la pequeña. En un ejercicio de honestidad, la actriz desgranó los motivos de sus actos, defendió su derecho a gestionar el duelo de forma no convencional y lanzó mensajes directos hacia quienes cuestionan su salud mental o su relación con el padre de su hijo, Alessandro Lequio.
El eje central de la conversación fue, inevitablemente, el vídeo creado con IA que circuló brevemente por el perfil de Instagram de la actriz a principios de esta semana. En las imágenes, una recreación digital de Aless Lequio sostiene en brazos a su hija, una estampa que la biología hizo imposible pero que la tecnología ha materializado en el imaginario de Obregón. Ante las acusaciones de haber creado algo "macabro" o "perturbador", Ana se mostró tajante. Explicó que el vídeo fue un regalo de un seguidor y que, al verlo, su primera reacción fue el llanto desconsolado de felicidad. "Daría mi vida porque fuera verdad", confesó anoche, admitiendo que si decidió retirarlo de su muro no fue por la presión de los "haters", sino por su propia "salud mental": ver la imagen de forma constante en su perfil le causaba un dolor que no podía soportar.
La actriz defendió el uso de estas herramientas como una vía de escape emocional, comparándolo con mirar una fotografía, aunque el realismo del vídeo ha abierto un debate nacional sobre los límites éticos de "resucitar" digitalmente a los seres queridos. Para Obregón, la IA es un consuelo, no una distorsión de la realidad, y arremetió contra la "falta de empatía" de un país que, según ella, juzga cada uno de sus movimientos desde que decidió cumplir la última voluntad de su hijo.
Entre la maternidad y la supervivencia económica
Uno de los puntos más sorprendentes de la entrevista fue la confesión de Ana sobre su situación financiera y la exposición de Ana Sandra. A pesar de la imagen de opulencia que suele rodearla, la bióloga aseguró que su regreso a los platós y las exclusivas tienen un fin puramente pragmático: "Esta niña tiene que comer". Obregón reveló que, aunque lleva 44 años trabajando, "no está forrada" y que debe asegurar el futuro de la pequeña ante la realidad de su propia edad. "Soy consciente de que no voy a estar ahí siempre", afirmó con una lucidez que silenció al plató.
Además, anunció una decisión que marcará un antes y un después en su relación con la prensa: el año 2026 será el último en el que el rostro de Ana Sandra aparezca de forma pública. La actriz se comprometió a que, a partir de ahora, la menor solo aparecerá de espaldas en sus redes sociales, buscando proteger su intimidad conforme crezca, aunque defendió que hasta ahora solo ha compartido "un poquito de felicidad" en un mundo lleno de noticias trágicas.
El frente abierto con Alessandro Lequio
La entrevista no estuvo exenta de tensión al abordar la figura de Alessandro Lequio. La relación entre ambos sigue siendo un rompecabezas de declaraciones contradictorias. Mientras Ana insiste en que tienen una "relación maravillosa" y que el italiano está al tanto de todo, la realidad de los platós muestra a un Lequio cada vez más distante de la sobreexposición de su nieta. Ana aprovechó la audiencia de ¡De Viernes! para exculpar a su ex de sus comentarios más polémicos sobre la herencia de la niña, admitiendo que, legalmente, Lequio tiene razón al decir que es su hija y no su nieta, pero recalcando que en el plano biológico y sentimental "es la hija de Aless".
Incluso se atrevió a rescatar un episodio del pasado que ha vuelto a la actualidad: su relación juvenil con Jeffrey Epstein en Nueva York durante los años 80. Con un tono que mezclaba la incredulidad y el asco, relató cómo llegó a presentar al magnate a sus padres antes de conocer su verdadera naturaleza. "Le llamé para decirle que era un hijo de puta", sentenció, en un intento de cerrar ese capítulo sombrío que ha resurgido recientemente en la prensa internacional.
Ana Obregón abandonó el plató dejando claro que no busca el perdón ni el permiso de nadie. Con la llegada de Ana Sandra, ha sustituido el luto por una hiperactividad mediática que ella define como su única tabla de salvación. Entre el uso de la IA para recrear momentos imposibles y la lucha diaria por el legado de la Fundación Aless Lequio, la actriz sigue habitando un espacio propio donde el dolor y la tecnología se entrelazan.

