
Julio Iglesias ha pasado al ataque y ha tenido una tarde-noche intensa. Móvil en mano, ha ido publicando a través de stories de su perfil de Instagram algunos de los mensajes de las dos mujeres que le han denunciado por agresión sexual y que le mandaban durante y después de trabajar para él. Julio recurre a Instagram porque es el único medio "que le permite ejercer legítimamente su derecho a la defensa y dejar constancia de la absoluta falsedad de los hechos denunciados".
Las dos féminas han pasado de ser testigos protegidas a tener nombre. Ya no son Laura y Rebeca, los pseudónimos elegidos por la organización que las ha metido en todo este embrollo, sino que se llaman Stephany Abreu Low y Alejandra Feliz. La primera es la fisioterapeuta que trató a Julio en 2021 y que le manda mensajes de "Te quiero. Siempre te recuerdo con cariño" y firma como "Tu fisioterapeuta por siempre", mientras que la segunda es la que tiene cuenta en Only Fans, y que le manda mensajes en 2023, dos años después de los supuestos ataques.
A diferencia de elDiario.es, no son necesarios tres años de investigación para descubrir que con dos búsquedas en Google, **se averigua** que Stephany ha sido alumna de la Universidad Arturo Michelena, en la que estudió Fisioterapia, cuyo coste de estos estudios oscila entre los 6.000 y los 12.000 dólares. Además, tiene una empresa. Este dato demuestra que no se trata de una mujer desvalida y desnutrida que habría obedecido a Julio prácticamente por hambre.
Para Emilia Landaluce, este tema ha salido a la **luz** porque querían volver a sacar "la derecha de pernada". Para el director de Es la Mañana de Federico, "esto coincide **con** el interés de este gobierno de tapar temas que le afectan y una organización que vive de donaciones y que cree que España es el tercer mundo". "Para la fiscal son testigos protegidas ¿**Protegidas** por qué y de qué?"
Enrique de Inglaterra declaró ayer ante el Tribunal Superior de Londres y se derrumbó. Dijo que "Por ponerme aquí y enfrentarme a ellos han continuado atacando y han convertido la vida de mi mujer en un auténtico infierno" por los artículos "acosadores e intrusivos, a veces racistas, que tenían que ver con ella". Una situación que, según Harry, empeoró cuando se quedó embarazada y cuando nació su hijo Archie.
Asegura que no demandó antes porque "la política de la casa real era nunca quejarse, nunca dar explicaciones"

