
Mientras el rey Juan Carlos permanece "aislado" pero "tranquilo" en un hotel de Abu Dabi debido al cierre del espacio aéreo en los Emiratos Árabes Unidos, la agenda de la Casa Real continúa. La clausura de los vuelos se produce tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha sido respondida por el régimen de los ayatolás con ataques hacia objetivos norteamericanos en el Golfo Pérsico. Esta situación deja en el aire el regreso a España del monarca, previsto para asistir a las regatas de Sanxenxo el próximo 14 de marzo.
A pesar de la lógica preocupación por la escalada bélica y su reciente pérdida familiar, la reina Sofía ha mantenido sus compromisos oficiales y se ha desplazado a Burgos. Allí ha presidido la inauguración de la exposición Picasso. Raíces bíblicas en la catedral de la ciudad castellana, apenas unas semanas después del funeral ortodoxo en memoria de su hermana, Irene de Grecia, al que asistió arropada por el rey Felipe VI, las infantas y otros familiares.

La muestra dedicada a Pablo Picasso se exhibirá en la Sala Beato Valentín Palencia hasta el 29 de junio de 2026. La exposición reúne 44 obras centradas en la influencia del imaginario cristiano sobre el artista malagueño, combinando referencias de los textos sagrados con reinterpretaciones de obras clásicas de maestros como El Greco, Murillo o Alonso Cano desde una perspectiva muy íntima.
Durante su aparición pública, doña Sofía ha lucido un riguroso luto —un elegante traje de chaqueta y pantalón negro— en recuerdo de su hermana. Se la ha podido ver con un semblante serio, reflejo del dolor por la muerte de su fiel escudera y de la inquietud ante el conflicto en Oriente Próximo que mantiene bloqueado al Emérito en la península arábiga.
