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La seguridad de los Reyes impide a Carmen Lomana acercarse a Felipe y Letizia en ARCO

La empresaria intentó saludar a don Felipe y doña Letizia en la feria de arte, pero la seguridad le impidió el paso tras varios intentos fallidos.

La empresaria intentó saludar a don Felipe y doña Letizia en la feria de arte, pero la seguridad le impidió el paso tras varios intentos fallidos.
Europa Press

Los Reyes inauguraron la anual y tradicional feria de arte ARCO. Galeristas, coleccionistas, público diverso muy relacionado profesionalmente con este evento se mantuvieron atentos a la llegada de don Felipe y doña Letizia, que iban deteniéndose en algunos de los stands y puestos que exhibían muy diferentes obras artísticas.

De pronto, entre el numeroso grupo cercano a los monarcas, se encontraba una atractiva dama rubia, muy conocida por su activa vida social, moviéndose para encontrar un hueco y situarse en primera fila con el fin de llegar hasta Sus Majestades, sin duda con el fin de saludarlos respetuosamente y tratar, como luego dijo en un aparte, de felicitarlos.

Su noble fin le fue imposible lograrlo. Bien por el lado derecho, luego el izquierdo, intentó atravesar el grupo de una docena de personas que caminaban junto a los Reyes. Cada vez parecía estar cerca de su objetivo. Varios miembros de la seguridad real le impidieron con buenas palabras cuanto deseaba, ya a apenas unos pocos metros. Insistía una y otra vez, moviéndose, y lo único que conseguía era que los brazos de esos guardaespaldas la empujaran levemente. Hasta que, transcurridos unos minutos, la dama en cuestión desistió, malhumorada, de sus propósitos. Las cámaras de varias televisiones captaron perfectamente los movimientos de la señora. Era Carmen Lomana.

¿Quién es, qué hace esta asidua de la prensa del corazón?

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Poco a poco, desde poco antes de la llegada del nuevo siglo, fue convirtiéndose en una asidua en las fiestas de la buena sociedad madrileña, como se decía antiguamente, los cócteles de acontecimientos diversos y, dada su elegancia y atractivo, era objetivo continuo de los reporteros gráficos. Al principio de esa actividad, fuera de sus íntimos, nadie de la prensa, sobre todo la del corazón, sabía nada de Carmen Lomana. Hasta que ella misma se prestó a ir contando su vida, que se fue divulgando en esas publicaciones.

Nacida en León el 1 de agosto de 1948, aunque por la comprensible coquetería ella aumentaba por su cuenta un decenio más, María del Carmen Fernández de Lomana Gutiérrez-García, perteneciente a una familia de elevada posición, de padre banquero, cursó la carrera de Filosofía y Letras. En un viaje a Londres conoció a un exiliado chileno, que había salido de su país huyendo de la crisis política que sucedía en los primeros años de la década de los 70. Se llamaba Guillermo Capdevila, ingeniero industrial, de porte atractivo, con aires de galán. Surgió el amor inmediato entre ambos y, al medio año, se casaron en Llanes (Asturias) en 1974, tras residir una temporada en la capital británica, en un apartamento del barrio de Chelsea.

Los años que siguieron a aquel enlace fueron fructíferos para la pareja. El marido dedicó todo su talento al diseño industrial en el País Vasco y se hizo multimillonario en pocos años. En un accidente de tráfico sucedido en 1999 perdió la vida. Tenía cincuenta y un años. Para Carmen Lomana puede suponerse el inmenso dolor que le produjo. Se hizo cargo de las empresas de su esposo, bien asesorada, y supo aumentar en poco tiempo el inmenso capital que le dejó, con acertadas inversiones en negocios inmobiliarios y otros que iba diversificando. Los inventos de su marido le fueron provechosos. También es poseedora de una valiosa colección de vestidos, muchos de ellos de firma, caso de Dior y Chanel.

No quiso durante mucho tiempo mantener otras relaciones sentimentales. Siguió estando soltera, como lo es todavía. Nunca se olvidó de quien fue su adorado esposo, al que enterraron en León, la tierra de ella. A la que de vez en cuando viaja para llevar flores ante el panteón donde descansa aquel y rezar por su descanso.

Siendo empresaria de negocios que nada tienen que ver con el mundo artístico, a Carmen Lomana se le despertó un inesperado deseo, o tal vez lo escondía desde su juventud: la de ser actriz. Y como tal en 2015 intervino en dos episodios de la serie de televisión Gym Tony. Al año siguiente fue protagonista absoluta del cortometraje Las rubias. Y en ese tiempo tuvo también de pronto un acceso de vocación política, llamó a las puertas de Vox y compitió con el número 3 para ocupar un sillón en el Senado, de lo que en seguida se arrepintió, según ella. ¿O tal vez prescindieron de ella en la dirección del partido a la derecha de la derecha?

Toda esa actividad fue poca para la que después desarrolló como colaboradora en distintos programas de televisión, de radio y las páginas de un diario nacional. Su trabajo en esos medios le ha proporcionado una notoriedad que tanto actores como periodistas difícilmente consiguen. Se la considera una socialité y una influencer, esos términos galicismos y anglicismos que tan de moda están ahora. Al fin y al cabo, Carmen Lomana es muy activa, pero las hay que sólo van a los photocall posando y pasando por la vida "sin dar un palo al agua". Como Carmen Lomana no sabe estarse quieta (de hecho, parece que le han diagnosticado episodios de ansiedad), también es autora de cuatro libros, el último una autobiografía.

Puede que manteniendo su propósito de rendirle siempre la memoria a quien fue su marido no quiera casarse. Pero desde no hace mucho es acompañada por un caballero de setenta y dos años, cinco menos que ella, inspector de Hacienda, que fue novio de Marta Chávarri, llamado Antonio Gutiérrez. Se dice que tiene intención de llevarla al altar. La palabra la tiene desde luego nuestra admirada Carmen Lomana, que se expresa muy bien ante micrófonos y cámaras y escribe mejor que muchos reporteros.

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