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Chicote se despide bajando los humos a un tirano hindú

Pesadilla en la cocina se despidió anoche con buenos datos de audiencia y Chicote corrigiendo las malas maneras de un cocinero rebelde.

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Pesadilla en la cocina se despidió anoche con buenos datos de audiencia y Chicote corrigiendo las malas maneras de un cocinero rebelde.
Chicote en el restaurante hindú

Chicote: ¿Quién vigila el trabajo de aquí dentro?
Gestora: Confiamos en ellos.
Chicote: Entonces, ¿es una dictadura de la cocina? La comida que yo me he comido hoy no vale un pimiento.
Cocinero: La comida está muy bien.
Chicote: Si la comida es tan buena, ¿por qué el restaurante no funciona?
Cocinero: No depende de la comida, sino del servicio.
Chicote: Dictadura de los cocineros.

Esta es, poco más o menos, la situación ante la que se encontró el chef Alberto Chicote en el restaurante hindú Sagar, en la que fue la novena y última edición del programa de La Sexta para este año. El cocinero Babú se negaba a aceptar la autoridad de los dueños y también del cocinero televisivo, pese a la deficiente calidad de la comida.

Situado en el barrio de Salamanca, uno de los distritos comerciales más cotizados de Madrid, el restaurante está ubicado en un lugar ideal, y allí sigue. Sin embargo, el salón estaba cada vez más vacío y la deuda que tienen es cada vez más grande.

Los reproches de Chicote no se hicieron esperar. "Mando yo, no él"; "vais muy despacio, está la gente esperando"; "Tú entiendes sólo lo que quieres"... Babú se negaba a aceptar los consejos del cocinero, e incluso se produjo algún que otro forcejeo a raíz de unas verduras precocinadas.

Además de la rebeldía de la cocina, el servicio de cenas del Sagar era muy lento, algo que provocó la desesperación de Chicote. La tensión se cortaba con un cuchillo, todo ello mientras la presencia del cocinero molestaba cada vez más a Babú y su ayudante.

"Es la primera vez en mi vida que me intentan echar de una cocina", decía un alarmado Chicote. "Usted no ve, necesita gafas", reía el cocinero del hindú. Todo ello mientras la dueña se lamentaba de recibir "bofetadas" por los dos lados, la cocina y los clientes.

Por primera vez, el chef recurrió para solucionarlo a uno de los cocineros más prestigiosos de este tipo de comida en Europa para poder doblar esfuerzos y combatir así la falta de actitud de los "tiranos de la cocina" del Sagar.

La última edición del programa, que ya ha sido renovado para una segunda temporada, se despidió con el éxito habitual de sus últimas semanas: un 12.4% de share, un dato que repite el éxito de otras ediciones aunque todavía por detrás de El Barco de Antena 3.

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