
Rosa Rodríguez, ganadora del bote de Pasapalabra, nació el 18 de octubre de 1993 en Quilmes (Argentina). Tiene 32 años y una historia marcada por un cambio de país muy temprano. En 2001, con solo siete años, su familia emigró a España y se instaló en Galicia, tierra natal de su padre. Desde entonces, La Coruña se ha convertido en el lugar donde ha pasado la mayor parte de su vida y donde siente que está en casa.
La familia ocupa un lugar central en su vida. Tiene tres hermanos —Marías, Enrique y Alejandra— y suele referirse a ellos y a sus padres como su principal refugio en los momentos difíciles, el apoyo constante que la sostiene cuando las cosas se complican.
Vocación docente y aprendizaje constante
En el plano académico, Rosa destaca por una curiosidad que no se agota. Empezó estudiando Filología Inglesa y fue ampliando su formación con un máster en Lingüística, otro en Educación y un tercero en Neurociencia aplicada a la educación. Actualmente trabaja como profesora de español como lengua extranjera en el ámbito universitario, acompañando a estudiantes internacionales en su aprendizaje del idioma.
Fuera del aula, una de sus grandes pasiones es la cocina. Le gusta tanto comer como aprender, y entiende los fogones como una forma de explorar culturas, sabores y técnicas nuevas, además de un espacio para compartir. No es casualidad: su padre fue pizzero y ella sueña con profundizar en el mundo de los quesos y las masas, desde panes y pizzas hasta todo tipo de elaboraciones.
También disfruta del deporte —de pequeña jugó en un equipo de fútbol—, de la lectura y del contacto con la naturaleza. En su tiempo libre escucha pódcasts y practica actividades creativas como el dibujo o el bordado. Consume poca música y audiovisual, pero cuando lo hace se inclina por el folk, el folk rock o el country folk, aunque también escucha pop. Su película favorita es Origen, y en los libros prefiere los temas históricos, psicológicos y antropológicos, en línea con su carácter inquieto.
Aficiones que marcan su carácter
Más allá del concurso, Rosa mantiene dos sueños muy presentes: estudiar Psicología, una asignatura pendiente desde hace años, y seguir explorando la cocina desde nuevas perspectivas.
Su llegada a Pasapalabra tiene un claro origen familiar. Fue su madre quien la animó a presentarse tras compartir durante la pandemia largas tardes viendo concursos en casa. Ella misma había hecho varios castings sin llegar a participar, y recordaba cómo Rosa, de niña, decía que algún día estaría en el programa cuando aún lo presentaba Silvia Jato. Finalmente decidió dar el paso y plantearse seriamente su participación, sin imaginar hasta qué punto aquel gesto iba a cambiar su vida.

